Mientras las calles de Buenos Aires, así como la de varias ciudades y capitales latinoamericanas se volcaron para celebrar el triunfo del presidente Lula, en la residencia de Los Olvidos reinaba el silencio. Y en tanto que los presidentes de Chile, Perú y Ecuador saludaban al presidente reelecto, el otrora locuaz e hiperkinético presidente argentino destacaba por su mutismo. Habían, de hecho, transcurrido ya 48 horas desde que el tribunal electoral brasileño señalara con datos indesmentibles que el adversario de Lula había perdido en la segunda vuelta de las elecciones del país carioca con más de 4 millones de votos lo que imposibilitaba absolutamente revertir el resultado electoral por cualquier vía administrativa o judicial y el presidente libertario brillaba por su silencio político e incluso diplomático.
Los resultados electorales de Brasil constituyeron una contundente victoria de Lula que fue capaz de vencer a pesar de las abultadas desventajas respecto de su adversario Flavio Bolsonaro que sin ser incumbente ni tener que defender una gestión, con un triunfo en primera vuelta, y con espacio de votos de los partidos alternativos por derecha, y el apoyo del gigante Meta, dueño de plataformas como WhatsApp, Instagram, Facebook y a pesar de eso no solo consiguió remontar la contienda electoral sino ganó por un margen considerable lo que obliga a preguntarse cuáles fueron los pasivos que Flavio Bolsonaro tuvo durante este proceso. Y ahí es, donde -subliminalmente que sea- aparece la idea de que la ayuda de Milei con sus torpes afirmaciones, salidas de tono, e irrespetuosas actuaciones con el representante de un país vecino y amigo interviniendo agresivamente en las elecciones de otro país haya terminado por convertirse en un salvavidas de plomo.

Milei en su obsesión por mostrarse como el principal movilizador de los libertarios del mundo y tras el liderazgo del no menos extremista presidente Donald Trump había intentado una similar maniobra en España desplegando otra vez, toda su capacidad de ofender, injuriar, vejar a las autoridades españolas incluidos, por supuesto, al presidente y a su esposa, o lo que se le ponga por delante. Pero esta vez, sus socios españoles se mostraron abiertamente incómodos -y con la sola excepción de la igualmente odiosa alcaldesa de Madrid– no se pudo reunir ni con el líder de la oposición Núñez Feijoo y ni siquiera con su amigo y correligionario de VOX, Santiago Abascal.
Milei empieza a ser incómodo no solo para los contrarios sino hasta para sus propios compañeros. Incluso en Chile cuando asistió al encuentro mundial de los ultras en el denominado Foro de Madrid el gobierno se vio poco entusiasmado de su visita y hace poco el ministro de Vivienda de este gobierno, aliado de Milei, lo llamó loco, clara y ostensiblemente, frente a las cámaras.
Porque las locuras como todo síndrome son de efectos limitados y, con el tiempo, no hacen más que agravar las crisis y detonar contradicciones.

Milei ya no resulta ni gracioso ni interesante. Y, el motivo no se encuentra en sus enemigos sino en el agotamiento de sus mentiras que van quedando al descubierto con la velocidad y dramatismo de los hechos. Porque bien miradas las cosas, cada vez son más duros los datos duros de la economía argentina. Ni siquiera la inflación -su gran caballito de batalla-, ha desaparecido como se prometió a los argentinos. Estacionado en el 2% en los últimos meses, es prácticamente la misma que el promedio del período de gobiernos Kirchnerista de la última década. El riesgo país sigue siendo el peor de los datos económicos porque ya supera los 700 puntos básicos. ¿La razón principal? La inestabilidad política principalmente. Sencillamente porque los inversionistas no se acaban de comprar que el proyecto político de Milei sea sustentable en el tiempo. Igualmente, hay razonables dudas de que Argentina sea capaz de conseguir los dólares para cubrir los vencimientos de las deudas del próximo año. Recordemos que fue Trump el que ya una vez le dio el rescate que necesitaba en similares circunstancias.
Y si es cierto que el riesgo país ha subido en toda la región no es menos cierto que en ningún país ha subido tanto como en Argentina: El incremento supera el 5,4 %. Y mientras la inflación no cede del piso del 2%, el desempleo muestra sus máximos históricos con un 7,9% con una fuerte concentración del empleo informal, o sea precario. Desde el advenimiento de Milei han cerrado la friolera de 32.290 empresas, lo que explica lo anterior.

Cada vez más solo y apenas acompañado de su séquito más cercano: su hermana Karina, Caputo, Menem incluidos el grupo de periodistas de la cloaca gobiernista: Eduardo Feimann, Jonatan Viale, Majul y Daniel Parisini (el gordo Dan) y poco más, cada día se muestra más aislado y lejano a ese pueblo que hace tan poco parecía tan cercano y dispuesto a bancar sus excéntricas alocuciones incluso en los escenarios del espectáculo.
Su lejanía con la gente disminuye proporcionalmente al crecimiento de su escolta: ya no se prodiga baños de masas pues estas se encuentran persiguiéndolo para abuchearlo en Mar del Plata, en el Chaco, en Ushuaia, en Rosario, en la Avenida de Mayo, y devolverle con generosidad el coctel de rabia y desprecio con igual generosidad que la que había compartido.
Cuando la vida parecía sonreírle a Javier Milei y todo parecía posible para un líder que se descolgaba de los inasibles mundos de las redes y los incontrolables youtuber, podía derrochar insultos, amenazas y demonizaciones con la mayor impunidad.
Ahora todo parece volver a la porfiada realidad. Esa realidad que no sabe de maquillaje, ideologizaciones, ni retóricas. Esa realidad que en su testarudez se le viene encima con la fuerza de un Tsunami que empieza casi siempre por sepultar las mentiras. Ahora suma, a ellas, queriendo salir hacia adelante, convertir a la Argentina en el paraíso de la IA sin regulaciones ni molestas soberanías. Pero ya nadie cree en maravillas.

Y, el problema es también que todo aquello que solía salir bien empieza a fallar. Recientemente la consultora Pulsar Research que se relaciona directamente con el poder y financiada por el PRO, o sea un partido oficialista, destaca que la aprobación del Gobierno aparece ya por debajo de los 30 puntos. Ese Milei incombustible y que durante todo el primer año de gobierno oscilaba en la línea de los 50 puntos ya no existe. La línea de flotación cede. En el segundo año resistía bien en los 40 puntos más o menos, y este año ya en los 30 puntos parece mostrar que de seguir esta tendencia el próximo año bajará de los 20 puntos, y eso tendrá por consecuencia directa, que los poderes fácticos que lo apoyan levantarán otro candidato. Así de simple. Llámese Bullrich (que ya sale de bambalinas) Menem u otro. No importa.
Se acaba la aventura de la reelección. Porque el desglose de este estudio demoscópico es peor: el 64% de los consultados evalúan mal o muy mal la gestión del Gobierno (el 50% muy mal). Y agréguese a esto que solo el 24% de los encuestados considera que el rumbo del Gobierno es correcto y para colmo de males en su imagen como presidente se duplica la negativa en relación con la imagen positiva.
Todo indica que la imagen de Milei se está cayendo a pedazos.
¿Explica esto las conductas cada vez más psicóticas del presidente? Quien sabe. Pero ¡ojo! que ya no estamos hablando metafóricamente. Hablamos de una enfermedad; una enfermedad mental. Y esta humilde pluma sería la última en festinar con ello. Me sobran los motivos.
Javier Milei consume en forma permanente tres medicamentos: Valproato, Quetiapina, Zolpidem, porque padece de Parafrenia Afectiva, una enfermedad que los psiquiatras definen como un tipo de psicosis que a semejanza de la bipolaridad pasa por estados eufóricos para caer en otros depresivos.
Sin embargo, narcisismo mediante, el presidente argentino no tiene la más mínima conciencia de ello, ni de las consecuencias que se derivan de su conducta. Y en su entorno más íntimo tampoco parece importarle demasiado. Menos aún en el séquito de funcionarios sobones que lo acompañan.
Lo cierto es que los líderes mediáticos de hoy como los mesiánicos de ayer resienten cuando perciben el rechazo, indiferencia, desconfianza de sus entornos.

Todo se pone malo para Milei, y por ello las lealtades se resquebrajan: El más notorio es el de la actual senadora y ex candidata del PRO a la presidencia Patricia Bullrich que se separa cada día más de las posiciones del gobierno: la última fue la de aceptar el triunfo de Lula en contraposición del negacionismo del presidente. Todo ocurre como si se estuviese constituyendo una suerte de “mileismo sin Milei”, o aún peor, un “antikirscherismo sin Milei”.
Y Milei tiene, además, una espada de Damocles danzando molestamente sobre su cabeza: la visita del Papa. Un pontífice que se ha mostrado en directa pugna con el amigo de Milei, el presidente de EEUU, y que con seguridad apoyará a los obispos argentinos que invocan la justicia social y la doctrina social de la Iglesia; conceptos que Milei odia.
Milei; el economista Milei, el que venerando la obra del economista austríaco Mises y auto proclamándose aspirante al Premio Nobel de Economía en los últimos tiempos, pierde también, la confianza de sus primus inter pares. Algunos (Domingo Cavallo) que felicitan su política fiscal, pero critican su inflexibilidad de sus políticas cambiarias, otros, (Carlos Melconian) niegan su calidad de economista por su desvinculación con la macroeconomía, incluso los hay que no exentos de crueldad (Cachanosky) lo acusan de vender humo. Milei va perdiendo autoridad, incluso, en el espacio en que se autoproclama genio: El análisis económico y autor de un modelo exitoso para sacar a la Argentina de las crisis inflacionarias, el déficit fiscal, el estancamiento del crecimiento por medio de la aplicación de políticas de schock brutales y socialmente impopulares, para poner al país trasandino en la senda del desarrollo compitiendo con las economías a emergentes del mundo.
Recordemos que, para el presidente argentino fuera de su modelo, todo era considerado comunismo, socialismo e izquierdismo empobrecedor. Entre estos se encontraban Boric en Chile, Petro en Colombia y por supuesto Luis Ignacio Da Silva, Lula, en Brasil.
Es cierto, no obstante, que Milei es un referente mundial. Y no solo eso, es, también, un líder entre los seguidores de Trump y sus políticas económicas y belicistas. Pero también en este campo las cosas se le complican: De Brasil y su desempeño ya se ha hablado. Pero hay otros: Netanyahu ha ganado las recientes elecciones, pero no con el suficiente apoyo como para -en un sistema de democracia parlamentaria- conseguir formar gobierno.
Y para colmo de males, los partidos árabes de la Kneset han pasado de 10 escaños a 19, casi el doble de los que tenían; situación confusa que podría obligar a repetir las elecciones.
La situación en España por la que Milei ha apostado directamente y descaradamente presenta dos problemas: Las posibilidades de una victoria de la oposición de derecha ya no está para nada asegurada, aunque queda por ver, todavía, cómo influirá en ella el trágico accidente del AVE en la localidad de Urda. El segundo problema es peor: la oposición derechista de España ya no quiere la presencia de Milei. No les gusta su tono y desatino y ni si quiera desean, como se ha dicho, aparecer públicamente demasiado cerca.

Ya hemos visto lo que lo que ocurrió recientemente con su visita a España, sin embargo, el verdadero problema de Milei es lo ocurrido en las elecciones de medio término en Estados Unidos, donde todo indica que las cosas no van bien para el presidente Donald Trump. El presidente norteamericano no era apostado por ganador y no ganó. Perdió, incluso, el Senado. Su derrota ha sido total. A Milei se le viene el mundo encima.
Atrás quedaron los momentos en que fue el líder gritón de una cantina de gritones. Más parecido a un neurótico frustrado, sociópata y confundido parece el final patético del gran dictador de film de Charles Chaplin.

Lo imagino solo. Sin deseos de participar en las reuniones de gabinete, ni despachar con sus funcionarios más cercanos, como un adolescente amurrado protegiéndose en la soledad de su habitación. Contesta con palabras cortas y cortantes a las visitas esporádicas de Karina. Algo le recuerda, probablemente, esos remotos tiempos en que su hermana acompañaba el mutismo al que arribaba después de las palizas de su padre. Ya ni siquiera se consuela con el rebote de juicios sobones en las redes bajo su control porque siente que ya no controla nada.
Entonces se desplaza hacia el lugar donde están encerrados sus insociables perros como queriendo encontrar allí algo de la incondicionalidad perdida. Pero se retira molesto cuando observa, que al menos uno de ellos, lo mira con desconfianza.