¡Estamos en guerra señores!

por Segio Campos Ulloa
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        “La primera víctima de la guerra es la verdad”

         Esquilo(525 A.C -456A.C)

Esquilo fue un dramaturgo griego. Predecesor de Sófocles y Eurípides, es considerado como el primer gran representante de la tragedia griega. La frase la han repetido muchos, entre ellos un senador de Estados Unidos por la Guerra de Secesión y Winston Churchill, primer ministro británico, en al 2ra. Guerra Mundial

Esta frase resulta sumamente conocida por los habitantes de este país. Fue pronunciada por el dictador Augusto José Ramón Pinochet Ugarte, luego del atentado en Melocotón en 1986: “ya está bueno que los señores políticos se den cuenta que estamos en una guerra entre el marxismo y la democracia”.

Interpelaba de esa manera a los dirigentes de los proscritos partidos políticos, ya que a su juicio no se habían percatado de la guerra desatada el 11 de septiembre de 1973 cuando se asestó un duro golpe civil-militar al sistema democrático y fue bombardeada La Moneda, con el presidente Salvador Allende muerto y miles de ejecutados políticos, detenidos desaparecidos y torturados. Aparte de los exonerados y exilados obligados a vivir fuera de la patria.

Habían pasado 13 años con un país devastado con más del 35% de pobreza y pobreza extrema y una cesantía de cerca del 40%. Las empresas del Estado   fueron vendidas a precio vil a aquellos civiles que apoyaron el golpe.

Una vez que retornó la democracia, siguió rigiendo la Constitución espúrea y fraudulenta que se impuso en 1980 y que le costó la vida a Eduardo Frei Montalva en 1982. Su pecado: Impugnó desde el Teatro Caupolicán de Santiago, la iniciativa de los “cuatro legisladores” que se encargaron de redactar una carta fundamental como traje a la medida de los intereses de quienes formaban parte de la cúpula civil empresarial.

La frase: “estamos en guerra contra un enemigo poderoso…” volvió a sonar en los oídos de aquellos que vivieron el regimen oprobioso y ahora la escucharon las nuevas generaciones.

Así habló Sebastián Piñera, el 20 de octubre de 2019, tras una reunión en la Guarnición Santiago con el general Javier Iturriaga. Las palabras del Jefe de Estado fueron duramente condenadas por su tono bélico. Incluso el mismo general se desmarcó al día siguiente señalando que “soy un hombre feliz, no estoy en guerra con nadie”.

De esa manera el mandatario, quizo evadir la crisis social que se había estado fraguando por los graves problemas sucitados por las bajas pensiones y las suculentas utilidades de las AFP, la precariedad del empleo y los bajos salarios, el alto costo de la educación, las extensas listas de espera para atención médica. En fin, la lista se fue agrandando con el paso del tiempo. Hay que decir que el “estallido social” no fue cosa de un día. Pero sin duda el 18 de obtubre de 2019, marcó un hito que se complementa con el acuerdo al que se vio interpelado el gobierno y clase política.

Es bueno hacer memoria, porque como dice el refrán la memoria es tan frágil como una tela de araña.

En medio de la pandemia que nos ha quitado el sueño, cuando concluyen las vacaciones, nuevamente se encucha con resonancia internacional: ¡Estamos en Guerra!

Los vientos bélicos se sienten a 14 mil kilómetros de distancia. Los señores rusos decidieron cerrar febrero con una invasión militar a Ucrania.

La asimetría entre los dos países es enorme.

El canal France 24 dice que: Según las cifras recopiladas por el Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz, en 2020, el Kremlin gastó unos 61.700 millones de dólares en presupuesto de defensa. Pero en el caso de Ucrania, las cifras no son las mismas: las inversiones para el presupuesto de defensa del país, solo se montan en unos 5.900 millones de dólares. 

Al analizar los datos, la superioridad del ejército ruso es evidente. En primer lugar, el nivel de la fuerza aérea, Rusia tiene 772 aviones de combate, frente a los 69 de Ucrania. Rusia también dispone de 1.543 helicópteros, mientras que Ucrania solo cuenta con 112. Hay entre 850 y 900.000 soldados en el lado ruso y Ucrania ha aumentado su capacidad para alcanzar 200.000 hombres. 

El ejército ruso también está dotado de 12.420 tanques y más de 30.000 vehículos blindados, frente a los 2.596 tanques y 12.300 vehículos blindados del lado ucraniano.

Las cifras permiten varias reflexiones que miles de analistas en todo el mundo, ponen sobre la mesa. Chile no está ajeno desde el punto de vista mediático. En la TV hemos visto centenares de expertos algunos altamente calificados y otros con penosos comentarios. La guerra se ha “tomado” la pantalla chica y en redes sociales se critica con mucha fuerza el hecho que la televisión de nuestro país enviara periodistas con carácter de urgente a las cercanías de la zona de conflicto.

@josAntonioEnci2 dice: “Acá en Chile no pasa absolutamente nada. ¡ Ya no hay fallecidos por Covid, no hay portonazos ni asaltos! La guerra es terrible, pero volvamos a nuestra realidad…Horas de horas hablando de los mismo. ¡Diariamente chilenos muriendo por covid!”

@ludroguett agrega: Robos en municipios, intendencias. FFAA, carabineros, PDI, violencia migratoria, narcotráfico, corrupción…Los medios están al servicio de la impunidad en Chile. La realidad local no pesa. Nos venden “crisis” de otras latitudes como cortinas de humo.”

Sin duda que la guerra en pleno siglo XXI, es una locura. Más allá de analisis histórico del conflicto ruso-ucraniano, el hecho de agredir militarmente a un país, viola flagrantemenete el Derecho Internacional.

La utilización de la fuerza militar trae consecuencias gravísimas para miles de inocentes. Mujeres, hombres, jóvenes, niños, ancianos, bebés…Ya hay más de 4 millones de desplazados que han huído dentro de Ucrania o hacia países vecinos.

El escritor y periodista Pedro Cayuqueo escribió una columna que obliga a reflexionar:

Hace unos días y a propósito de la guerra en Ucrania, el presidente Piñera señaló que es “realmente increíble, inconcebible” que en pleno siglo XXI Europa esté resolviendo por la vía militar sus conflictos políticos. Curiosa reflexión del mandatario atendiendo lo que sucede en Wallmapu o la también llamada Macrozona Sur: a la fecha nueve prórrogas solicitadas por el propio Piñera para extender el estado de excepción. Dicho en simple, nueve solicitudes de La Moneda para que el Ejército y la Armada se hagan cargo de un conflicto cuya responsabilidad compete a las autoridades civiles y la política.

Parafraseando al propio Piñera, es realmente increíble, inconcebible, que en pleno siglo XXI Chile esté intentando resolver por la vía militar conflictos políticos, culturales e históricos como aquel que arrastramos en el sur. Los militares, en todo conflicto, significan el fracaso de la política. Peor aún, significan el fracaso de la imaginación política. Las nueve prórrogas han demostrado además que se trata de una medida más teatral que efectiva, una puesta en escena comunicacional para aquietar a los cabezas de pistola del propio bando oficialista en el sur. Créanme, no son pocos.

Aunque el ministro Rodrigo Delgado asegure en cada conferencia que la medida “ha funcionado”, lo cierto es que los atentados han continuado, los grupos radicales mapuche se han multiplicado y la violencia política no ha cesado. Lo reconoce el propio subsecretario Juan Francisco Galli cuando tras cada hecho de violencia subraya, con una envidiable cara de póker, que “esto ratifica una vez más la necesidad del estado de excepción”. Ok, entonces ¿ha funcionado o no ha funcionado? Sabemos que no. Y sabemos también que nunca funcionará. Lo explico a continuación.

Piñera ha descubierto en Wallmapu los límites del poder militar en las democracias. El Ejército y la Armada podrán patrullar carreteras, realizar controles mixtos con Carabineros, detener algún camión con facturas falsas de madera, pero no más que eso. Si alguien fantaseó en La Moneda con una nueva “Pacificación de la Araucanía”, al estilo de las campañas de Cornelio Saavedra o el general José Manuel Pinto en Malleco, le informo que está de patio. El propio estado de excepción prohíbe a las fuerzas armadas participar directamente de operativos. Los altos mandos militares y navales —algunos con indisimulada decepción— lo han aclarado hasta el hartazgo.

Por si no bastara, también están las denominadas Reglas del Uso de la Fuerza (RUF). Fue lo que incumplieron los infantes de marina que en noviembre asesinaron a balazos al comunero Jordan Liempi (23 años) en Huentelolén, provincia de Arauco. Se habló de una emboscada mapuche pero lo cierto es que el joven se encontraba en el patio de su casa, desarmado, observando el corte de la ruta Cañete-Tirúa. El caso se investiga como homicidio por la fiscalía para causas de derechos humanos, un nuevo caso Catrillanca. Pasa que la mera presencia policial-militar incita a la violencia. Son la perfecta invitación al desastre.

¿Cuál ha sido el gran error de Piñera?

Naturalmente, renunciar a la política en la gestión del conflicto y de una manera brutal, incompetente. Su falta de conocimientos históricos y culturales lo llevaron a él, sus asesores y ministros —con la sola rara excepción de Alfredo Moreno— a menospreciar la capacidad de respuesta del mundo radical mapuche. También a subestimar la creciente identificación de la sociedad chilena con los pueblos indígenas y sus anhelos. Así lo prueba el trabajo de la propia Convención Constitucional: el nuevo Estado será plurinacional, intercultural y con autonomías indígenas. El artículo, les informo, ya se votó favorablemente en el pleno.

Sólo la política, y no destacamentos militares, puede calmar la volátil situación en Wallmapu. Es algo que, por el momento, también pareciera entender el presidente electo Gabriel Boric y su futura ministra del Interior Izkia Siches. Enhorabuena.

¡Hasta qué punto Cayuqueo tiene razón? Usted tiene la libertad de opinar enwww.lamiradasemanal.cl

(*)Premio Nacional de Periodismo

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