El final del principio

por Juan. G. Solís de Ovando
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Para empezar no me vengan con que, en el resultado del reciente plebiscito del 17 de diciembre, no hubo ganadores ni perdedores.

Los hubo de ambos y con un mínimo de perspectiva es fácil identificarlos.

Perdió en primer lugar la Sra. Hevia, y sus arrogantes acompañantes (compañeros para qué molestar), pontificios, y auto nominados profesores que con su maniquea dicotomía de verdaderos chilenos se encontraron (¡oh paradoja!) con los chilenos verdaderos que son los que votan.

¡Vaya encontronazo! Los verdaderos chilenos que redactaron la constitución de 1833 no pensaban igual que los chilenos verdaderos de este extraviado siglo. Y San Jaime no fue capaz de impedirlo. Perdieron cuando les salió su alma más profunda y dijeron: ¡que se jodan! Y claro, que una cosa es estar jodido y otra que unos niñatos te lo recuerden y hagan de ello una profecía autocumplida.

Por eso perdieron.

Perdió también nuestro divino Blondy. El bueno de José Antonio. El que dice las cosas como son, pero sin ser maleducado como el chascón argentino. 

Perdió porque engolosinado con los 23 convencionales republicanos quiso emular a San Jaime con un texto que lo sobreviviera y se la jugó al todo o nada: Lo podemos dar vuelta, expresó con seguridad de dueño de fundo y vaya por Dios que se equivocó. Y dejó comprometido su valioso capital político conquistado en años de cuidado rencor con la elite política de la derecha dominante de esos años. Adicionalmente perdió también cuando se le descolgó el colorín republicano que viendo como venía la mano dijo: ¡paso! El único senador republicano se fue por independiente.

Perdieron especialmente los partidos políticos de la derecha tradicional, agrupados en Chile Vamos que temerosos de quedar fuera de los tsunamis ultras se dejaron arrastrar por los agresivos republicanos y a disgusto y contrariados terminaron por aceptar las heridas que éstos infringieron a los acuerdos transversales que la comisión de expertos había conseguido.

Ni siquiera la liberal, dialogante, y mesurada Sra. Hutt fue capaz de oponerse. Una pena que la glamorosa convencional de Evópolis perdiera la posibilidad de encumbrarse y encumbrar a su pequeño pero independiente partido en una actitud independiente. Allí se perdieron los ecos lejanos de Arjona y la fuerza volcánica de su mirar.

Entre ellos la que más perdió fue sin duda, la otra blonda, la divina Evelyn, que marcando con preferencia en las encuestas y habiendo declarado acertadamente que no estaría por comprometer su capital político con una propuesta constitucional sectaria, al primer apretón de los partidos que tantas veces la traicionaron, acabó por sumarse al apoyo del A favor y junto con ello, seguir su destino.

Sospecho que a esta señora se le escapa una buena orientación de sus fuerzas psíquicas como quiera que muestre coraje y desafío en los mares calmos y se inmoviliza cuando la marea exige llevar el barco hacia el mar abierto. Por eso, varias veces, ha terminado con su embarcación desarmada en el roquerío. Perdió Evelyn porque no fue capaz de resistir la presión de la jauría.

Como siempre ocurre hay perdedores grandes y pequeños. Entre los segundos, están los que pululan por las calles suplicando que alguien les tire un mendrugo con la esperanza de que, habiéndose recuperado de las crisis anémicas, vuelvan a tener la identidad social perdida. Me refiero obviamente a los amarillosdemócratas, etc. Expresión patética de los tránsfugas que mostraron que su aporte es poca cosa como sus ideas, proyectos y votos.

Pero hubo también ganadores.

Ganó el presidente Gabriel Boric. No ganó porque hubiese metido goles sino porque -y aunque no es lo más deseable- si el adversario anota en el propio campo los partidos se ganan igualmente. Y bueno, recordemos que varias veces diferentes personeros de la derecha dijeron que se estaba plebiscitando el gobierno y como perdió el que perdió consecuentemente ganó el que ganó. Mala suerte muchachos. Y a llorar a la iglesia, decía mi abuelito.

Suerte la que tenemos los acuarios.  Siempre pasa algo que nos salva a último momento.

Ganó muy especialmente Alberto Undurraga porque conduciendo un partido disminuido y dividido otrora el más grande, lo condujo con templanza de buen marino, hacia las playas generosas de la historia democrática y popular de la revolución en libertad, de la sindicalización de los campesinos, de la Reforma Agraria. Y como se inspiró en su historia no se perdió y apostando contra el retroceso ganó. Ganó un poco de futuro para él y para los suyos.

Ganó la expresidenta Michel Bachelet. Ganó porque a diferencia de los otros expresidentes la Mami se comprometió clara, y abiertamente con el rechazo y con las mujeres a quien el proyecto perjudicaba especialmente. No se fue con la actitud fácil de los que hablaron con eufemismos y abstracciones sino con la denuncia concreta y la movilización del voto por el rechazo. Y ganó. Ganó porque comprometiendo su identidad entendió bien que esta no le pertenece a ella tanto como a los que se la otorgaron.

La mami quedó en la puerta de salida para la carrera presidencial. Creando confusión y miedo en las filas enemigas.

Ganaron los partidos que apoyan al gobierno. Y no solo ganaron por el autogol de los adversarios como se ha dicho. Ganaron porque se construyó a partir de la opción por el rechazo un bloque democrático capaz de derrotar a la derecha. A toda la derecha: el resultado fue de 44,2 contra 55,8 por el rechazo.

Si comparamos estos resultados con los obtenidos en la elección presidencial entre Boric que obtuvo los mismos 55,8 y Kast, que lo votaron el 44,2 por ciento de los ciudadanos, los resultados son casi idénticos.

Se me dirá que estoy comparando peras con manzanas: elecciones presidenciales con plebiscitos constitucionales, pero la comparación no es mía. Es de un personero del comando por el a favor, poniendo de relieve el peligro que asecha a la derecha en el futuro: a confesión de partes… 

Y desde un punto de vista estratégico las señales son claras: si las confrontaciones políticas se dan en Chile entre dos alternativas, la centro izquierda y la derecha, lo más probable es que gane la primera porque la derecha, con los republicanos liderando ese lote, no pueden ganar porque con ellos adentro se enajenan los votos del centro, donde se encuentran, precisamente, los votos para dirimir al ganador.

Si el presidente atina, llamará a los demócratas cristianos al gobierno y movilizará un bloque democrático por una previsión social universal, solidaria y equitativa.

En los tiempos que vienen, la derecha tenderá a diferenciarse y los republicanos saben que ellos son poderosos solo cuando mandan y marcan el rumbo de sus políticas públicas neoliberales en lo económico y conservadoras en lo ideológico. La derecha tradicional sabe también que ellos son alternativa en la medida en que merced a políticas públicas cercanas al estado bienestar y más liberales en lo cultural-valórico les permitan crecer hacia el centro, que es, hoy por hoy, la madre de todas las batallas.

Hasta hace menos de una semana los analistas pronosticaban para Chile una trágica dicotomía entre la derecha ultra representada por José Antonio Kast y la moderada que lidera Evelyn Matthei, y, ahora, ambos líderes, temen el resurgimiento de una alternativa de centro izquierda. Si esto no significa cambios geopolíticos en Chile como resultado del plebiscito, que venga Dios y lo vea.

Y si alguien me pregunta por qué yo no hablo de la contienda constitucional propiamente dicha, les respondo lo siguiente: Porque no interesa a nadie. Y agrego: después del rechazado experimento de la convención constitucional el 4 de septiembre dejó de ser relevante en las conversaciones de la gente. A nadie se le preguntó si quería seguir en ese proceso. Tampoco si aceptaba que fuera el parlamento el que lo diseñara. Menos que se hiciera con esa extraña mixtura de expertos y elegidos. Y aunque es cierto que los expertos hicieron un serio esfuerzo por consensuar un texto inclusivo y pluralista, nunca dejó de ser una conversación alejada de las preocupaciones e intereses de la gente, que asistía, como a una teleserie de Netflix con demasiadas temporadas, con resignación y aburrimiento, hasta que los republicanos con su particular capacidad para excluir y estigmatizar al adversario le dieron el tono justo para que el pueblo tuviese la oportunidad de rechazar la crispación, el odio, y la división. 

No nos engañemos. El pueblo chileno no rechazó un texto que no conocía, y nacido de unos debates en los que no estuvo invitado.

Un buen descanso de las conversaciones constitucionales y sobre todo de los pedantes constitucionalistas de toda índole y pelaje y bienvenidos a las conversaciones de incidencia.

Bienvenidos al Chile de los barrios, de las plazas sin bancas ni plantas. Con inmigrantes condenados a la subsistencia, a los jóvenes armados de chelas y bolsitas de veneno, sin sueños ni ilusiones, visitados regularmente por evangélicos impecablemente vestidos de pobreza vaticinando apocalípticos futuros. Bienvenidos al Chile de la prostitución infantil triste y dejada de la mano de Dios. Bienvenidos al Chile de los colegios para pobres, con enseñanza pobre, metodologías y profesores pobres con pobres visiones sobre su misión. Bienvenidos al Chile de la salud precaria, e indolente: Escasa en posibilidades y menesterosa en maltrato y frases hirientes como esta: Si quieres mejor atención ándate a la salud privada. Esto no es una clínica. O sea, que se jodan.

Bienvenidos al Chile que progresa, pese a todo. Progresa con crímenes de nivel televisivo capaces de aterrorizar a todos y con corrupción también a nivel internacional. Ambos males son necesarios para que la clase política decadente y ordinaria tenga guion para apuntalar matinales tan ordinarios y decadentes como ella.

Bienvenidos al Chile con una previsión única en su especie, pues tiene las peores jubilaciones con los mejores resultados en el mercado financiero.

Todo esto -y no es ironía- es una gran noticia.

Chile, regresa, por fin a las conversaciones, al debate, y a la búsqueda de su destino.

Volvemos a las conversaciones que queman el alma de los pobres y los bolsillos de los ricos.

Y, por eso, y como mi optimismo histórico es una enfermedad incurable, la situación actual me recuerda cuando W. Churchill en esos lejanos días en que los ingleses y franceses que luchaban en África, y que por fin pasaban a la ofensiva, después de tantas humillaciones de los nazis, conseguían en la batalla del Alamein sus primeras victorias sobre las fuerzas del Eje, declaraba sobre la necesidad de no desconocer la importancia de esa victoria, porque aunque quedaban años de guerra y allí no se había jugado una batalla estratégica, no era menos cierto que habían enfrentado a un enemigo que parecía invencible y lo habían derrotado. Y con la capacidad de dejar registro histórico de sus cuidadas improvisaciones dijo fuerte y claro:

 Esto no es el final, no es ni siquiera el principio del final. Puede ser, más bien, el final del principio.

Y por eso yo digo fuerte y claro: ¡Viva Chile!. El Chile real hecho de pan y vino, donde algún día estuvimos juntos en colegios públicos con pupitres de madera heridos por lápices de colores. 

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4 comments

Jose Acevedo Daza diciembre 21, 2023 - 8:00 pm

Buena mirada y prospectiva Juancho….!!.
Abrazos

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Lola diciembre 22, 2023 - 12:55 am

Enhorabuena al pueblo chileno por su victoria y mi agradecimiento a Solis de Ovando por ponerla tan clara en negro sobre blanco.si

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ALBERTO PEREZ YAÑEZ diciembre 22, 2023 - 2:49 am

Excelente analisis. Bravo!

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David Davlat diciembre 22, 2023 - 3:01 pm

Excelente el artículo de Juan G Solís de Ovando. Un análisis sencillo sin sofisticaciones sociológicas, propias de académicos (Mayol), que nadie entiende.

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