Los pies de barro de la socialdemocracia

por Mario Valdivia

(Publicado a petición del grupo de progresistas retirados Mayulermu, como parte del proyecto “Qué Hacer Con La Izquierda, presumiblemente desde la izquierda”)

La socialdemocracia europea es quizás lo mejor que produce el Siglo XX. Combina progreso económico con bienestar social, basada en una alianza entre trabajadores y capitalistas que articula liberalismo e intervención estatal. Crea innovación y estabilidad, crecimiento e igualdad, seguramente una experiencia virtuosa como nunca antes en la historia. Una democracia ejemplar.

Pero la social democracia tiene pies de barro que no reconoce de buena gana. Su existencia depende de la URSS, el Campo Socialista y el movimiento comunista de Europa. El miedo de muerte que eso provoca a los capitalistas europeos los dispone a negociar con apertura, a conceder con dolor lo que parece inevitable, poniendo buena cara al mal tiempo. Posiblemente eso, la buena cara, contribuye a confundir a muchos que no deberían. Al final, en cuanto se derrumba el campo socialista y el movimiento comunista, el capitalismo europeo vuelve a las viejas andadas liberalistas extremosas, de la Tercera Vía en adelante.

No solo se teme en Europa. También en EEUU impera el temor al comunismo en el mundo, especialmente a la debilidad de Europa para resistirlo, para no dejarse seducir por él. Por eso, los capitales norteamericanos financian a la socialdemocracia europea no solo mediante grandes programas de reconstrucción post guerra, también subsidian su defensa. La OTAN permite al capitalismo en Europa sentirse seguro con sus vecinos del Este sin tener que cargar con los costos económicos correspondientes. Descansando en los gringos puede financiar su generoso Estado De Bienestar sin hacer sufrir con impuestos demasiado elevados a sus capitalistas y a las ciudadanas en general. Está a la vista que en cuanto se renueva el temor a Rusia y EEUU se encuentra sobre demandado, los presupuestos europeos se militarizan, los servicios sociales se degradan, el Estado De Bienestar deja de cumplir con las expectativas.

Tampoco es la socialdemocracia una fuerza de paz en el mundo, contra lo que se suponía y esperaba. Desde su fundación, la OTAN participa como tal en 7 conflictos militares, y países miembros de ella en 13. Guerras particularmente destructivas en el norte africano, el Medio Oriente y el Sahel, y conflictos coloniales en África y América del Sur. No es una fuerza especialmente pacificadora la socialdemocracia en el mundo, más bien contribuye a la violencia.

Viajar a Europa fue siempre una experiencia alucinante para un sudamericano. Las sociedades de origen se veían de inmediato tan atrasadas, su ignorancia tan vasta, su ingenuidad tan peligrosa, sus sueños tan quiméricos. Es comprensible que las olas viajeras de fines del siglo pasado se obnubilaran con la socialdemocracia. Lucía tan bien comparada con las dictaduras y el chanterío de los extremismos caseros. Lo malo fue no verle los pies de barro a tiempo: el progresismo fiado de su sistema económico, el anti – izquierdismo rabioso envuelto en miedo oculto aliviado como violencia exportada. Evidentes hoy con claridad en la guerra expansiva anti rusa que ensangrienta a Ucrania, la odiosa rusofobia europea, las finanzas públicas en crisis, las mayorías desafectadas del Estado De Bienestar que guatea.

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