Nelson Navarro Cendoya: Por los pasos cebras volveremos al sur 

por Dante Cajales Meneses

No es casual esta historia. Cuando niño, tomado de la mano de mi madre, cruzábamos el único paso de cebra del barrio para visitar a la señora Frida en su casa. Un pequeño reducto sureño en el corazón de la población Juanita Aguirre de Conchalí. La señora Frida y mi madre, que también se llamaba Frida, se hicieron amigas porque uno de los hijos de cada una asistió a una escuela especial para no oyentes. Siempre que la visitábamos, cruzábamos el living de su casa hasta la cocina, una típica ampliación que la generalidad de las casas en la población levantaba para solucionar problemas de espacio. La mayoría de las veces se hacía ocupando el patio trasero. De piso de madera, la claraboya sobre la estufa de leña con una tabla para amasar en la mesa, bolitas de pan crudo pinchados con el tenedor listos para hornear. La señora Frida siempre esperó a mi madre con mate caliente. Su casa olía a pan recién hecho. Siempre imaginé que todas las casas en el sur de Chile eran como la casa de la señora Frida. Un pequeño reducto del sur en el corazón del barrio, al que para llegar a él debíamos cruzar el único paso de cebra de la población.

La semana pasada visité la ciudad de Puerto Montt. Como años anteriores, estuve en Alerce, en la Escuela Rural Los Colonos; entre hualles y arrayanes, tocones de alerce, leímos poesía. En este viaje tuve la oportunidad de visitar la casa del poeta Nelson Navarro Cendoya nacido el 44 en la Isla Caucahué, Quemchi y radicado en Puerto Montt desde la década del setenta. En este tiempo de caminos asumidos y por asumir, con el tiempo a cuestas el poeta sale a nuestro encuentro; mientras nos hace pasar a su casa, una mujer le ofrece salmón fresco. Nos espera con milcaos, empanadas de manzanas y un té. Mientras hierve la tetera en la estufa de leña, nos habla de la revista “Arcoíris de poesía”, que se publicó por más de tres décadas. Gracias a la revista, tuvo la oportunidad de conocer diversos referentes de la poesía nacional de la década del 80. 

En sus puertas, ventanas y paredes de madera, donde la vida y los seres que lo transitan pueden asumirse y rearmarse en torno a una conversación a través de la palabra poética, por su casa pasaron poetas como Gonzalo Rojas; Jorge Teillier, Miguel Arteche, Floridor Pérez, Enrique Lihn, Carmen Berenguer, Manuel Silva Acevedo, Elvira Hernández, Malú Urrriola, Elicura Chiuailaf y Leonel Lienlaf. De ello dan cuenta las fotografías colgadas en una de las paredes del taller donde escribe. Me regala su libro “Los peces que vienen” (Ed. Polígono, 1993).

El poeta Nelson Navarro Cendoya se caracteriza por trazar una poesía intimista y citadina, cuya representación del territorio se mueve de lo rural y lo isleño a lo urbano. Da cuenta del choque dramático entre tradición y modernidad.  Fijamos la conversación en su inmensa humanidad; en lo mítico, lo telúrico, los rostros y los valores de los seres sencillos, para hacer frente a la transculturización y al desarraigo. Paisajes extraídos de bosques y aldeas. No tengo duda, estoy frente a uno de los últimos poetas láricos de su generación.

Mientras escribo esta nota, escucho en la voz de Eduardo Peralta: “El agua” de Miguel Arteche y “Un desconocido silba en el bosque” de Jorge Teillier; me acordé de que mientras esperaba en el aeropuerto el Tepual mi regreso a Santiago, escribí unos versos que narran mi vista a la casa del escritor Nelson Navarro Cendoya. Con este poema deseo agradecer al poeta su tiempo y hospitalidad para retomar aquello que hemos perdido, conversar:

Visita a la casa del poeta Nelson Navarro Cendoya 

Entramos en la casa empujados por una mano invisible

terremotos y versos de amor en los libros

constelaciones

en la humedad de los rincones

en las tablas del piso

la masa que leuda 

en la miel

parece que ya está todo escrito

todo lo dice la lluvia

al paisaje regresan los peces

que

con palabras va descamando

aldeas

calles que ya no existen

no me pregunta nada el presente

nada

su poesía levanta el polvo de las hojas

papeles arrugados

estrellas

cercos podridos

niños que entierran las uñas en el pan recién hecho

casas que olvidamos

sube la marea

abre y expande el viento

también queremos volver al sur

poeta

caminar por senderos ocre que llevan a tu casa

remar en largas tardes plateadas

donde las manos azules de los brujos que soportan el frío

leen a San Juan de la Cruz

no es necesario llevar flores al cementerio

sin viento sur

se muere día a día.

                                            16-diciembre-2024

Igual que cuando visitaba la casa de la amiga de mi madre en Conchalí, del mismo modo lo hicimos con mi amigo Mauricio Cáceres al cruzar el paso de cebra para visitar al poeta Nelson Navarro Cendoya en su casa de Puerto Montt.  A la morada del último poeta lárico de su generación se llega cruzando el paso de cebra que hay en la esquina de su casa, donde las palabras y los peces son un digno comienzo de recuperarnos en nuestra dignidad, detener el tiempo, oír los pulsos del otro, escuchar atentamente las historias vividas, leer un poema bajo la luz blanca de la claraboya sobre la estufa de leña: por los pasos de cebra volveremos al sur, y se llega a su casa.

También te puede interesar

Deja un comentario