Donald Trump, el padre de la derrota republicana

por Marcelo Contreras

Se afirma que las victorias tienen muchos padres y que las derrotas son huérfanas, pero es evidente que la derrota de los republicanos en las elecciones de medio término tienen a Donald Trump y su errático gobierno como los principales responsables. Sin lugar a duda estas elecciones representan un referéndum sobre los primeros dos años de gobierno republicano y el pueblo norteamericano ha emitido un lapidario pronunciamiento Todos los analistas coinciden en señalar a la guerra con Irán como la causante de crisis económica en EE. UU. y su fuerte impacto en el precio de los combustibles y alimentos en ese país. Una guerra que Trump predijo de corta duración y previsibles resultados. La cacería de inmigrantes ilegales contribuyó a la fuga del voto latino hacia los demócratas. La arbitraria alza de aranceles terminó afectando la economía de las familias norteamericanas.

Es un resultado muy trascendente. No tan sólo para EE. UU. sino para el mundo y el sistema democrático, cuyas verdaderas proyecciones tan sólo se conocerán con el transcurso del tiempo, pero es más que evidente que representa un duro golpe para la administración de Donald Trump, que queda muy debilitado y obligado a intentar gobernar por decretos y hacer uso de su facultad de veto. Esta impresionante victoria demócrata representa una enorme responsabilidad de ese partido para administrarla con sabiduría y responsabilidad, asumiendo que aún le restan dos años de mandato al actual presidente y que deben dar respuestas eficientes a las demandas de los ciudadanos manifestadas en estas elecciones.

El desenlace de esta elección marca el punto de partida de la elección presidencial en dos años más. James D. Vance, actual vicepresidente es el principal damnificado por la derrota de su partido, fortaleciendo la opción de Marco Rubio, actual secretario de estado. En el campo demócrata emergen nuevas figuras que podrían competir por la nominación, entre las que se cuenta a Jon Ossoff y James Talarico, elegidos senadores.

La principal responsabilidad es jugar un rol protagónico para terminar con la guerra en Irán y Ucrania. Recomponer lazos de cooperación con aquellos países tradicionalmente aliados de los EE. UU., partiendo por Europa, América latina y el mundo árabe, fortalecer el multilateralismo, el libre comercio y la cooperación internacional, en base a los principios democráticos y el derecho internacional.

Es de esperar que la derrota republicana anticipe el fin no tan sólo de la era Trump sino también de la ola ultraconservadora que recorre el mundo. La caída de Viktor Orban en Hungría y la reciente victoria de Inacio Lula da Silva en Brasil parecen anticiparlo. La muy contundente victoria de los demócratas en estas elecciones de medio término tienden a confirmarlo. Ojalá las próximas elecciones en España avalen esta tendencia. La democracia en desarrollo continúa siendo el único sistema político de convivencia civilizada.

Para América latina, los resultados de esta elección son muy trascendentes, por más que la mayoría de los gobiernos de la región hayan optado por alinearse con Donald Trump. En lo inmediato pierde mucha relevancia el pretencioso Escudo de las Américas, al cual el gobierno de J.A. Kast duda en adscribirse en plenitud. Es más que evidente que la región requiere de la cooperación internacional para combatir el narcotráfico y el crimen organizado, pero no se necesita de un convenio con letra chica, que incluya ceder soberanía de los estados en favor de una potencia extranjera, incluyendo la intervención militar.

Es preciso destacar la decisión del presidente Kast de felicitar la incuestionable y rotunda victoria del presidente Lula en Brasil y su intención de mantener una relación pragmática con su gobierno, que está en el interés superior del país. Esa es una política de estado, que se debe mantener no tan sólo con Brasil sino con el conjunto de los países del orbe.

¿Dónde está el piloto?

El presidente está en una gira por España e Italia, más bien intrascendente, cuyo propósito principal parece ser el de reunirse con los líderes de la ultraderecha europea, intercambiar regalos con el Papa, y participar de la cumbre iberoamericana, sin que quede muy claro como aquello le sirve hoy al país.

En verdad, este ha sido un año muy lluvioso y al gobierno le llueve sobre mojado. La liberación a condenados por abusos sexuales de menores y violadores de los derechos humanos ha generado una crisis muy mal manejada por La Moneda. Una crisis que se podría haber resuelto tempranamente con la renuncia del titular de Justicia Fernando Rabat (el subsecretario Luis Silva sólo debió salir por curiosa imprudencia personal) y que, sin embargo, el presidente se ha empeñado en sostener, permitiendo que la crisis escale a niveles insospechados, con la amenaza de una acusación constitucional. Una acusación que, de concretarse, podría sumar votos del oficialismo. Mientras el país atraviesa por una recesión económica, con tasas de desempleo que llegan al 9.8 %, con una fuerte caída de la actividad minera, enfrentada erráticamente por el empoderado ministro Quiróz (ver Informe Especial en esta edición de La Nueva Mirada).

El gobierno ha venido acumulando conflictos mal manejados, que han generado una verdadera emergencia que preocupa de sobremanera a la ya desordenada coalición oficialista, que no ha dudado en expresar públicamente sus críticas a la gestión política y comunicacional de Palacio, tal como lo hiciera Renovación Nacional en una dura declaración.

Los partidos de las derechas presionan por un ajuste ministerial y un nuevo diseño político, con personas de experiencia política, pero no será tarea fácil componer un nuevo gabinete en donde estén debidamente representados los diversos sectores del confundido oficialismo. Sobre todo, por la pugna latente entre republicanos y Chile Vamos.

Obviamente, uno de los candidatos a salir es el ya mencionado Rabat, así como el ministro secretario general de la Presidencia, José García Ruminot, del Trabajo Tomás Rau, junto a las ministras, de Ciencia, Ximena Lincolao y, de la Mujer, Judith Marín. Pablo Longueira es el eterno candidato para integrarse al gobierno, así como otros exministros de Sebastián Piñera y diversos parlamentarios, reiterándose el nombre de Arturo Squella, actual timonel de los republicanos.

Pero no se trataría tan solo de un ajuste ministerial. Diversos dirigentes del oficialismo demandan un nuevo diseño gubernamental, que incluya una mayor participación de los partidos y de sus bancadas parlamentarias en las decisiones políticas. ¿Cuento repetido?

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