“Porque demasiado no es suficiente”: música, fans y periodismo

por Tomás Vio Alliende
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El último libro de la escritora y periodista argentina, Mariana Enríquez, exhibe el fanatismo de la autora por una banda británica que verdaderamente le quita el sueño. 

Siempre es un placer leer a Mariana Enríquez. La escritora argentina funciona como una caja de sorpresas que oculta un as bajo la manga a medida que uno avanza en sus escritos. Esta vez se arranca de los temas lúgubres para describir de manera autobiográfica “Porque demasiado no es suficiente. Mi historia de amor con Suede”, el relato sobre el fanatismo que siente por el grupo británico al que sigue con fervor de fan desde muy joven.  Su afición explota al máximo con la música de los ingleses y tiene un punto de inflexión en la entrevista telefónica que le hace a Brett Anderson, vocalista del grupo, a fines de los 90 para un diario trasandino. 

Sin ir más lejos, esta confesión me hizo recordar mi época en el periodismo de espectáculos en un diario, donde más o menos en la misma fecha que Enríquez conversó con Anderson, me tocó entrevistar al guitarrista de Collective Soul, Dean Rolland, justo en la época en que la canción “Run” se convertía en un hit radial (hoy en día la pongo cada vez que puedo en mis historias de Instagram). También entrevisté a Russell Hitchcok, vocalista de Air Supply, voz característica de los lentos ochenteros que hasta el día de hoy desgarran el corazón con “Lonely is the night”, por mencionar alguna de sus famosas canciones. De los chilenos tuve el placer de entrevistar al ex – Prisionero, Claudio Narea, quien en un principio no quería hablar conmigo porque estaba molesto con un colega y sospechaba que él estaba escuchando por el otro lado de la línea.  Finalmente se relajó y todo salió bien. 

La entrevista más difícil que me tocó hacer fue a Alfredo Perl, destacado pianista clásico con quien hablé de forma presencial en el Teatro Municipal. Al día siguiente el subdirector del diario se acercó personalmente a mi sección para contarle a mi editor que la entrevista le había gustado, algo no muy usual en ese entonces. Lo que ellos no sabían es que, en un momento de la conversación, sentí que estuve a punto de ser enviado a la mierda por Perl, un artista bastante introvertido y quitado de bulla. Recuerdo que empecé nerviosamente conversando sobre el repertorio que iba a tocar en su show en el Teatro Municipal, después de una breve respuesta me quedó mirando a los ojos como diciendo Ya ¿para eso me viniste a entrevistar?”. Me bloquee completamente. Deben haber transcurrido uno o dos minutos de silencio absoluto. Los más largos de mi vida. Traspiré frío y de inmediato pensé cómo salir del embrollo para no perder la entrevista. Utilizando todas mis estrategias comunicacionales apelé a la emoción, a la sensibilidad del pianista y afortunadamente logré salir airoso. La frase “el piano como un verdadero amigo”, me salvó el pellejo. La verdad es que por un instante pensé que el artista se iba a ir o iba a pedir que me sacaran de la sala. Al día siguiente desde comunicaciones del Teatro Municipal llamaron a mi editor, por encargo de Perl, agradeciendo la grata conversación y la publicación en el diario.

¿Qué tienen que ver todas estas entrevistas con Mariana Enríquez y Suede? Tienen mucho que ver porque el libro se trata en esencia sobre conversaciones, periodismo, acercamiento al mundo del artista; devoción por la música por cómo ella arma el relato y también construye historias, sentimientos, amor, idolatría. La combinación de autobiografía y ensayo del libro de Enríquez muestra el embelesamiento de la escritora por una banda y su relación con ella como periodista musical y fan.

“No creo que cualquiera tenga la predisposición para ser fan. Si admirador, incluso coleccionista. Pero el fan tiene algo roto y melancólico, es alguien en busca de trascendencia o eternidad o esa otra vida que debería estar en esta, esa otra vida que tiene más colores, que se parece más a lo soñado”.

Eso escribe Enríquez en una de las páginas del libro, enfrentando el fanatismo como un asunto de vida o muerte. Seguir hasta el tope, desentrañar lo que esconden los integrantes de Suede, en especial el vocalista Brett Anderson y el tecladista y guitarrista Neil Codling con sus looks andróginos, su afición por las drogas, sus ambiguas actitudes sexuales y las letras de la banda que se pasean entre el dolor, la adicción y la desesperanza. La escritora confiesa que sus obras literarias las ha escrito escuchando los discos de la banda y su devoción ha llegado a tal punto que muchas veces, después de los conciertos a los que ha ido, se instala en los backstages para estar con sus ídolos, conversar y fotografiarse con ellos. Incluso, con los años, ha logrado entablar cierta cercanía con los integrantes de la banda y una relación casi de amistad con Mat Osman, bajista de Suede y escritor, quien incluso le regaló entradas para una de sus últimas presentaciones.

El libro tiene sus mejores momentos cuando Enríquez describe lo que la pasa emocionalmente con los músicos y los encuentros que logra tener con ellos en sus conciertos. También cuando a raíz de los fanatismos describe temas como la Lisztmanía: la efervescencia de fans que vivió el pianista Franz Liszt, el primer rockstar del mundo o la relación de Ricardo López, fanático de la islandesa Bjork que le manda una carta bomba y luego se suicida, dejando testimonio de su decisión frente a una cámara porque su artista favorita salía con alguien de raza negra. Quizás, para los que no somos fanáticos de Suede, el ritmo del libro puede decaer en algunas descripciones de las canciones de los discos. Por mucho que uno intente imaginarlas, no es posible lograrlo, a menos que se tenga alguna referencia importante sobre la banda. Personalmente, antes de leer la obra sólo recordaba haber escuchado de Suede “Beautiful ones” y “Electricity”. No mucho más. De todas maneras, “Porque demasiado no es suficiente” se trata de una obra intensa, profunda y honesta (ideal para leerla haciendo grounding) que, como todo lo que escribe la argentina ganadora del premio Herralde, llega hasta la médula por su gran compromiso con una literatura latinoamericana diferente que crea comunidad y trasciende las fronteras. 

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