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Soñé que agonizaba en medio de sobresaltos,
que mis viejos amigos ya estaban muertos,
que deambulaba por calles cubiertas de niebla.
Pero ahí estaba mi viejo Bonsái
con su mirada protectora
salvándome en medio de la tormenta.
Entonces como gato con siete vidas
pude resucitar de esta pesadilla,
es que mi Bonsái siempre vigila mis sueños.
La ciudad extraña a los ausentes,
hay pasos perdidos en el asfalto,
mis amigos están confinados por la peste.
Me acompaña mi viejo Bonsái,
mudo testigo de mis sueños perdidos,
en la soledad de mi encierro.
La ciudad se recoge amenazante
con ira contenida por el miedo,
se sienten remolinos de niebla.
Mi viejo Bonsái me reconforta,
con mundos mágicos e historias antiguas
mientras, yo solo envejezco.