Paisajes para no olvidar.

por Fernando Villagrán
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Es un tránsito por la memoria activa desde el presente que, con aguda pluma, desafía traspasando el dolor ineludible con la capacidad de resiliencia de los incansables familiares protagonistas de las páginas de “Memoriales Vivos”, aún en búsqueda de verdad y esquiva justicia después de casi medio siglo de los crímenes de Estado.

La de Yael Zaliasnik, periodista, magíster en Letras y doctora en Estudios Americanos, es una práctica de indagación histórica desafiante. Ocurrió con su anterior libro “Memoria inquieta” y se profundiza ahora en “Memoriales Vivos/Paisajes para no olvidar” (Ediciones UAH), traspasando lo efímero y perdurando en la memoria de los cuerpos. Lo hace con fundamentos conceptuales tan sólidos como decisivos desde su propio involucramiento con los familiares de las víctimas del horror represivo ante espacios emblemáticos como La Moneda, La Venda Sexy, Villa Grimaldi y la inmensidad del Desierto de Atacama.

Es un tránsito por la memoria activa desde el presente que, con aguda pluma, desafía traspasando el dolor ineludible con la capacidad de resiliencia de los incansables familiares protagonistas de las páginas de “Memoriales Vivos”, aún en búsqueda de verdad y esquiva justicia después de casi medio siglo de los crímenes de Estado. El recorrido de Yael Zaliasnik se evidencia adicionalmente   en las numerosas fotografías realizadas por la propia autora en los cuatro paisajes para no olvidar que, en el mezquino y elusivo contexto mediático predominante, más que ilustraciones configuran parte del contenido esencial del libro.

El recorrido conmueve desde el tránsito por una geografía tan diversa como la manifestación de inquieta y creativa memoria de sus transeúntes en lugares de la gran capital y el norte desértico. Incomodando silencios o discreciones convenientes estos ejercicios de memoria han dejado huella, por más que los tiempos de pandemia hayan interrumpido su transitar. Así ha sucedido con la gigantesca puesta en escena de los retratos de los 119, conestruendosabanda sonora ante las puertas de La Moneda, recordando, uno a uno, los nombres de aquellos desaparecidos justificados por una mentira oficial que cruzó las fronteras por obra y gracia de las dictaduras cómplices de entonces en nuestro continente.

Pasan las décadas y perduran interrogantes abiertas, como las que rodean la sórdida historia del centro de torturas conocido como “La Venda Sexy”. Allí cerca de la Plaza Arabia, en la comuna de Macul, espacio privilegiado por los agentes de la DINA para la violencia sexual contra mujeres prisioneras. Un fenómeno insuficientemente atendido que también trasciende fronteras, como lo ha destacado el académico e investigador uruguayo Álvaro Rico. Un reciente fallo judicial del juez Mario Carroza (2020) marcó un hito condenando agentes del estado chileno como responsables de “violencia sexual”. Otra de las asignaturas pendientes en este tránsito por “paisajes para no olvidar”.

En la soledad del inmenso espacio del Desierto de Atacama están, pero no están, los restos de los restos de los restos de los asesinados por la Caravana de la Muerte del general Arellano Stark. Animitas, como almas en el desierto. Las mujeres – permanentes víctimas no siempre reconocidas y por largos años sometidas a la amenaza constante – han continuado arando con colador y rastrillo. Desafiando la soledad, la aridez, lo efímero, materializan el recuerdo con el inclemente paso del tiempo, surgiendo entonces nuevamente la necesidad de un grito fuerte, acompañado del sol, el viento, la pureza del cielo azul y la Cruz de cobre aportada por mineros solidarios. La tardía extrema de la justicia se vuelve a manifestar; recién el pasado 24 de septiembre de 2022 la Corte Suprema dictó sentencia por “las 26 víctimas ejecutadas ilegalmente; y posteriormente exhumación ilegal de sus cuerpos. Ilícitos perpetrados en octubre de 1973 (…) en el marco de la operación de exterminio denominada Caravana de la Muerte. Episodio Calama”.

¿Cuál es la reparación posible después de casi medio siglo arando en el desierto?  La autora del libro reproduce aquella estremecedora letra de “Mujer de Calama” la emblemática canción del español Víctor Manuel.

Así Yael Zaliasnik nos instala hoy ante estos Memoriales Vivos, donde los cuerpos se manifiestan, mueven, re -mueven, con- mueven, moviendo también los relatos sobre las memorias de la época y construyendo, elaborando y reactualizándolas en el presente.

*(Publicado originalmente en www.offtherecordonline.cl)

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