De China con amor: tres miradas al orden mundial 

por Fernando Ayala

Nadie parece dudar que el orden mundial existente, nacido en 1945 ha envejecido mal y su cara más visible, Naciones Unidas, va camino a la irrelevancia si no es reformada. Hay un grito ahogado de potencias intermedias que reclaman mayor participación en los asuntos globales y al resto de los países, cuya voz no alcanza a ser oída, se suma una opinión pública que cada día cree menos en el organismo internacional. A los problemas heredados del siglo XX, se agregan nuevas amenazas al planeta junto a la constante de la guerra, que nunca ha dejado de estar presente. La historia nos enseña que el escenario u orden internacional solo ha cambiado luego de grandes guerras. Así fue con el Congreso de Viena en 1815 -después de la derrota de Napoleón- que dieron casi 100 años de paz a Europa. La Gran Guerra de 1914-1918 dio origen al año siguiente a la Sociedad de las Naciones, creada en Ginebra por cerca de 60 países y que fue el primer organismo con pretensiones globales para el mantenimiento de la paz y el desarme, pero que rápidamente fue perdiendo legitimidad por el retiro de los países que se preparaban para la guerra, como Alemania, Italia o Japón. La paradoja mayor fue que Estados Unidos, su principal impulsor de la mano del presidente Woodrow Wilson, no llegó a formar parte del organismo al no ser aprobado en el congreso de su país. El actual orden internacional, que es la larga sombra del siglo XX, fue impuesto por los países vencedores en la Conferencia de San Francisco, dando origen a Naciones Unidas, de cierta manera como la prolongación de lo que había sido la Sociedad de las Naciones, teniendo como objetivo preservar la paz y seguridad internacional. 

¿Será posible modificar el orden mundial sin una nueva guerra? ¿El derecho internacional, base del funcionamiento de Naciones Unidas y de la convivencia de los estados, ¿existe en la realidad o ha pasado a ser una ficción la cual nadie se atreve a reconocer? Los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad (China, Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Rusia) con derecho a veto, son en la práctica quienes controlan un orden mundial tutelado o protegido por ellos, no democrático en su esencia, que defiende sus intereses y de sus aliados, y que no impide las guerras, masacres y abusos de poder del más fuerte, como observamos diariamente por la televisión, ¿Renunciarán voluntariamente a su poder para democratizar el Consejo de Seguridad? 

En el último trimestre del presente año los cinco miembros controladores, en sesiones secretas, presentarán un nombre a los 10 miembros no permanentes del Consejo de Seguridad, que deberá ser ratificado por la Asamblea General de Naciones Unidas. Por una regla no escrita en la Carta del organismo, el cargo rota entre continentes y debiera corresponder a América Latina en esta oportunidad. También se espera que, por primera vez, sea designada una mujer, no existiendo ninguna seguridad de que ello ocurra. ¿Lo permitirán los cinco miembros permanentes? Sin duda, por el momento que atraviesa la política internacional y las características de sus principales líderes, se supone que no será fácil consensuar un nombre y mucho dependerá de lo que se negocie.

Podemos diferenciar tres grupos de países con perspectivas e intereses diversos respecto al futuro de Naciones Unidas, a cómo reformarla y a quién apoyar a la secretaría general. El primero es el de los “países en desarrollo”, que no es lo mismo que el llamado “sur global”, que es una categorización más geopolítica, pero parecidos en su estructura. Ambos son países con grados de desarrollo económico asimétricos, posturas ideológicas diferentes, alineamientos varios, intereses diversos, condicionados muchas veces por las grandes potencias por lo que difícilmente adoptan posiciones comunes. En el caso de América Latina ninguno de los países que la componen es desarrollado de acuerdo con los estándares internacionales, sus líderes actuales mantienen una difícil comunicación y difieren en muchos temas de la agenda internacional. Un segundo grupo son las potencias intermedias, como la India, Brasil, Turquía, Irán, Sudáfrica, Japón o Alemania. La Unión Europea, que busca tener una sola voz en política exterior, ya cuenta con Francia en el Consejo de Seguridad, pero no así Alemania, primera economía de Europa y tercera a nivel mundial, que además espera crear el ejército más fuerte del continente, según ha declarado su Canciller federal. Italia también se siente llamada a ser parte del exclusivo grupo. Todas estas potencias intermedias buscan reformar y tener un asiento permanente en el Consejo de seguridad. Si volvemos a la creación de Naciones Unidas en 1945, países como la India, hoy el más poblado del planeta, era una colonia británica y en África solo tres países de los 54 existentes hoy, eran estados independientes. 

Luego tenemos a los cinco miembros permanentes de los cuales tres son las más grandes potencias económicas y/o militares: Estados Unidos, China y Rusia, pero los cinco se resisten al cambio, es decir abrir o democratizar el Consejo de Seguridad. Mantener el statu quo deslegitima cada vez más a Naciones Unidas en su conjunto, pero parece difícil por ahora que exista la voluntad de alguno de ellos para empujar una apertura o una propuesta de cambio verdadera. Durante 80 años han contado con el control absoluto del organismo, utilizando la principal herramienta que disponen: el derecho a veto. Así el Consejo de Seguridad no evitó la guerra de Corea, ni la de Vietnam, tampoco la de Irán e Irak, ni la de Unión Soviética con Afganistán, ni la guerra en Yugoslavia, o de la OTAN contra Serbia, las guerras del Golfo iniciadas por Estados Unidos, los conflictos en África, las agresiones de Israel al Líbano, la de Rusia con Ucrania, las guerras civiles en Siria, la de Israel y Estados Unidos contra Irán, por nombrar algunas. Hoy el mundo continúa arrastrando divisiones ideológicas del siglo XX a las que se han sumado los problemas que afectan al planeta como el calentamiento global, el deshielo de los polos, la crisis energética, el gasto en armas o la crisis alimentaria y desnutrición de parte importante de la población en los países en desarrollo.

América Latina ha presentado cuatro candidaturas a la secretaría general de Naciones Unidas, tres mujeres: Rebeca Grynspan apoyada por su país, Costa Rica; Michelle Bachelet, sostenida por Brasil y México al serle negado el apoyo del gobierno chileno; Fernanda Espinosa, ecuatoriana, presentada por Antigua y Barbuda. A estas se suma Rafael Grossi, argentino, con el respaldo de su gobierno. Ello nos muestra en primer lugar el mal momento de la pretendida unidad latinoamericana por la ausencia de coordinación, diálogo y de madurez política al no poder los gobiernos coordinar una candidatura única, lo que le resta fuerza a la región.

Así las cosas, es difícil prever quién será el o la próxima secretaria general de Naciones Unidas. Si los astros se alinean y la designación cae en América Latina y en una mujer, entonces y sin desmerecer a los otros candidatos, debiera ser Michelle Bachelet, por su experiencia y currículo: dos veces presidente de Chile, secretaria general adjunta de Naciones Unidas, ha encabezado ONU Mujeres y ha sido Alta Comisionada para los Derechos Humanos. Difícilmente una empresa de head hunters podría proponer a alguien mejor al cargo de la secretaría general. Ahora vendrán las sesiones secretas de los cinco miembros quienes develarán sus candidaturas y comenzará la negociación donde la voz final la tienen los cinco jefes de Estado que representan el 24,6% de la población mundial y que recomendarán un o una candidata. Los 188 países restantes, es decir el 75,4% de la humanidad tendrán la oportunidad de ratificar, abstenerse o rechazar al o la candidata que sea propuesta. Nunca se ha rechazado la recomendación del Consejo de Seguridad.

La reciente reunión Cumbre de los presidentes Xi Jinping y Donald Trump, efectuada entre el 13 y 15 de mayo en Beijín, han dado algunas luces respecto al orden mundial. El mandatario chino ha recordado que ambos países deben evitar la trampa de Tucídides, donde una potencia emergente amenaza la hegemonía dominante y que muchas veces han terminado en guerras. Señaló que con la colaboración y entendimiento todos ganan, no así si hay conflicto, donde todos pierden. Con seguridad en las reuniones de trabajo -preparadas con meses de anticipación- ambos presidentes habrán discutido los nudos principales de la agenda global, donde además de conflictos no resueltos, ambas partes habrán mostrado sus prioridades: para China, Taiwán, como lo dejó explícitamente claro Xi. Para Estados Unidos y su aliado incondicional Israel, impedir que Irán desarrolle armas nucleares. La agenda de temas debe haber sido larga, tanto así que Trump invitó al presidente chino a visitar Washington en septiembre próximo, mientras que el presidente ruso Vladimir Putin, llegaría a Beijín este martes 19 de mayo.

Solo la colaboración y entendimiento, es decir, trabajar para construir un nuevo orden, es la responsabilidad que cargan las tres grandes potencias donde dos se encuentran en guerras. Todos deberán sopesar sus intereses y proponer reformar el orden internacional donde el derecho internacional recupere el valor y se imponga frente a la fuerza para avanzar de manera conjunta a enfrentar los desafíos actuales, dar participación a los nuevos actores y no relegar al resto, a la inmensa mayoría de la humanidad, a ser meros espectadores.

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1 comment

Ricardo Varela C. mayo 21, 2026 - 1:15 pm

La ONU de madre muerta, vive en dormancia y morirá en absoluta inoperancia.
Michelle deberá ser la última Secretario General y la encargada de apagar la luz al salir. Se requiere de mucha capacidad de liderazgo para realizar limpiamente una tarea como esa.
Parece ser que una nueva asociación de Estados no tendría un mejor futuro a no ser que se plantee en base a poblaciones y no a naciones. Una agrupación de voluntades de personas, grupos, territorios o lo que sea que una a grupos equivalentes representando a la humanidad y no los intereses particulares de cada nación.
Un cambio de paradigmas sólo posible en la afiebrada mente de pacifistas, hippies, artistas, pensadores y verdaderos humanos.

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