La defraudación de las expectativas tras seis meses de gobierno

por Marcelo Contreras

Tal como lo reflejan las encuestas, en sus primeros seis meses de gestión, el gobierno ha defraudado las altas expectativas generadas por sus promesas de campaña. Lejos de retomar un mayor dinamismo, la economía muestra claros signos de desaceleración, la inflación y el desempleo superan los niveles proyectados, mientras la delincuencia continúa inquietando en sus muy diferentes manifestaciones. Son pocos los inmigrantes ilegales que han acogido la invitación presidencial para abandonar el país. Y, en expectativas evidentes, cada vez menos chilenos piensan que la situación cambiará en el corto plazo. Mas bien predomina una sensación de pesimismo respecto del futuro, por más que el gobierno se esfuerce en llamar a mantener alguna esperanza.

En el oficialismo cunde la preocupación. La senadora Paulina Núñez ha hecho un llamado al realismo legislativo frente a la compleja agenda que enfrenta el Ejecutivo en este segundo semestre. Partiendo por la ley de presupuesto que el gobierno debe presentar antes de fines de mes, además de la reforma de la seguridad, luego que naufragara el pretencioso proyecto presentado por La Moneda, obligando a senadores oficialistas a trabajar uno más modesto y realista, que pueda generar consenso con sectores de la oposición. El ministro Quiróz pone fichas en la reforma al mercado de capitales, mientras se reiteran observaciones al financiamiento de la sala cuna universal y las inquietudes por el nuevo plan pro-empleo y una reforma al sistema político que garantice mayor gobernabilidad.

En el discurso, el gobierno llama a construir acuerdos, pero en su práctica lo impide, tal como quedara en evidencia en la tramitación de la llamada mega reforma, en donde no hubo espacios para el diálogo o disposición para acoger las propuestas de la oposición. Algo parecido sucedió con la reforma en materia de seguridad, en donde no hubo un trabajo prelegislativo y no logró ni tan siquiera el apoyo del oficialismo.

En lo más reciente, el Ejecutivo sufrió un nuevo traspié legislativo con el rechazo del proyecto que ampliaba el plazo de detención para los inmigrantes ilegales. Las críticas en el oficialismo no demoraron. Los dardos apuntan al ministro de la Segpres, García Ruminot, militante de RN. Críticas rechazadas por ese partido, que aboga por un mayor realismo legislativo.

El gobierno no tiene mayoría parlamentaria y debe construirla en base al realismo y necesario pragmatismo. Partiendo por la precaria alianza de gobierno, para luego intentar sumar a diversos sectores de la derecha, como los libertarios de Johannes Kaiser que reiteran su autonomía y distancia de La Moneda. Los vínculos con la oposición continúan frágiles y durante septiembre han sobrado razones para acentuar dicho distanciamiento.

La adhesión de Kast al Escudo de las Américas

Sin consultas conocidas, el gobierno decidió pasar de su carácter de observador a miembro del llamado “Escudo de las Américas”, una asociación impulsada por Donald Trump, que agrupa a países gobernados por la derecha y ultraderecha de la región y que tendría como propósito luchar en contra del narco tráfico y el crimen organizado, sin precisión clara de sus alcances. En principio, nadie puede estar en contra de incrementar la cooperación y el intercambio de información respecto del crimen organizado. “No es un tratado (para lo cual se requeriría la aprobación del congreso) ni implica ceder soberanía” ha sostenido el presidente José Antonio Kast, pero no se entiende muy bien la necesidad de una nueva asociación, sino reforzar los mecanismos existentes, sin derivadas ideológicas ni predominio de una gran potencia. El problema radica en el rol dominante de Trump en esta flamante asociación y su apuesta por imponer la llamada “doctrina Donroe” que pretende definir a la región como la zona de influencia de los EE. UU. y en cuáles serán sus exigencias próximas para integrar dicha asociación. Algunas de ellas ya han sido explicitadas por el propio Trump, como abandonar la Corte Penal Internacional (“grupo de personas malvadas”) y exigir el incremento del gasto en defensa militar.

Según el locuaz e incontinente embajador Brandon Judd, la doctrina Donroe ya está operativa en Chile. Una afirmación desmentida por el Canciller Pérez Mackenna, pero avalada por el creciente alineamiento de Kast, como lo prueba el hecho que decidiera no respaldar la postulación de la expresidenta Michelle Bachelet a la secretaria general de la ONU, lo cual equivalía a vetarla. Algo más que consistente con la conducta del presidente chileno ante las directrices del mandatario estadounidense.

Ciertamente la reciente Asamblea General de Las Naciones Unidas no entregó muy buenas noticias para el mundo. Partiendo por el agresivo discurso de Donald Trump insinuando la posibilidad de aniquilar a Irán, anunciando una inminente caída del régimen cubano y ratificando que impondrá su zona de influencia en nuestra región. Su discurso estuvo centrado en la política doméstica de su país, teniendo a la vista las próximas elecciones de mitad de mandato, en donde las encuestas predicen una clara derrota para los republicanos. Es muy dudoso, sin embargo, que este resultado adverso pueda cambiar radicalmente el giro de su gobierno, pero, sin duda, lo condiciona.

Particularmente patética fue la visita de Delcy Rodríguez, presidenta encargada de Venezuela, que ha optado por convertirse en un verdadero protectorado de EE.UU. Nada queda del llamado socialismo del siglo 21 que fundara Hugo Chávez y aún no se sabe cuándo ese país podrá recuperar su democracia, mientras María Corina Machado deambula por la región sin poder ingresar a Caracas, luego de su vergonzante aproximación a Trump.

En relación con Cuba, el gobierno de Trump ha optado por endurecer las medidas de bloqueo económico intentado ahogar definitivamente a la alicaída isla. Con todo, el gobierno cubano ha anunciado que resistirá estas presiones, introduciendo urgentes reformas económicas para soportar la brutal embestida del norte.

El presidente Kast eligió su reciente viaje a la Asamblea General de la ONU para dar a conocer su decisión de integrarse, sin complejos, al Club de Trump. Aunque algo previsible, en la lectura de su discurso, ante un auditorio casi vacío, el mandatario lejos de asumirse como jefe de Estado reiteró palabras militantes más propias del Foro de Madrid, insistiendo en atribuirle responsabilidades al gobierno anterior por los graves problemas que afectan al país tras sus primeros seis meses de gestión.

Tras su retorno al país, el Canciller comparecerá al parlamento para enfrentar su primera interpelación, en donde no tan sólo deberá responder por la decisión de no respaldar la postulación de la expresidenta Bachelet sino, principalmente, por la incorporación de nuestro país al flamante Escudo de las Américas y asumir los serios cuestionamientos a la política exterior del gobierno.

¿En qué está la oposición?

Resulta fácil criticar a la oposición, acusándola de irrelevancia en el nuevo escenario marcado por su derrota, pero es también algo desproporcionado. A la necesaria reflexión acerca de las causas de aquella derrota, se suma la tarea de repensar el futuro, defender las conquistas sociales y el legado de los gobiernos progresistas y buscar la recomposición de sus lazos con la sociedad, asumiendo los cambios acaecidos en el mundo y nuestra región en la última década.

Su labor no es tan sólo oponerse a una agenda de restauración conservadora en curso sino también presentar propuestas, tal como lo hiciera durante la discusión de la mega reforma o contra reforma tributaria, propuestas sobre el empleo, la seguridad. Por más que esas propuestas no hayan tenido acogida por parte del gobierno

No es una tarea fácil en un escenario marcado por la polarización y disgregación política. Con una pérdida de la confianza ciudadana en el quehacer partidario, alimentada adicionalmente por poderes fácticos que apoyan al gobierno. En lo esencial, la oposición requiere de una sólida unidad en la acción, así como incentivar la movilización social para validar su propia agenda de reformas. Transformar aquella unidad en una alternativa viable de gobierno es una tarea de mediano plazo, que requiere de la maduración del proceso de reflexión, autocrítica y elaboración de un nuevo proyecto de futuro.

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