Virginia Woolf y Vita Sackville-West. Un cuarto propio para amar

por Cristina Wormull Chiorrini

Una famosa frase de Cortázar dice “Andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos para encontrarnos”, y perfectamente se puede aplicar a Vita y Virginia cuando ambas coincidieron por accidente en una cena el año 1922 en Londres… ambas casadas y con matrimonios muy diferentes, pero la pasión que las unió desde esa noche por diez años anduvo de la mano con la época más prolífica de ambas.

Pocos deben ser los que no ubican a Virginia Woolf, su tremenda escritura y trágico final… muchos menos los que conocen en Chile a Vita Sackville-West, la escritora inglesa que, al parecer, fue el amor más relevante y físico en la vida de la genial Virginia.

Virginia Woolf tuvo una infancia atormentada, donde tanto ella como su hermana Vanessa sufrieron el acoso sexual de sus medio hermanos, en especial de Georges Duckworth quien abusó de ella durante años.  Esto, sumado a la pérdida de su madre quien falleció repentinamente cuando Virginia tenía tan solo 13 años. y también a la muerte de su hermanastra Stella con solo dos años de diferencia.  Ahí empezaron sus crisis nerviosas y una imposibilidad traumática de sostener cualquier expresión de amor físico hasta que se enamoró de Vita. 

“El golpe, el segundo golpe de la muerte, cayó sobre mí trémula, agotada, sentada, con las alas aún sin despegar en mi crisálida rota.” Virginia Woolf

Mantuvo en secreto sus fobias y traumas y entabló relaciones con varios hombres, pero la más destacable fue con Leonard Woolf con quien se casó en 1912 y con el que compartió no sólo la vida, sino diferencias y similitudes: ella, para empezar, rechazaba a los judíos y Leonard lo era, ya remarcable, por decir lo menos. Pero también compartieron ideas como la del matrimonio liberal y el suicidio como vía de escape ante la decadencia del mundo.

Virginia y sus hermanos, tras la muerte de su padre, se habían trasladado a Bloomsbury, en la zona oeste de Londres y esta casa se convirtió en el centro de reunión de un grupo de intelectuales que pasaría a la historia como el “Círculo de Bloomsbury”.  En este grupo participaron personajes como el economista John Maynard Keynes, los filósofos Bertrand Russell y Ludwig Wittgenstein, la líder del movimiento sufragista Emmeline Pankhurst y el escritor T.S. Eliot.  A través del intercambio con ellos, Virginia se empapó de las ideas feministas, la reivindicación de la homosexualidad y la bisexualidad, el pacifismo y el ecologismo, entre otras vanguardias de la época.

Cuando Vita y Virginia se conocieron en una cena informal en Londres, Sackville-West 0estaba casada con Harold Nicolson con quien mantenía un matrimonio abierto en el cual ambos disfrutaban de la compañía de amantes de su mismo sexo y compartían como confidentes todos los detalles, aún los más escabrosos, de sus encuentros y relaciones amorosas. 

El matrimonio de Virginia con Leonard Woolf se caracterizaba por el profundo afecto que ambos se tenían, aunque vivía torturado por la condición mental de la escritora que no les permitía manifestación erótica alguna pues Virgina no lo toleraba. 

 “No creo que dos personas pudieran ser más felices de lo que hemos sido tú y yo”. Fragmento de carta de Virginia a Leonard Woolf.

Cuando las escritoras se conocieron, en diciembre de 1922, Virginia recién empezaba a caminar por sus cuarenta años y Vita se empinaba en los treinta, diez años más joven, pero en ese momento, a pesar de su juventud, era mucho más conocida porque había publicado varios poemarios y novelas, en cambio Virginia Woolf todavía trabajaba en la que sería su primera gran obra Mrs. Dalloway, que saldría recién a la luz casi cuatro años más tarde. 

Virginia y Vita se conocieron y sucumbieron a la tentación y se entregaron en cuerpo y alma al amor. Juntas, vivieron la década más feliz y fructífera de sus vidas. Escribieron libros juntas y lograron traducirse hasta el más íntimo de los pensamientos. 

Vita era una mujer sensual y misteriosa, conocida además por su atractivo y su gusto por las mujeres que no ocultaba pese ser una mujer casada y cargaba con un largo historial de relaciones con amores mayores que ella.  Vita, hija del barón de Sackville y de Pepita Oliva, una bailaora malagueña, ganó celebridad en la Inglaterra de la primera mitad del siglo XX a través de sus poemas, sus columnas sobre jardinería y su novela Los eduardianos. Sus romances extramatrimoniales, de preferencia con mujeres, la convertían en el comidillo de la sociedad londinense.

Al conocerse, la fascinación de la una por la otra fue fulminante y ambas dejaron testimonio en cartas y diarios de ese “amor a primera vista” que se transformaría en una pasión de 10 años.  Totalmente diferentes, eso mismo fue el acicate, la gasolina que alimentó el fuego entre las dos.  Vita apaciguaba los demonios de Virginia y Virginia hacía surgir el lado más suave de Vita. Juntas pudieron entender sus pensamientos y anhelos y Vita logró lo que ninguna medicina había podido sanar en Virginia:  comenzar a experimentar y gozar el amor físico que llevó a Virginia a entregarse en cuerpo y alma a los brazos de Vita.

“Ninguna de las dos había escrito tanto ni tan bien como cuando estuvieron juntas, y después de su separación, ninguna logró volverlo a hacer”, Louise de Salvo, historiadora

Su relación fue extremadamente pasional. Ambas representaban un hogar para la otra. Un refugio del mundo. Un oasis de pasión, amor y entendimiento al que pronto, se hicieron adictas construyendo un mundo a distancia ya que ambas se mantuvieron casadas y debían cumplir obligaciones como esposas y madres, pero nunca dejaron de escribirse.  Ambas compartían una gran pasión por la literatura, pero desde ámbitos diferentes ya que Vita disfrutaba de la poesía y la jardinería y Virginia la abordaba desde el ensayo y la novela. 

Mira, Vita. Deja a tu hombre y juntas iremos a la corte de Hampton. Cenaremos en el río juntas y caminaremos en el jardín a la luz de la luna. Partiremos juntas a casa, tomaremos una botella de vino y te diré todas las cosas que tengo en mi cabeza. Todas, son millones. Pero no saldrán de día, únicamente de noche, junto al río oscuro. Piénsalo, deja a tu hombre y ven junto a mí”. Virginia Woolf en carta a Vita Sackville-West.

Las cartas de amor entre ambas resumen toda la pasión entre las dos “V” y leyéndolas se puede sentir el amor desatado y bellamente expresado por dos magníficas escritoras que durante su relación lograron la máxima expresión de sus talentos… 

“… Es increíble lo esencial que te has vuelto para mí. Pero supongo que estás acostumbrada a que las personas te digan estas cosas. Estúpida criatura consentida, no debería amarte ni entregarme a ti así, pero oh querida, no puedo ser ni inteligente ni distante contigo. Te amo demasiado para eso. Te amo verdaderamente. No tienes idea de lo distante que puedo ser con las personas que no amo, de hecho, lo he convertido en una especie de talento oculto, pero tú, solo tú. Has roto mis defensas y la verdad, no planeo resistirme a ti.  Tuya, Vita”.

Virginia, con una personalidad mucho más tímida que Vita, le dedicó una de sus novelas más famosas, Orlando, que publicó en 1928 y que narra la historia de un hombre (según algunos el primer transexual de la literatura) que viaja continuamente en el espacio y el tiempo y decide su género, transformándose como por arte de magia, en mujer.  En esta novela hay una referencia a Vita que solía aseverar que dentro de ella cohabitaban dos personalidades, una femenina que se sentía atraída por los hombres y otra masculina que amaba a las mujeres. Virginia ambientó la novela en la casa de Vita, uno de los seis palacios más grandes de Inglaterra.

“Mi adorada, déjame escribirte una línea más: me has dado demasiada felicidad”, escribió Virginia a Vita 

Virginia, como hemos dicho, era mayor y tenía ideales sociales y políticos muy arraigados. Vita solía ser más liberal y darle menos importancia a la política. Su vida consistía en dedicarse totalmente al amor y al arte. Con el correr del tiempo, las diferencias fueron separándolas hasta que en 1935 la pasión se acabó. Pero siguieron siendo amigas muy cercanas, pero el romance, uno de los más apasionados de la historia de la literatura, llegó a su fin…

“¿Qué más puedo decir? Te amo”, escribió Virginia.

“Mi amor por ti es absolutamente verdadero, vívido e inalterable”, respondió Vita. 

Años después vino la Segunda Guerra Mundial y Leonard y Virginia tenían la creencia que, si Alemania invadía Gran Bretaña, los nazis irían por ellos ya que ella era una connotada intelectual y Leonard era judío.  Por eso, planearon suicidarse en su garaje aspirando los gases emanados del tubo de escape de su auto o ingiriendo una dosis letal de morfina que les proporcionó el hermano siquiatra de Virginia.  No fue el caso. El matrimonio abandonó Londres y se fue a vivir al campo escapando de los bombardeos.

El 28 de marzo de 1941, Virginia Woolf se quitó la vida adentrándose en el río Ouse, con los bolsillos cargados de piedras, cerca de su casa de campo en Rodmell.  

«Como mujer no tengo patria, como mujer no quiero patria. Como mujer, mi patria es el mundo«. Virginia Woolf.

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1 comment

Rafael enero 11, 2024 - 7:40 pm

Excelente crónica. Una historia que me ayuda a comprender más a unas grandes artistas.

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