Virginia: la esposa niña de Poe, un genio al que le asqueaba el sexo.

por Cristina Wormull Chiorrini
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Un siglo y medio atrás, las expectativas de vida eran abismantemente menores que hoy cuando muchos, ya en la tercera edad, piensan la posibilidad de ser centenarios, quizás incluso, alcanzar los 120 años, como algunos científicos plantean.  Entonces, morir de consunción o tuberculosis, como se conoce hoy, de forma mucho menos romántica, era algo frecuente y Virginia, la esposa niña de Poe le fue arrebatada a la edad de 23 años…recién cumplidos los 10 de matrimonio.

De Edgar Allan Poe, una de las mentes más geniales de la literatura del siglo XIX, escritor, ensayista, poeta, cronista y más, se ha escrito mucho, se ha fabulado más, pero aún hoy nadie ha podido determinar la causa de su muerte (aunque se la ha atribuido al alcohol, a congestión cerebral, cólera, drogas, fallo cardíaco, rabia, suicidio, tuberculosis, entre otras), apenas cumplidos los 40 años, dos después que su amada esposa Virginia Glemm Poe falleciera víctima de la tuberculosis. 

Edgar y Virginia se conocieron al vivir bajo el mismo techo cuando ella tenía apenas 7 años y él, ya se empinaba sobre los 21. Eran primos hermanos, ya que sus madres eran hermanas, y siendo una niña, ella servía de mensajera en uno de los primeros amores platónicos de Edgar. A poco andar, la amistad entre estos dos seres con tanta diferencia de edad se transformó en un amor que solo terminó con la muerte de Virginia y la consolidación del camino autodestructivo de Edgar que culminó a poco andar, tras su partida.

“Mi último asidero en la vida, el último de todos se me escapa. No tengo ningún deseo de vivir y no viviré. Pero he de cumplir mi deber. Amo, usted lo sabe, amo a Virginia apasionadamente, devotamente.” Fragmento de la carta de Edgar Allan Poe a su tía María Glemm para evitar que lo separaran de su amada.

Cuando Virginia cumplió 13 años, Edgar utilizó todos sus recursos para lograr casarse con ella.  Él tenía ya 27 años y tanto la familia como la sociedad se escandalizaron por el hecho… es más, con la ayuda de su tía María Glemm, Poe logró falsificar el certificado de nacimiento de Virginia, aumentándole la edad a 21 años, de modo que pudieran concretar su boda.

Yo era un niño y ella era una niña

en este reino junto al mar

pero nos amábamos con un amor que era más que amor

—yo y mi Annabel Lee—

con un amor que los ángeles sublimes del Paraíso

nos envidiaban a ella y a mí. Inicio de Annabel Lee, Edgar Allan Poe

Pocos se han atrevido a tocar la etapa amorosa de la vida de Edgar Allan Poe, pero la mayoría de los que lo han hecho afirman que Edgar y Virginia fueron muy felices pese a la diferencia de edad o, quizás por ella, ya que se especula que su relación era casi la de hermanos y que Poe la llamaba Sissy o Sis (abreviaturas cariñosas de sister, hermana) y no habrían compartido cama hasta que ella cumplió los 16 años.  Tan fraternal era su relación que, Marie Bonaparte, una de las biógrafas más serias del escritor, plantea que Virginia puede haber muerto virgen, hecho apoyado en las palabras del ensayista Joseph Wood que asegura que a Poe le resultaba repulsiva la práctica del sexo.

“…(Poe) no necesitaba a las mujeres del modo en que las necesitan los hombres normales”, Joseph Wood, ensayista.

 Muchos han especulado que mentes brillantes como la de Van Gogh, Beethoven o Poe padecieron lo que hoy conocemos como trastorno bipolar, que en ese entonces no se conocía como tal ni se diagnosticaba, y los estudiosos sostienen que Poe tenía largos períodos de intensa depresión que permiten aseverar,  basados en los descubrimientos hechos sobre dicho trastorno, que fue lo que lo  condujo a refugiarse en el alcohol, como la mayoría de quienes lo padecen, para intentar sofocar el estado depresivo. Poe, se dice, caía constantemente en la bebida como un intento de eliminar esos momentos de aflicción que logró controlar a medias durante su convivencia con Virginia que lo adoraba y solía acurrucarse junto al poeta mientras escribía.  Pero Sissy, no solo se sentaba en silencio al lado del escritor, también era quien le ordenaba los papeles, la primera en leer sus escritos, aquella que lo cuidaba y le prestaba su ayuda incondicionalmente con ternura infantil.

La felicidad de ambos comenzó a destruirse cuando Virginia mostró los síntomas de la tuberculosis, curiosamente, la misma enfermedad que había afectado a la madre de Edgar, y que la llevaría inexorablemente a la muerte en tiempos en que no se conocía la penicilina y era la causa de muerte de muchos jóvenes convirtiéndose en motivo para tantos y tantas historias inspiradas en esta enfermedad que se transformó en sinónimo del romanticismo.  Lentamente, Virginia perdió el apetito, empezó a sufrir estados febriles y su piel se tornó pálida, con las mejillas frecuentemente enrojecidas que según comentaristas de la época causaron que ella “luciera un aspecto juvenil, de grandes ojos violáceos y una blancura perlada en el cutis. Su cabello, negro como las alas de cuervo, le daban un aire ultraterrenal”. Toda aquella tragedia rodeada de pobreza no impidió que la tierna Virginia, en vez de preocuparse por su suerte lo hiciera por Edgar, buscando la forma de que alguien lo cuidara después de su partida.  Entonces hizo prometer a su madre, Mary Poe.  que estaría siempre pendiente de él e, incluso, llegó a pedirle a su gran amiga Mary Star, que fuera más que una amiga de su amado Poe y en un gesto de desprendimiento inspirado por el amor, unió sus manos al borde de la cama.

Virginia y Poe conformaban un matrimonio feliz a tal extremo que ella lo admiraba por sobre todas las cosas y él amaba su ternura y la utilizaba como inspiración para sus poemas.

Poe, devastado por la enfermedad de Virginia, se refugió en la escritura y de esta época surgen parte de sus obras más inspiradas, sus poemas más notables, aquellos en que volcó todo su sentir.  Ejemplos de ello son Annabel Lee, donde cuenta la trágica muerte de una joven y que publicó después de su muerte; Eleonora que narra la historia de un hombre a punto de casarse con su prima; y el estremecedor e inolvidable El cuervo, donde la desesperanza se hace carne en el “nunca más” que repite siniestramente el ave a cada pregunta del poeta. La enfermedad de Virginia hundió a Poe en una profunda depresión de la que ya nunca se recuperó, acentuando su alcoholismo, transformándolo en un ser totalmente perdido y ocasionalmente violento en este mundo.  Al morir Virginia, cuentan que Edgar no quiso acercarse a verla tendida en el ataúd porque deseaba conservar su imagen llena de vida.  Sin embargo, paradojalmente, se dio cuenta que no tenía algún retrato de ella y decidió encargar una acuarela que se realizó utilizando como modelo el rostro de ella ya cadáver.

“Así calmando a Psiquis, la besé, / Intenté alejar su melancolía / Y vencí sus escrúpulos y tristeza; / Pero estábamos parados a la puerta de una tumba; / Cerca de la puerta de una legendaria tumba. / Y yo dije: «¿Qué lees, dulce hermana, / En la puerta de esa legendaria tumba?”, Y ella dijo: “Ulalume, Ulalume. / ¡Es la tumba de tu perdida Ulalume!” de Ulalume, Edgar Allan Poe

En los años posteriores a la prematura muerte de Virginia, el gran genio del horror, del relato corto y la narrativa policiaca tuvo varios amoríos, todos breves truncados con escándalo, mientras el nivel de alcoholismo progresaba y se lo veía frecuentemente vagando en torno a la tumba de su amada ebrio o sobrio, tendido o de rodillas, siempre con actos de locura a la cual, como dijera el propio Poe, lo condujo al alcohol hasta llegar al  estado lunático, al desvarío en que fue encontrado en 1849… un estado que lo llevó a la tumba cuatro días después, el 7 de octubre, casi como en un sino trágico, como en sus historias tan notablemente narradas. Junto a él, cumpliendo el juramento hecho a Virginia, se encontraba   Muddie (María Poe) a quien preguntó si aún tenía esperanzas y cuando, creyendo que hablaba sobre su estado de salud, le respondieron negativamente, él aclaró: “No me refiero a eso. Quiero saber si hay esperanza para un miserable como yo”.

El cuervo se había posado cruelmente sobre el poeta que atesoró hasta su último día aquel único poema, un acróstico, que le escribió Virginia el día de San Valentín de 1846, poco antes de morir

Ever with thee I wish to roam.  

Dearest my life is thine.              

Give me a cottage for my home    

And a rich old cypress vine,         

Removed from the world with its sin and care 

And the tattling of many tongues.

Love alone shall guide us when we are there –

Love shall heal my weakened lungs;

And Oh, the tranquil hours we’ll spend,

Never wishing that others may see!

Perfect ease we’ll enjoy, without thinking to lend

Ourselves to the world and its glee –

Ever peaceful and blissful we’ll be

Deseo vagar siempre contigo,

queridísimo, mi vida es tuya.

Dame una cabaña por hogar

cubierta de una espesa enredadera,

lejos del mundo con sus pecados y sus preocupaciones

y del cotilleo de muchas lenguas.

Sólo el amor nos guiará cuando estemos allí,

el amor curará mis débiles pulmones;

qué tranquilas horas disfrutaremos

sin cuidarnos de los demás,

en perfecta calma gozaremos,

apartados del mundo y sus reclamos.

Siempre tranquilos y felices viviremos.

Tal como dijera Julio Cortázar, al terminar el año 1845 la literatura de Poe llegó a su fin junto con la agonía de Virginia… a partir de entonces, su camino fue un andar más y más profundo en la locura anunciada por El cuervo,

“Lord, save my poor soul” (Señor, salva mi pobre alma), últimas palabras de Poe antes de morir.

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