Qué regresa con la historia 

por Mario Valdivia

(Una conocida que funca de gastrónoma y fungicultora en la subida a Valle Hermoso, de Atacalco para arriba, y que en aquellos tiempos laburaba como asistente de un parlamentario progresista, me escribe en afán de avanzar más allá del anuncio del regreso de la historiaQuiere sugerir qué es lo que vuelve con ella. Hago Cut y Paste con prolijidad)

La historia regresa por el olor a podrido de las flores nacidas en la fértil tierra del Iluminismo en el siglo pasado: el socialismo real, la liberación nacional, la socialdemocracia, el liberalismo democrático. Lo nuevo es más opaco y más brillante al mismo tiempo, menos claro y atildado, menos inspirado en la razón, más arbitrario, como es siempre la historia. 

Amanece para la política, la que declara cargada de emociones. Llega el ocaso para las políticas públicas, las administradoras eficientes. 

Que la historia culmina, siempre le parece así al perro grande con pretensiones únicas. Con el fin de su fin, retorna la anarquía a la geoeconomía y geopolítica, desgastado el orden global, la oxidada joya de la corona de fines del Siglo XX. (Un mono orden siempre esconde un mono mero) Vuelve aquello que la academia – esa Juan Bautista moderna – llama multipolaridad, la competencia de bandas de perros sin un gran can que las ordene a todas. Un mundo, además, movilizado por el miedo de los perros viejos a la emergencia de canes jóvenes con más energía y sueños destemplados. Inestable, peligroso, de grandes ambiciones y gatillo fácil. 

Regresa el nacionalismo. Con el orden y la inspiración globales carcomidos por la falta de aprecio, los sueños de felicidad fallidos y las esperanzas igualitarias truncadas, vuelven las víctimas propiciatorias, los viejos rencores territoriales, las tentaciones de reparación y revancha, tanto como los afanes venturosos rupturistas. Conviene a los grandes canes, ocupados de retos más grandes, contar con tenientes de medio peso para mantener dominadas a sus jaurías, siempre levantiscas. Vuelven las competencias locales, los tarascones para hacerse un lugar en el orden pandillero en medio del desorden.  

Es un mundo más riesgoso y también más abierto, más libre, con más oportunidades para una audacia astuta de pies ligeros y el corazón caliente de sueños. Un mundo que adviene lleno de aventuras, en el cual, eso sí, hay que aventurarse, o bien resignarse a funcar de sherpa.

Un mundo contingente trae consigo la historia, a múltiples actores llevando agua a su molino a topetones. Ahora, puede que la contingencia sea más superficial que de aguas profundas. Lo malo es que es el lugar donde vivimos casi todas, lectoras de diarios, ¡qué exageración histérica del presente!, más que de libros de historia que lo desenmascaran como pasado transitando por su cuenta hacia el futuro. Es aparente a buceadores de las honduras que el paso del tiempo tiene más regularidad de lo que parece. Resurge como resurrección el conflicto milenario Europa- Rusia, disputa marcada por un cisma religioso ocurrido en 1054; y solamente marcado ese año, sus raíces son mucho más antiguas. Recrudece el conflicto Shia Sunni que atormenta al mundo musulmán hace 1300 años. Rebrota la rabia étnica Judeo Cristiana Islámica en Medio Oriente, hundida en la niebla de milenios AEC. China se propone abiertamente superar el ´Siglo De Humillación´ impuesto por las potencias accidentales, los norteamericanos en particular, y recuperar el sitial acostumbrado como Centro Del Mundo Bajo El Cielo. India y ella se miran con la vieja sospecha mezclada con el desprecio de siempre. Y Latinoamérica no carece de emociones acumuladas prestas a reencenderse. 

Seguro que estas relaciones moldeadas desde antiguo dan mejores pistas de lo que viene. Capaz que la historia sea más fácil de anticipar después de todo. Fue su muerte presunta – borrón y cuenta nueva, aseguraron grandes canes, respectivamente, aquí vengo yo acarreando el futuro hasta el fin de los tiempos – la que instaló la peregrina idea de que el pasado está ido, una bolsa de recuerdos ingrávidos plenamente olvidables – malos entendidos, equivocaciones -, y creernos dueños de una espontaneidad ilimitada. Animales de superficie, nos encandilamos con nuestra capacidad de producir contingencias desde la nada. El fin de estos Hombres Dioses caprichosos e impredecibles, maravillados y miedosos de su imagen en el espejo, trae el fin del fin de la historia. 

Y al final, también en aguas profundas – ¿más o menos hondas que las anteriores? -, hay que reconocer la operación de unas fuerzas que nos arrastran a todos: la acumulación de capital y el ordenamiento tecnológico. Las mismas que estaban presentes cuando el cuento del fin de la historia se encarnó como realidad terminal. Son también ellas quizás las que enmarcan el regreso de la historia. La que nos asigna una cuota de libertad, pero solo una cuota, para jugar juegos declarativos, como hace siempre con los seres humanos. 

(Por wasap le pregunto a la comadre, ¿qué quiere que saque en limpio? La respuesta demora porque para agarrar interné tiene que ir a Pinto. Pero finalmente llega. Dice que oiga si tengo oídos para oír. ¿Y si no tengo?, quiero que me diga. Si no, estoy condenado a producir espuma en la superficie de las aguas que cubren el abismo. Le mando un insulto que no responde hasta el día de hoy)

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