Dr. House: detective de enigmas corporales 

por Karen Punaro Majluf
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A casi veinte años de su estreno sigue estando en el listado de las mejores series de la historia de la tv, ganando el cetro de haber sido la más vista a finales de la década pasada. Lo que llama la atención es que el protagonista parece ser el malo de la película y, si bien todos lo critican, es porque ven sus reflejos en el médico del bastón.

Una buena serie se construye de dos maneras: con una buena trama o con un personaje que sea tan magnífico que enganche al espectador solo por verlo. En Dr. House (2004- 2012) se conjugan ambos elementos y es esto lo que la ha hecho tan adictiva en todo el planeta, pues vale mencionar que su audiencia llegó a 19.147.500 espectadores promedio en la temporada más vista –la tercera-3, y en sus ocho seasons la cifra medió en casi 14 millones por capítulo. 

Del baño al mundo

Cuando Hugh Laurie postuló para el personaje protagónico de Dr. House, lo hizo grabando un video en su celular, escondido en un baño, en medio de las filmaciones de una película en Namibia. Lo principal era que no se le notara el acento inglés y en una actuación corta e intensa logró hablar como un verdadero norteamericano, dejando impresionado al productor, Bryan Singer.

Dr. House es una serie médica, sin embargo, se le analiza como una de corte policial. Para entender el por qué es necesario conocer los inicios y evolución del género tanto en la literatura como en la televisión.

Edgar Allan Poe marcó el comienzo del género policial con Los crímenes de la calle Morgue(1841), obra que engloba todas las características paradigmáticas que deberían aparecer en un relato clásico: un enigma por resolver y un investigador lógico y deslumbrante. Su protagonista, Auguste Dupin, resuelve los casos sin necesidad de pisar la escena del crimen. 

Este tipo de relato se conoce con el nombre de novela-enigma, o con el término inglés whoduniten donde la razón y la lógica son la base de la trama. Pedro Javier Pardo, en En Informe confidencial: la figura del detective en el género negro explica que “el relato policial clásico […] dramatiza el triunfo de lo racional sobre lo irracional”.

Generalmente, la figura del detective, símbolo de la razón, es presentado como un hombre blanco proveniente de una familia ilustre, como por ejemplo Dupin (detective de Poe) o Sherlock Holmes (obra de sir Arthur Conan Doyle), que no pertenece al cuerpo de policía; es excéntrico, refinado, deslumbrante y con unas cualidades intelectuales privilegiadas. Simplemente extraordinario. Según propone Iván Cerezo en La poética del relato policíaco, “es un héroe, es el depositario de los valores morales, sociales y jurídicos de una colectividad”, pues al probar la inocencia de los sospechosos mejora la convivencia entre los individuos y devuelve la confianza y la seguridad que habían sido quebrantadas por el crimen.

A nivel sintáctico, dado que el planteamiento del enigma es más importante que la sorpresa final del desenlace, dichos relatos se caracterizan por la claridad y la rigurosidad expositiva; el lector va a la par con el detective en lo que a la investigación se refiere: debe recoger la información y sopesarla para poder averiguar el desenlace. Aunque es importante destacar la originalidad del enigma y su solución, pues la posibilidad de que el lector descubra de antemano el final de un relato obliga a los autores a desplegar su imaginación, el relato policial clásico huye de los enigmas demasiado enrevesados y de la incorporación de explicaciones sobrenaturales.

Hay autores que se han atrevido a romper estas estrictas reglas del género policial. Por ejemplo, Ernesto Sábato, cuando escribe El Túnel (1948), ya en el primer párrafo presenta el enigma resuelto: el protagonista ha cometido un crimen, por lo cual ya se sabe quién murió y quién es el culpable. Por ello, en esta novela negra, el lector-detective es el encargado de ir conociendo a través del relato la serie de hechos que desembocaron en la tragedia. 

Avanzado el siglo XX, el lector se encuentra con nuevas formas de narraciones policiales. Entra en juego el relato neopolicial cuya cuna se da en Latinoamérica, donde las injusticias sociales toman protagonismo y el detective/investigador es el encargado de desenmascarar a los corruptos en búsqueda de entregar justicia a las víctimas. 

Finalmente, retomando la senda investigador-enigma-resolución, el estilo metapolicial deja atrás la crítica social y el relato se presenta distorsionado en donde los personajes destacan por sus fuertes características psicológicas… como Dr. House.

A la pantalla

A principios del siglo XX, a raíz de la problematización de la idea de modernidad y progreso, la novela policial entra en crisis; en consecuencia, el relato da paso a una nueva forma de narrar los hechos: el largometraje. Se ha entrado en una sociedad de consumo del espectáculo que partió con el cine –en donde destaca la saga de Sherlock Holmes (1939-1946) para la pantalla grande, protagonizada por Basil Rathbone- y que en los ’60 es la televisión la que toma el mando. Sin embargo, no es hasta 1990, con la serie Twin Peaks, que el género policial adquiere trascendencia. 

Han existido numerosas propuestas que llevan a la pantalla chica la esencia de la novela-enigma, como por ejemplo las estadounidenses, Kojak (1973-1978), Quincy, M.E. (1976-1983), Columbo(1968-1978 / 1989-2003), Murder, she wrote (1984-1996),  CSI Las Vegas (2000-2015)CSI Miami (2002-2012), CSI Nueva York (2004-2013)CSI Cyber (2015-2016)Criminal minds (2005-a la fecha)Bones (2005-2017) y Hawaii 5.0 –remake- (2010-a la fecha); la sueca-danesa El Puente (2011-2014); o las españolas Desaparecida (2007), Bajo Sospecha (2015-2016), Se quién eres(2017) y La Caza (2019), entre otras. 

Se trata de programas cuyo objetivo es resolver un hecho desconocido y es gracias a su brevedad que plasman mejor la esencia de las novelas-enigma que los largometrajes, pues acentúan el proceso de investigación. 

“Todo el mundo miente”

Cuando Gregory House era un niño notó que el hoyuelo que tenía en la barbilla no lo poseía su padre. Sabiendo que esa fisura ósea es heredable tomó conciencia que su madre había sido infiel y que él no era hijo de John House. Tuvieron que pasar años de mala relación y lejanía constante para comprobar su teoría, pues en el funeral de John tomó un pedazo de la oreja del cadáver y lo mandó a analizar confirmando que no eran padre e hijo genéticamente. 

Es este el primer enigma que Gregory House descifró, resultado que lo marcó fuertemente en su personalidad convirtiéndolo en un hombre desconfiado, sagaz e irónico. Por ello, la frase que lo caracteriza, y con la que enfrenta a cada uno de sus pacientes, es “todo el mundo miente”.

Egresado de la universidad de John Hopkins como especialista en enfermedades infecciosas, además de poseer el título de nefrólogo, pudo conseguir un trabajo en el Hospital Universitario de Princeton-Plainsboro de Nueva Jersey gracias al cupo que le abrió la doctora Lisa Cuddy (Lisa Edelstein), para que encabece el área de casos difíciles, convirtiéndose ella en el único personaje capaz de someterlo.

House tiene una relación vertical con sus colegas, niega toda posibilidad de afecto y se relaciona con ellos solo a través de órdenes. Junto a los médicos Eric Foreman (Omar Epps), Allison Cameron (Jennifer Morrison) y Robert Chase (Jesse Spencer), se enfrenta a casos enigmáticos donde un enfermo se debate entre la vida y la muerte mientras los especialistas buscan descubrir la enfermedad y su -posible- mejoría.

Para House cada enfermo es un enigma y el paciente pierde su carácter humano porque solo le interesa descifrar el misterio. Su aliado, además de conciencia, contraparte y mejor amigo, es el Dr. James Wilson (Robert Sean Leonard) quien le da humanidad al personaje protagónico enfrentándolo a sus propios miedos y adicciones. 

Y es que House, como si se tratara de un detective clásico del siglo XIX es un hombre solitario con habilidades musicales (toca piano a la perfección), es adicto a la Vicodina para poder lidiar con el dolor constante que le aqueja en su pierna derecha, viste zarrapastroso y usa un bastón. Es soltero, lleva prostitutas a su casa de vez en cuando, le gusta ser admirado y con la única colega con la que mantiene, en algún momento, una relación es con la dra. Cuddy. 

Lisa, la culpable

Si bien la serie se resuelve capítulo a capítulo, donde el enigma de la enfermedad queda descubierto, siempre por la sagacidad de House, el hilo conductor de cada temporada es el que le da sentido de continuidad.

Así nos enteramos que en los años 90, House estuvo emparejado con una abogada, Stacy (Sela Ward) y la razón de su quiebre amoroso fue el accidente vascular que sufrió en la pierna derecha. Si bien él dejó en claro, antes de entrar en coma inducido, que no se le amputara el músculo, la Dra, Cuddy obedeciendo la sugerencia de Stacy, le quitó el cuádriceps, lo que lo dejó cojo, sometido al uso de un bastón y adicto a los opioides. 

La dependencia a la Vicodina lo llevó, durante las ocho temporadas, a entramparse en una pelea con un policía de Nueva Jersey, a ser internado en un psiquiátrico y a caer en la cárcel. Si bien en un momento logró dejar de consumirla, perder a una paciente a la cual se negó a amputarle la pierna lo llevó a recaer en las drogas. Sin embargo, en ese mismo periodo, se atrevió a entablar una relación con Cuddy, cerrando un ciclo de tensión sexual no resuelta.

Sarcoidosis: el mayordomo asesino

Así como en el siglo XIX se popularizó la creencia que en toda novela policial el mayordomo es el primer sospechoso de haber cometido el crimen, en la serie Dr. House, la sarcoidosis (acumulación de células inflamatorias en cualquier parte del cuerpo) es la enfermedad primera -y posible culpable- de los males desconocidos que aquejan al paciente.

Con un hablar extremadamente rápido y usando términos desconocidos para quien no pertenece al área médica, House indica a sus ayudantes qué enfermedades buscar o descartar. La resolución del enigma, en la mayoría de los capítulos, llega gracias a Wilson, quien tal como Watson lo hizo más de cien años antes con Holmes, le entrega una luz que lo lleva a comprender y descifrar el misterio.

Y así como House no cree en las coincidencias, los espectadores tampoco, por lo cual la analogía de House/Holmes y Wilson/Watson deja en claro que estamos frente a un médico-detective de enigmas corporales.

Durante las tres primeras temporadas la serie gira en torno a House; su tensión sexual con Cuddy; el enamoramiento de Cameron; la ambición de Foreman, el representante afroamericano del equipo; y la falta de experiencia de Chase, a quien se le enrostra constantemente que entró a trabajar al hospital por influencias de su padre. 

En la cuarta temporada se produce un quiebre, porque nuevos médicos se suman al grupo de casos especiales. Los escogidos por House fueron la dra. Remy Hadley, apodada “Trece” (Olivia Wilde), quien es bisexual y se enamora de Foreman; el Dr. Chris Taub (Peter Jacobson) quien dejó su lujosa vida como cirujano plástico para tratar de salvar su matrimonio; y el Dr. Lawrence Kutner (Kal Penn), un hindú que enfrenta sus creencias religiosas al escepticismo de House. La serie no pierde su estructura con las nuevas contrataciones, sino más bien se trata de una renovación de historias transversales a la esencia de descifrar enigmas médicos en cada capítulo. 

Cuando verdaderamente hay un quiebre es en la temporada final. House está preso por irrumpir con su auto en casa de Cuddy, insertándose en el living tras el fin de la relación de ambos y logra salir de la cárcel bajo muchas medidas cautelares. Vuelve al hospital bajo el pedestal en el que siempre estuvo, y se encuentra con dos doctoras nuevas, Chi Park (Charlyne Yi) y Jessica Adams (Odette Annabele), a quienes desprecia por no escogerlas él.

Pero el verdadero giro es a causa del cáncer que padece Wilson, que es incurable, y obliga a House a enfrentarse con el fin, con la imposibilidad de resolver un caso, simplemente porque éste ya está descifrado y su resultado será la muerte. Así, ambos amigos dejan la medicina y se van a recorrer el país a la espera que la vida siga su curso natural. 

Otra vuelta de tuerca

No es un secreto que Dr. House está basado en el detective Sherlock Holmes, creado por Arthur Conan Doyle en 1887 y tanto los productores como los actores de la serie manifestaron en diversas entrevistas que se trataba de un homenaje moderno al personaje literario. 

Resulta curioso que el mismo Conan Doyle se inspirara en un médico familiar, el doctor Joseph Bell, para crear a su investigador, además de tener como antecedente ineludible a Dupin, del padre del género policial, Edgar Allan Poe.

Tanto House como Holmes son soberbios, sarcásticos, misántropos y se creen superiores al resto debido a su talento para las investigaciones: médicas, el primero; criminales, el segundo. Y siempre tienen razón. Hay una frase de House que sirve para entender su forma de ser: “Hay que ganarse el derecho a ser soberbio, ¿qué has hecho tú para poder hacerlo?”. 

House y Holmes utilizan el método deductivo para resolver sus propios misterios, en base a pistas que les brindan los pacientes o la escena del crimen. Sin embargo, el pensamiento lateral que les fue concedido a ambos hace que se dejen guiar más por su intuición que por los indicios.

Cada uno tiene un amigo incondicional, a una contraparte que le ayuda a resolver los misterios. Holmes tiene a Watson. House tiene a Wilson. 

Otra coincidencia no casual es que, a pesar de ser hombres racionales, de ciencia, tienen una veta artística marcada. Holmes toca el violín y asiste a conciertos de música clásica, House toca el piano y va a conciertos de jazz. 

Su lado oscuro lo dejan ver en su relación con las drogas: ambos son adictos a sustancias opioides: House a la Vicodina y Holmes al opio, morfina y cocaína.

Sin embargo, Holmes pertenece a la alta sociedad, mientras que House es un médico proveniente de la clase media profesional estadounidense. 

Tanto el personaje de Conan Doyle como el de la serie de FOX viven en el mismo número de departamento, el 221 B. Además, usan bastón y son asediados por la presencia femenina de Irene Adler. En House se trató de una paciente que aparece en el capítulo piloto. Vale destacar que, por su potencial narrativo, este personaje ha aparecido en otras adaptaciones u homenajes a Sherlock Holmes como en Elementary, de Netflix (interpretada por Natalie Dormer), en la película Sherlock Holmes de 2009 (Rachel McAdams) y en la versión de la BBC (Lara Pulver).

Además, en la cuarta temporada de la serie, en el capítulo llamado “Es una maravillosa mentira”, House recibe un libro de Conan Doyle como regalo de Navidad.

Del villano a la enfermedad

Encasillar en un género a Dr. House resulta complejo debido a los diferentes elementos que entran en juego en la producción televisiva. La serie presenta un manejo clásico de los puntos claves que constituyen la literatura policial decimonónica con respecto al desarrollo de la trama, sin embargo, el protagonista es un médico que parece detective por su pensamiento deductivo. 

En Dr. House el villano (asesino, ladrón, etc.) se sustituye por una enfermedad o condición médica, y en este sentido no hay motivación del antagonista para cometer un crimen. Así, el detective-médico trata de resolver un enigma en donde las interrogantes se plantean capítulo a capítulo y se manejan mediante estrategias empíricas (dar medicación de forma hipotética al paciente para ver cuál es el resultado) y a través de la racionalización (el diagnóstico diferencial).

El uso de estos medios de investigación permite organizar la información que recibe el detective-médico para resolver el enigma, pero este tiene sus limitaciones, ya que la naturaleza de lo patológico en la medicina no siempre obedece a interpretaciones racionales. Por lo tanto, la raíz del enigma en DrHouse se diferencia de las interrogantes propias del policial clásico.

Otro punto a tomar en cuenta es la introducción del realismo para generar mayor veracidad en el contenido y así formar un lazo de empatía e identificación con el espectador. 

Gunter Süß cita a Winfired Fluck en su artículo ’A Detective in the House’the cultural and medi(c)al relevance of House M. D, explicando que “el término realismo conlleva una asociación de precisión y objetividad en la representación de la realidad. Sin embargo, una representación objetiva de la realidad es imposible porque cada representación de la misma es al mismo tiempo su interpretación”, relación que facilita la comprensión del televidente sobre los argumentos médicos.

Otro punto a considerar, bajo la categoría del realismo, es la introducción de antagonistas como Edward Vogler que llega a simbolizar en Dr. House la burocracia como un impedimento en la búsqueda del detective-médico de resolver el enigma. Vogler permite a los guionistas elaborar un comentario social sobre el rol perjudicial que adoptan las farmacéuticas y gerencias hospitalarias en los Estados Unidos, lo que le daría un tópico neopolicial a esta serie que encaja en lo policial clásico decimonónico. 

El antagonista como rol se comparte en la serie con personajes transversales a la trama por temporada y los que van capítulo a capítulo: pacientes que se niegan a ser cobayas de House.

Relación espejo

Un personaje modificado, moderno y adaptado al siglo XXI es Dr. House respecto al clásico literario Las Aventuras de Sherlock Holmes. Mientras el detective era capaz de ensuciarse los zapatos por descifrar un misterio, el médico sacrifica hasta dormir por llegar al origen de la dolencia, dejando al paciente en un segundo plano, ya que prioriza el descubrimiento por sobre la empatía médico-enfermo. 

El trabajo clínico House lo transforma en una diligencia detectivesca, se “nos presenta la medicina precisamente como una actividad que busca ‘visualizar’ la enfermedad, intentando ‘apartar’ al paciente para centrarse en los signos acumulados por la enfermedad en él (y que en la serie son tantos que el paciente acaba por parecer todo un palimpsesto)”, explica Süß.

La soledad de House, en constante dialéctica con el deseo de establecer una relación de amor con Cuddy, es la que lo vuelve humano, en un contexto de adaptación posmoderna del personaje de Holmes. Por ello se presenta como un solitario autosatisfecho que se enorgullece de ello, pero que se desestabiliza ante el fracaso de su intento amoroso, al grado de llevarlo a cometer un delito.  

La popularidad de Dr. House queda manifiesta en el apoyo de la audiencia y la crítica, que se traduce en los premios que obtuvo durante sus ocho temporadas: cuatro Golden Globes, uno por mejor serie dramática y tres para Hugh Laurie como mejor actor; doce Emmy’s por mejor serie, dirección, guión y maquillaje; y un Afi Award en 2005 como el programa del año, entre otros.

Los reconocimientos de Las Aventuras de Sherlock Holmes se entienden a través del enorme éxito de lectura en que se convirtió desde su publicación y en las constantes adaptaciones que han llevado al famoso detective tanto a la pantalla grande como a la televisión.

Y si de finales se trata, así como Holmes fingió su muerte para lograr huir y derrotar a su mayor enemigo, el profesor James Moriarty, en “El problema final”; House hace creer a todos sus cercanos que fallece calcinado. Eso sí, sus razones no eran intachables como las del inspector, pues el médico buscaba escapar de la justicia y poder acompañar a Wilson hasta su muerte.  

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