Mientras desbarajusta el panorama financiero global, el presidente Donald Trump prosigue su batalla ideológica contra las universidades, los centros de investigación científica, los museos e instituciones culturales y los tribunales.
De libros
En 1960 la casa editorial Gallimard, de Francia, publicó un libro titulado Le Matin de Magiciens que un año más tarde saldría al mercado en español con el título de El retorno de los brujos.
Los autores, el periodista Louis Pauwells y el polifacético Jacques Bergier, enfocaron su trabajo en la parapsicología, las civilizaciones extintas, los fenómenos extrasensoriales y la supuesta vinculación entre el nazismo, cultos esotéricos y mitos indoeuropeos (léase “arios”). A su método, los autores bautizaron como “realismo fantástico”.

En 2020 el etnógrafo, comentarista político y académico estadounidense Benjamin Teitelbaum, quien ha dedicado su labor al estudio de la extrema derecha extremista, publicó su libro titulado War for Eternity cuyo subtítulo puede traducirse como “El retorno del Tradicionalismo y el ascenso de la derecha populista”.
La obra de 336 páginas sigue las idas y venidas de ideólogos, filósofos y agitadores de las derechas nacionalistas en Estados Unidos, Europa, Brasil y Rusia entre ellos y en el centro de la narración figuran Steve Bannon el asesor del presidente Donald Trump, y Olavo de Carvalho, el ex consejero del presidente Jair Bolsonaro.
Teitelbaum expone, con detalle, aunque muchas veces sin fuentes que corroboren su versión, las supuestas vinculaciones del Tradicionalismo con mitos indoeuropeos que explican el ímpetu revolucionario de sus promotores y el trasfondo religioso de su celo.
Esta corriente ideológica adversa el capitalismo tanto como el comunismo, el fascismo, el nazismo, el liberalismo y todo lo que cae dentro del universo filosófico, científico, económico, artístico, político, histórico y cultural de la Modernidad.
La Modernidad se sustenta en tres pilares: la visión de la historia como un proceso lineal, la noción de que la humanidad progresa, y la primacía del individuo como valor supremo.
El Tradicionalismo considera la historia como un proceso cíclico, con etapas que se reiteran y en el cual los valores espirituales y la pertenencia a la familia, la tribu, la nación son más importantes que el individuo.
En el hinduismo hay cuatro castas: los brahmins (sacerdotes o maestros), kshatriyas (gobernantes o guerreros), vaishyas (granjeros o mercaderes) y sudras (obreros o sirvientes).
Es el orden social milenario y cada casta tiene su tiempo de predominio. La sociedad moderna, mercantil, individualista ha corroído las tradiciones y ahora llega el tiempo de los guerreros y caudillos excepcionales (hombres, todos ellos, eso sí).
Los tradicionalistas “ven, por un lado, en Occidente el capitalismo, el multiculturalismo, el secularismo y el caos y por otro Asia, cuna de las tradiciones, el patriarcado, la pureza étnica, el orden y la espiritualidad más vigorosa en el mundo de hoy”, escribió Teitelbaum. “Luchan para resucitar lo que ven como el mundo premoderno, con un ejército de soldados espirituales para una guerra contra la modernidad”.
Entre casa

Mientras el resto del mundo y la atención de los medios siguen, fascinados, los vaivenes de la guerra comercial que Trump ha declarado a casi todas las naciones, dentro de Estados Unidos el trumpismo hostiga a las universidades, los museos, los inmigrantes, los empleados públicos, las instituciones de investigación científica, las agencias de gobierno que se ocupan de asuntos como el ambiente y el clima, y desafía las órdenes de los tribunales.
Esta semana el gobierno de Trump congeló más de 2.000 millones de dólares en asistencia federal a la universidad Harvard después que esa institución rechazó las demandas de la Casa Blanca que apuntaban, según la versión gubernamental, a combatir el antisemitismo. Las demandas incluían cambios en la contratación de personal, la admisión de estudiantes, y la enseñanza.
Entre esas demandas, Trump quiere que la universidad informe al gobierno federal sobre los estudiantes que son “hostiles a los valores estadounidenses”. En su mayoría esos estudiantes han participado en manifestaciones de apoyo a los palestinos.
El gobierno ya ha revocado las visas de cientos de estudiantes extranjeros y ha detenido al menos una docena de ellos en unas ochenta universidades de todo el país, a menudo sin advertencia ni recurso de apelación.
Al igual que con los despidos expeditos de decenas de miles de empleados del gobierno federal y las captura y deportación de inmigrantes el impacto de las detenciones y revocaciones de visas de estudiantes va más allá del número de personas afectadas: siembran temor en el resto de las comunidades.
Pero para millones de estadounidenses, los estudiantes extranjeros que se tornan revoltosos bien se merecen aquello de que “si no te gusta, te vas”.
Las universidades son, por definición, sitios donde la gente se educa, se fomenta la investigación, la innovación, la creatividad, el cuestionamiento. En EE.UU., son, además, el territorio donde por tres o cuatro décadas ha habido programas enfocados en minorías étnicas, raciales y de género. Es decir, agentes disolventes de la sociedad tradicional.
Pero para un segmento de la ciudadanía, las universidades son instituciones elitistas que con gusto han recibido miles de millones de dólares del gobierno federal y ahora se quejan porque Trump les pasa la cuenta.
Una hostilidad similar por parte del gobierno de Trump guía sus ataques contra la investigación científica y ha cancelado los fondos de unos 770 programas activos en los Institutos Nacionales de Salud (NIH, por su sigla en inglés).
Un análisis de la revista Nature encontró que casi el 29 % de las asignaciones canceladas afectan programas que mencionaban el virus y el síndrome de inmunodeficiencia humana (SIDA/VIH), y otro 24,3 % corresponde a investigaciones relacionadas con la salud de las personas transgénero, y un 17% a programas de estudio del Covid.
Como resultado de esa retención selectiva de fondos quedaron terminados el 50,6 % de los proyectos de investigación relacionados con la comunidad LGBTQ, y el 45,8 % de los enfocados en la población transgénero.
Un segmento de los votantes de Trump persiste en la noción de que el SIDA es el castigo divino por la homosexualidad.
Dentro de los varios institutos especializados de NIH, ha resultado con mayores impactos el Instituto Nacional de Salud de las Minorías y Disparidades en la Salud, un trámite que no registra en el radar de la mayoría de los estadounidenses.
Trump se designó como presidente del Centro Kennedy para las Artes, una institución cultural de fama mundial, y le ordenó al Instituto Smithsoniano que modifique o elimine los programas que destacan la diversidad de la sociedad estadounidense.
En particular el decreto de Trump sostuvo que el Museo Nacional de Historia y Cultura AfroAmericana –el más nuevo de los museos que administra el Smithsonian en el parque central de Washington- promueve una “ideología inapropiada”.

Esta semana Trump se rehusó a cumplir con la orden del Tribunal Supremo de Justicia para que retorne a EE.UU. un salvadoreño deportado por error, e indicó que considera la posibilidad de enviar ciudadanos estadounidenses al gulag centroamericano que, contra pago de 6 millones de dólares por un año, ha proporcionado el presidente Nayib Bukele.
En el ámbito geopolítico, Trump está alineado con los tradicionalistas que promueven un repliegue militar de Estados Unidos y una cooperación con Vladimir Putin, que es cristiano y blanco, y un acomodo con la teocracia de Irán para confrontar al verdadero enemigo de todos: China.
Epílogo

En un poema de catorce estrofas, escrito en 1797, Johann Wolfgang van Goethe cuenta la aventura y desventura de un aprendiz de brujo que encanta una escoba para que vaya a buscar agua con un balde. El aprendiz, que sí supo cómo hechizar la escoba para que le haga la tarea, no sabe el truco para detenerla.
A hachazos el aprendiz intenta detener la escoba que le anega el recinto, pero cada fragmento de escoba se transforma en una nueva que trae más baldes de agua y causa una inundación.
El desastre continúa hasta que el brujo viejo regresa, quiebra el hechizo de la escoba y comenta que un maestro sólo debería convocar espíritus potentes si es capaz de controlarlos.