Política tumbada y la IA

por Sergio Canals L.
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Lo tumbado resuena en el mundo de las tumbas, de lo caído. De la muerte. De lo enfermo que se desmorona. Algo retumba ¿Han escuchado los ruidos de un desmoronamiento político? ¿De un mundo-tumba? “El dinero es más importante que los principios” se queja con razón el sociólogo Mayol (hablando de una plaga de plumíferos cantores en la ciudad jardín). Se hace eco del sonido general de la caída y el casi caído.

En medio de perros sintéticos IA que saltan y no ladran, ni menos muerden (por ahora), se desmorona la política del gobierno en medio de “transacas” y “cheese and wine”. Queso y vino, ¡siúticos! de…la elite y aspiracionales. Uso del poder más turbado que nunca.  A los gremios de pescadores artesanales o líderes de campamentos, seguramente les habrían ofrecido empanaditas fritas y melón con vino acompañado de un “corrido tumbado-turbado”.

Sobre muertes y tumbas, un asesinato diario promedio. Agustina de Maipú, (sólo, un “daño colateral”), con sus 10 años y una bala liviana como una “pluma” de metal, bien merece ser homenajeada con algunos versos de Yeats: “Y aún sueño que pisa la hierba/ caminando espectral entre el rocío atravesado por mi canto triste (decía alegre). No es más que una sombra emocional inconsciente.  Algún día el alma de las niñas muertas podrán ser clonadas.

Humanos humanoides y robots “perroides”. Los sicarios se comportan como androides de la muerte. (Debiéramos perseguirlos con un “Blade Runner”). Quizás ya estamos conviviendo también con androides políticos y políticas. No expresan sus emociones cuando hablan de sus comportamientos sólo “erráticos” e “irregulares” en “momentos particulares”. ¿Falta de empatía? La empatía, “en última instancia borra la frontera entre el cazador y la víctima, el vencedor y el derrotado”. En un ser humano el sufrimiento se comparte, al igual que la esperanza. Crean comunidad compartida y comportamientos ético-morales. Le otorgan sentido a una libertad dirigida al bien y el bien común alejado del individualismo técnico competitivo consumista de una cultura ciborg que sólo son sueños y oscuridad emocional. Una relación con el poder y la destrucción. Un individualismo de masas conectadas y separadas. “Movilizadas” a través de símbolos mediáticos, discursos, modas, (espectáculos), programas y personalidades famosas… y deseos ajenos a toda comprensión racional. Desean reconocimiento a toda costa ¿Adiós a la “alta cultura” (si es que existe)? 

No queda más que la esperanza y la resistencia. “Quien es consciente puede liberarse a través de la tecnología, quien no lo es, se esclaviza de ella”, como menciona un filósofo refiriéndose a la “filosofía de la liberación” de Dussel: “La filosofía de la liberación, filosofía posmoderna, popular, feminista, de la juventud, de los oprimidos, “de los condenados de la tierra”, del mundo y de la historia”. Autonomía del pensamiento situada en el contexto geopolítico histórico y cultural actual de América y de nuestro país.

En caso contrario, no quedará más que vivir en “la soledad sin refugio”, pero “acogedora”. Vivir “el momento de espanto” cuando (sólo el ser humano), repara en su autonomía moral individual.  La soledad es desde el otro y con el otro. 

Referencias: “Blade Runner” de Philip K. Dick; “Los ruidos del desmoronamiento; ensayo sobre el humanismo latinoamericano” de José Pablo Concha Lagos; “Soledad acogedora” de Massimo Cacciari; “El halago de las masas”; columna de Gonzalo Contreras citando a Spinoza y Sloterdijik; Artes y Letras El Mercurio.

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