Entre algunos que forman parte del mundo progresista, se escucha como un murmullo soterrado que, a fin de cuentas, sería mejor que Matthei pasara a la segunda vuelta antes que Kast. Más de alguno, incluso, asegura que sería preferible a que no lo hiciera Jara. Así, se va desplegando un cierto velo de ambigüedades que, al final, opaca las distinciones más elementales. Hay mundos distintos, estas candidaturas no representan lo mismo y muchas veces no son lo que dicen ser. Una serie de encubrimientos en los discursos electorales, a veces hacen perder el perfil de las propuestas. Vale la pena desmenuzar el tramado de máscaras que cada cual construye.
Este fin de semana, en Estados Unidos, se realizaron más de 2.000 movilizaciones bajo la consigna “Día sin Reyes”, contra las políticas autoritarias del presidente Trump, en la que se estima siete millones de ciudadanos salieron a las calles a manifestarse. Y sus razones tenían. Trump, usando un lenguaje agresivo y mentiroso, ha ido creando una situación de confrontación altamente peligrosa y que pone en cuestión los principios democráticos que han caracterizado al sistema político norteamericano. En sus declaraciones, ha denunciado que su país estaría siendo invadido por extranjeros (migrantes) que ponen en peligro la esencia de su cultura y su país. Con este argumento, ha invocado la Ley de Insurrección de 1807, que faculta al gobierno federal a través del ejército a intervenir en los estados en casos de insurrección o invasión extranjera, entre otras cosas. Pero ese no es el problema. El verdadero problema radica en que esa caracterización de la causa no admite ningún análisis.

No hay un solo medio independiente ni académico ni judicial que haya acreditado la existencia de un estado insurreccional en algún territorio del país del norte. De allí las protestas, pacíficas, coherentes, sustentadas en derechos constitucionales. Sin embargo, el propio Trump y sus socios republicanos, hablan de una protesta organizada por los comunistas, los terroristas de Hamas, los marxistas, los antifa, etc. Las declaraciones de Mike Jonhson son de antología: “Lo llamamos el ‘mitin de Odiar a América’ que ocurrirá el sábado. Apuesto a que verás a simpatizantes de Hamás. Apuesto a que verás tipos de antifa. Apuesto a que verás a los marxistas en plena exhibición, la gente que no quiere defender las verdades fundacionales de esta república.” Este es un clásico ejemplo de uso malicioso del lenguaje. Se afirman ciertas sentencias que se pretende tengan verdad por el solo hecho de ser enunciadas.
Algo similar ocurre en nuestra campaña electoral. El caso más patético es del candidato Kast y sus equipos. Hace un par de columnas atrás, hablé de su aseveración de que un ejército de personas adosadas al gobierno les quería robar la elección. Argumentos o evidencias, ninguna.

Hace algunos días, el mismo asesor principal de su campaña (exfuncionario público, por supuesto, y que aún parte de su sueldo proviene del estado), lanza una acusación a toda la clase política chilena, tildándolos de “parásitos” del estado, porque los funcionarios públicos han aumentado en 100.000 personas desde el año 2022. Obviamente, este vocero al que respalda plenamente el candidato, “lanza el número y esconde la mano”, y no da explicaciones. Organismos serios y creíbles que han estudiado el tema, señalan que la mitad de los empleos corresponden a municipios (entidades gestionadas por alcaldes de todos los sectores, más aumentos en salud, educación y policías). De hecho, el gobierno de Boric es el que menos ha aumentado la planta desde Bachelet II. Recomiendo leer la columna de Daniel Matamala en el diario La Tercera donde desnuda crudamente las mentiras de Valenzuela. Este mismo esquema de mentiras o medias verdades o derechamente manipulación de la realidad en el discurso es el eje conductor de la campaña de Kast. Los ejemplos están a la vista: recorte del gasto público que, según todos los especialistas que no están en su campaña, es inviable sin afectar de modo significativo el gasto social; expulsión de miles de migrantes lo que es técnica y operacionalmente imposible; expulsión de extranjeros que, por ejemplo, aseguran la cosecha de nuestros principales productos de exportación agrícola que es realizada, principalmente, por trabajadores bolivianos porque en Chile no hay suficiente mano de obra; meter en la cárcel a todos los ilegales al estilo Bukele, lo que en términos comparativos equivaldría a poner en entrerrejas a más o menos 400.000 personas, en recintos carcelarios que con 50.000 ya están saturados.
Esta ha sido una de las campañas más “trucha” que recuerdo. Su concepto principal, en torno al cual se estructura todo el mensaje, es una gruesa tergiversación de la realidad. Ellos han hablado de un gobierno de emergencia para un país que se cae a pedazos. Esa idea la comparten con aquellos que se disputan el legado de Jaime Guzmán. ¿El Chile de hoy es peor que el del año 2021, cuando Piñera terminaba su gobierno? ¿Diríamos que hoy vivimos peor que entonces? Uno podría estar tranquilamente de acuerdo en varios de los “condoros” que el gobierno se ha mandado durante estos años. Pero otra cosa muy diferente es que haya arruinado al país. Un botón de muestra: la aplicación duplicada del IPC en el cálculo del precio de la energía y su impacto en la inflación. Es un error, lo es. No debiera haberse producido: por supuesto que no, si se hubiesen hecho bien las cosas. Pero pasó y ¿eso ha producido una catástrofe?: evidentemente, no. Un respetado economista de la plaza, que sabe del tema eléctrico, señalaba que el efecto real de ese algoritmo en la inflación de los precios es completamente marginal. Suma, pero bien poquito. Otro ámbito: en términos de crecimiento, el nuestro es bajito y el potencial también. Las campañas de la derecha quieren hacernos creer que este bajo desempeño de la economía es solo responsabilidad de este gobierno, pero les cuesta resaltar que los problemas estructurales de la economía se arrastran desde hace años (productividad, inversión, innovación, por ejemplo), atravesando gobiernos de diferentes orientaciones. La verdad a medias tintas, la verdad enmascarada para torcer el mensaje, esa parece ser la tónica de esta contienda electoral.
Una última reflexión: el modo en que se enmascara la verdadera naturaleza de los y las candidatas. Kast decidió ocultar completamente su agenda valórica y política. ¿Significa que si llegara a ser presidente no desarrollaría políticas regresivas de ningún tipo en temas como la igualdad de géneros, aborto en tres causales, leyes paritarias, subsidios al empleo, divorcio o financiamiento de pensiones solidarias? Su postura no es creíble y va contra su propia naturaleza. Alguien podría decir lo mismo de Jeannette Jara, dada su condición de militante comunista. Sin embargo, hay una diferencia: mientras Kast simplemente se oculta en el silencio, Jara nunca ha negado su militancia y ha sido enfática en deslindarse en algunos temas que todavía enredan al PC, tales como el valor de la democracia, del diálogo y la construcción del cambio desde las reformas y no a través de los cambios refundacionales. No muy diferente es la posición de Matthei. Cuando a Jara la acusaban de ser la candidata del PC –cuando ya era la líder de una coalición de 9 partidos- nadie le atribuía a Evelyn ser la candidata de la UDI. A ella siempre se le identificaba como la candidata de Chile Vamos (ahora, hace no mucho le pusieron un par de apostillas: amarillos y demócratas). Y no tiene mucho sentido ahondar en su historia política, de la que se habla poco. (Ya saben, me refiero a su férreo pinochetismo inicial, a su morigeración democrática y a su titubeo actual respecto al tema).
Creo que necesitamos hacer un esfuerzo nacional por acercarnos a una elección de verdades y no de consignan fraudulentas. No me complica que gane la derecha porque eso es parte del juego democrático. Me parece que Kast es una especie de lobo encubierto y me gustaría desenmascararlo. Y la Matthei tiene demasiada historia y mucho tránsfuga en su alianza. Apostaré por Jara, entre otras cosas, porque es la que juega con menos máscaras.
1 comment
Toño, realmente el escenario.político parece moño de vieja: mentiras, agresiones, vulgaridades entre otros. Como tu bien dices es la peor campaña que he visto. Yo no sé por quien votar, creo que y, estoy casi segurs que a Janet Jara no la dejarán gobernar. Los chilenos y chilenas tienen una aversión al comunista y no saben lo que es, en Chile nunca a gobernado un comunista y, así y todo, le dan con el cuco
Toño un beso y un abrazo y muchos recuerdos