Argentina 1985: Más que una película imperdible…

por Fernando Villagrán
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El potente cine argentino, hace muchas décadas, evoluciona como una industria cultural que marca distancias y méritos que trascienden el Continente. Sobran pruebas al canto. El impacto de la recién estrenada Argentina 1985 comienza a extenderse como un nuevo hito en esa fecunda creación cinematográfica que, en buena hora, desplaza la mirada más allá de la contingencia política trasandina.

El inédito enjuiciamiento a los integrantes de las tres juntas de gobierno que condujeron la cruenta dictadura militar entre 1976 y 1983 tuvo lugar un año y medio después que asumiera el gobierno electo de Raúl Alfonsín. Como bien asevera su director, Santiago Mitre, “Argentina 1985 no es una película sobre la dictadura, es sobre un hecho heroico de la democracia”. Algo refrendado por la sorprendente conjunción de protagonistas, en un cruce generacional decisivo para el desenlace de lo que parecía una misión imposible durante aquel hito histórico que constituyó la causa 13-84, tras aprobarse la nulidad de la llamada ley de auto- amnistía decretada por la dictadura.

El rol protagónico del fiscal Julio César Strassera, representado por el talentoso y premiado actor Ricardo Darín, incorpora elementos biográficos de su trayectoria profesional y vivencias familiares que potencian el curso narrativo de la película, sin que aquel suspenso dramático, marcado por amenazas explícitas contra los denunciantes, quede exento de momentos de humor propios de la condición humana.

Uno de los grandes halagos que ha recibido Darín le ocurrió al encontrarse casualmente con quien fuera un íntimo amigo de Strassera, el que al saludar al actor y después de haberlo visto con su caracterización tan similar al fiscal en la película, le señaló que, en la realidad, el parecido entre ambos era absolutamente inexistente.

El ya mencionado cruce generacional adquiere la mayor trascendencia en el curso de la historia a través de la decisiva y aplicada investigación de los crímenes que realizaron jóvenes abogado(a)s recién egresados y estudiantes de derecho que reunieron en tiempo récord elementos probatorios, recorriendo el país y consiguiendo testimonios más que relevantes para las tensas 17 semanas de audiencia antes de la resolución del tribunal que condenó con presidio perpetuo a los principales imputados.

Un rol protagónico en el curso de aquella sorprendente investigación que descolocó a la defensa de los altos mandos uniformados lo jugó el abogado de entonces 32 años de edad, profesor y funcionario de la Procuración General de la República, Luis Moreno Ocampo, transformado en fiscal adjunto y representado en la película por el actor Peter Lanzani. Nieto de un general y parte de una familia partidaria de la dictadura militar protagonizó una experiencia que agrega intriga y suspenso al relato cinematográfico.

Recientemente Moreno Ocampo (que, con el paso de los años llegó a ser Fiscal Jefe de la Corte Penal Internacional durante casi una década) ha presentado el libro “Cuando el poder perdió el juicio”, en donde aporta su versión de aquellos acontecimientos abordados por la película de Santiago Mitre. Entre otros efectos de aquella contundente experiencia su madre cambió de opinión respecto de la dictadura y sus muy cercanos uniformados de primer rango.

El trabajo incansable del novel elenco liderado por Strassera, con su aplicado rigor indagatorio, rindió entre sus frutos la presentación de dos mil testimonios, marcados por una brutalidad sin límites de los torturadores – como el practicado sistemáticamente contra una mujer hasta el momento del parto – aportando los fundamentos para el contundente alegato final del fiscal que incidió en la decisión histórica del tribunal. Al respecto Ricardo Darín ha recordado aquella escena final del alegato, repetida cerca de 30 veces, cuando observaba los ojos húmedos por la emoción de los presentes.

Ricardo Darín y el director Santiago Mitre

Argentina 1985 inicia recién un fecundo tránsito que augura impacto en nuevas generaciones por las características de un relato cinematográfico que, como indica su director, reivindica un hecho heroico que valida lo esencial de la democracia. Un momento propicio para revisitar los viejos y nuevos fantasmas que visitan nuestras imperfectas democracias, también porque la búsqueda de justicia puede transformarse en un arma cargada de futuro.

Es cine, hay que verlo. Y así percibir aquellos componentes narrativos, como la música, que marcan otras señales sugerentes para que las nuevas generaciones se aproximen a esa historia solo aparentemente lejana.

 Como suele ocurrir, la exhibición inicial ha sido egoísta desde las empresas distribuidoras en salas chilenas. Está en la plataforma Amazon Prime. Más que imperdible, Argentina 1985 se ganará nuevas oportunidades.

Artículo publicado originalmente en www.offtherecordonline.cl

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1 comment

Pancho Zeta. noviembre 21, 2022 - 7:58 pm

Buen artículo que nos recuerda que el momento para hacer arte, no está acotado.

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