El misterio de la Piedra de Rosetta

por Tomás Vio Alliende
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¿Qué hay detrás de esta gran roca grabada con jeroglíficos, escritura demótica y griego antiguo?

La Piedra de Rosetta es una roca que mide 112 centímetros y pesa 762 kilos. Se estima que es del 196 a C y lleva en su interior un escrito en homenaje al joven faraón Ptolomeo V. La gracia es que usa los diversos idiomas escritos de la población egipcia: jeroglíficos, escritura demótica egipcia y griego antiguo. Sólo los sacerdotes usaban jeroglíficos; la escritura demótica era común en la vida cotidiana. El griego antiguo se incluyó para mostrar la importancia de los faraones helenísticos, entre ellos Ptolomeo V, quienes gobernaron Egipto pero que eran de ascendencia macedonia al igual que Alejandro Magno.

¿Cuál es la importancia de esta monumental roca? Permaneció en exhibición durante muchos años en Egipto hasta que este quedó en poder de los romanos. Posterior a eso es poco lo que se sabe de esta singular escultura. Recién en el siglo XV, cuando Egipto estaba controlado por los sultanes mamelucos, se descubrió que la Piedra de Rosetta fue uno de los materiales reutilizados para construir los muros de un fuerte militar a orillas del río Nilo. La ciudad cercana en el delta se conocía como Rosetta o Rashid, de ahí el famoso nombre que obtuvo la roca cuando fue descubierta.

Oculta por más de 300 años, fue encontrada en 1799 cuando las tropas francesas de Napoleón Bonaparte emprendían una campaña en Egipto y Siria. Un grupo de ingenieros que trabajaba en el antiguo fuerte mameluco descubrió esta gran roca dentro de una pared de tierra. Lo interesante del hallazgo de la Piedra de Rosetta es que tenía tres idiomas distintos inscritos. Se tomaron moldes de piedra y se enviaron a los expertos para que los revisaran. El conocimiento de los jeroglíficos se había perdido con la caída del Imperio Romano, por lo que analizar el texto se convirtió en un verdadero desafío para los especialistas.

Cuando Napoleón perdió frente a los británicos, estos últimos adquirieron las antigüedades que el militar francés saqueó en todas sus expediciones. Entre ellas se encontraba la Piedra de Rosetta, la que hasta el día hoy se mantiene instalada desde 1802 en el Museo Británico de Londres. Pero ¿qué decía, de qué hablaba este maravilloso tesoro de la humanidad?

Eran alabanzas al faraón Ptolomeo V. Fueron muchos los que trataron de descifrar sus contenidos, entre ellos el investigador inglés, Thomas Young, quien descubrió los distintos alfabetos que podían contener los nombres de faraones escritos en griego. Posteriormente, el francés Jean-Francois Champollion se basó en los primeros descubrimientos del inglés para llegar a una lengua egipcia posterior. Usando otras inscripciones y textos antiguos, pasó meses repasando jeroglíficos. Cuando las palabras comenzaron a formarse, Champollion se acercó a los escritos como representaciones tanto de sonidos y de ideas. Este enfoque resultó ser el gran avance en la decodificación de la Piedra de Rosetta y la apertura de un nuevo mundo de egiptología a través del estudio de textos antiguos.

Más allá de la historia y sus grandes descubrimientos, la Piedra de Rosetta se ha establecido como el principio de la escritura, de la comunicación anterior a los libros y a los diarios. Lo interesante es que usando tres modelos de escrituras distintas que dicen lo mismo, se alaba en la piedra el poder divino. Posiblemente esta inmensa roca sea la conexión perdida entre diversas civilizaciones. Escrita casi doscientos años antes de Cristo, descubierta en 1799 por casualidad, marcó el paso de los siglos y del conocimiento humano. Su descubrimiento ha sido inconmensurable y casi tan mítico para mí como lo que ocurrió en la abadía de San Galgano, cerca de la ciudad de Siena, Italia, donde todavía se encuentra una espada incrustada en una roca, que nunca se ha logrado sacar. Es el reflejo vivo de la leyenda de Excalibur del Rey Arturo. Se trata de un arma que sobrevivió con el paso del tiempo desde la baja Edad Media y que se encuentra protegida por un cristal para que nadie la toque y la dañe. El estoque yace en medio de las ruinas de la abadía y está próximo a la tumba de San Galgano, caballero italiano venerado por la iglesia católica. Pero eso ya es parte de otra historia.  

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