Wang Zhenyi.  La polímata, la Da Vinci de la dinastía Qing.

por Cristina Wormull Chiorrini
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En el siglo XVIII, durante la dinastía Qing, la última de las dinastías imperiales chinas, nació una niña que, como todas sus contemporáneas, no tuvo derecho a educación formal, pero si la fortuna de una abuela que le enseñó poesía, su abuelo que la inició en la astronomía y su padre que la enamoró de la medicina.  Vivía en una casa colmada de libros y se apasionó por la lectura a través de la cual logró convertirse en una polímata excepcional apodada generalmente como la Da Vinci de China.

Wang Zhenyi nació en 1768 en una época en que las mujeres, especialmente en China, no tenían posibilidades de estudiar, pero ella es la prueba absoluta que el deseo, la pasión por aprender puede contra todo impedimento.  Es cierto que la suya era una familia acomodada y muy ilustrada, pero eso no basta para que durante una breve vida haya incursionado con excelencia en múltiples disciplinas como la astronomía, matemáticas, geografía, medicina, escritura de libros y textos, la poesía y, por si fuera poco, se diera el tiempo para dominar varias artes marciales, convertirse en una eximia jinete y dominar el tiro con arco.

… “la mujer erudita número uno, después de Ban Zhao”, escritora, historiadora e intelectual china, según Qian Yiji el famoso erudito chino.

Wang Zhenyi vivió y murió durante la dinastía Qing, la última dinastía imperial China. La casa ancestral de Zhenyi estaba en la provincia de Anhui, pero la familia de su padre se mudó a Jiangning. Era una familia pequeña, constituida por su abuela Dong, su abuelo y su padre. Cuando Wang cumplió los 14 años, su abuelo murió y para darle la despedida honorable que se merecía, la familia viajó a una ciudad cercana a la Gran Muralla China donde se quedaron un par de años mientras Wang leía todos los libros de su abuelo (más de 75) absorbiendo como esponja todo el conocimiento contenido en ellos.  Simultáneamente, la esposa de un general mogol, Aa, le enseñó artes marciales, montar a caballo y el tiro con arco.

Así, ya a los 16 años, Zhenyi viajó con su padre al sur del río Yangtze para volver a la ciudad de Jiangning, y a través del largo camino vivieron numerosas aventuras en el peligroso trayecto por Shaanxi, Hubei y Guangdong hasta llegar a su destino… donde Wang, ya con 18 años se integró a un grupo de estudiantes que se dedicaban a la poesía, sin abandonar sus estudios de astronomía y matemáticas. Como es de imaginar, prácticamente todos sus estudios los hacía por su cuenta, algo notable si se tradujo en aportes que la condujeron a ser considerada una de las grandes científicas de la historia.

En esa línea indagatoria se registra su explicación de cómo se producen los equinoccios y el cálculo de los movimientos que permiten que el sol se ubique sobre el ecuador de la Tierra ocasionando que el día y la noche tengan la misma duración, descrito en Sobre la procesión de los equinoccios, parte de su fecunda herencia investigadora.

Todos los eclipses son hermosos y desde siempre han despertado el interés, temor o reverencia en las distintas culturas… ¿suena extraño que alguien con la curiosidad de Wang Zhenyi se apasionara por su estudio?

Simultáneamente, su pasión por estudiar el cielo y los astros la empujaron a realizar investigaciones sobre la dirección de rotación del sol; sobre la luna y sobre planetas como Júpiter, Saturno, Marte, Mercurio y Venus; el número de las estrellas y, uno de sus estudios más considerados versó sobre la relación entre los eclipses lunares y solares.  Todas estas investigaciones y sus conclusiones quedaron plasmados en artículos como Sobre la longitud y las estrellas; La explicación del eclipse solar o Sobre la explicación de los eclipses lunares.

Wang Zhenyi, no se limitó solo a observar, sino que experimentó -simple, pero brillantemente- sobre sus teorías… Para demostrar cómo se producía un eclipse lunar, utilizó una mesa redonda como la Tierra, una lámpara de cristal que colgó del techo para simular el sol y un espejo circular colocado al borde de la mesa representando a la luna.  Luego, movió estos tres elementos de acuerdo a los principios astronómicos y así, demostró prácticamente cómo era un eclipse lunar.

Wang dominaba las matemáticas y en esa línea abordó La explicación del Teorema de Pitágoras y la trigonometría. Como admiraba al famoso matemático Ney Wending, estudió acuciosamente su “Principio del Cálculo” y para facilitar el estudio más amable a las jóvenes generaciones, lo reescribió en un lenguaje sencillo y lo tituló “Bases del cálculo”, agregando luego “Los simples principios del cálculo”.

La Unión Astronómica Internacional le dio su nombre a un cráter del planeta Venus.

En la época de Wang Zhenyi la poesía escrita por mujeres se caracterizaba por el uso y abuso de palabras florales.  Zhenyi rompió con esa tendencia y sus poemas se inspiran en los viajes, sus aventuras e investigaciones, transmitiendo la penosa vida de los plebeyos, en especial la vida y el duro trabajo de las mujeres durante la dinastía Qing lo que que se refleja descarnadamente en sus libros: “Mujeres criadoras de Gusanos de Seda” y “Lavado de Ropa”. Al morir, con apenas 29 años, dejó un legado de trece volúmenes de Ci (un tipo de poesía), prefacios, prosa y postdatas escritas en varias de sus obras científicas. 

El famoso escritor Yuan Mei de la dinastía Qing hizo mención a la creación poética de Wang Zhenyi señalando que “su poesía tenía el sabor de una gran pluma”.

Antes de morir, dejó sus trabajos y manuscritos a su mejor amiga Madam Kuai, quien los donó a Qian Yiji, famoso erudito de la época que recopiló la obra matemática de Zhenyi en el libro Shusuan jiancun (Simples Principios del Cálculo).

Cuando pensamos que Zhenyi vivió en el siglo XVIII, impresiona la importancia que ella le dio a la igualdad de género. Así quedaron registros suyos como “cuando se habla sobre el aprendizaje y las ciencias, la gente no piensa en las mujeres”, o “las mujeres no solo debería cocinar y coser, y no se las debería de molestar por escribir artículos para publicarlos, estudiar historia, componer poemas o hacer caligrafía” y “son personas, que tienen la misma razón para estudiar”.

Un legado más que contundente de esta pionera en su existencia de solo 29 años. Imposible no sospechar de lo que podría haber heredado de conocimientos con otros 29 con aquella capacidad de aprendizaje y visión de futuro en el ámbito de la ciencia y las letras con su singular y anticipada impronta en la reivindicación de los derechos de las mujeres. 

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1 comment

Bernardita abril 27, 2023 - 2:05 pm

Buenísimo , felicitaciones .

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