IA: Se acaba pensar… ¿Renace reflexionar?

por Luz Quilodrán N

Practicamos pensar recogiendo alguna verdad del mundo – un hecho, una ley natural, un principio – y produciendo con ella otras verdades siguiendo reglas lógicas que aseguran que aquella no se pierda en el camino. O bien partimos con las opiniones de alguien con autoridad y hacemos lo mismo. Este es un negocio que se acaba, lo hace la IA mucho mejor que nosotros. O sea, si pensar es lo característico nuestro, lo que nos hace humanas, es mejor no llamarle pensar a este proceso de cálculo deductivo.

Preguntarnos de dónde salen las verdades, u opiniones con autoridad, iniciales – las ´premisas´ – nos pone en contacto con un pensar que no es calculativo. Alguien las inventa, por supuesto, y no resultan de un proceso deductivo porque en ese caso no serían realmente premisas. Las hay triviales que no requieren de mucha creatividad, la de los problemas acostumbrados que presentan los pedidos habituales de los clientes de todos los días y las órdenes cotidianas de las autoridades de siempre. Problemas cuyas soluciones estándares se aprenden en colegios y universidades, y en textos sacralizados. Lo enredoso es cuando no enfrentamos pedidos claros, los problemas son difusos, las insatisfacciones son demandantes pero ambiguas, y no sabemos en qué situación estamos metidas. No sabemos articularlas como premisas lógicas, pero las sentimos como insatisfacciones incorregibles, ´eso´ que no sabemos cómo enfrentar.

Definir la situación en la que estamos involucrados nos pone en contacto con otro pensar, el que reflexiona. Un acto creativo radicalmente diferente a una conclusión del pensar lógico. ¿Hay amor o infatuación? ¿Se trata de divorcio o de superar una crisis? ¿Es una revolución o una insurrección espontánea sin propósitos? ¿En qué invertir mis ahorros en vista de las turbulencias financieras actuales? Preguntas como estas, que interrogan acerca de la situación que nos convoca y afana, nos ponen en contacto con la necesidad de inventar algo nuevo, de crear fuera de los límites que ofrece el cálculo a partir de verdades establecidas u opiniones creíbles. Porque si hay algo claro es que las situaciones rara vez se repiten. Vale la pena recordar al viejo filósofo advirtiendo que la historia solo repite como falsete. Y no solo falsetes, a menudo como autoritarismo provocado por insatisfacciones que se hacen incorregibles.

Configurar la situación siempre diferente que nos envuelve es un acto declarativo que nace de quiénes somos y de la nada preñada de posibilidades que hay por delante. No son problemas bien articulados que nos confrontan como quien dice ´desde fuera´. En ellas se nos va la vida, nos envuelven, definen quienes somos, qué rol jugamos… No lo hacemos por obligación, como respuesta a un pedido o a una orden, más bien nos dejamos llamar, nos sentimos convocadas, atenazadas por una pregunta, un malestar, un desafío con – movedor que no tiene respuesta conocida. Asumir este reto es reflexionar, cultivar una cierta sabiduría, aquello que nos hace propiamente humanas. Tenemos la capacidad de hacerlo, pero también de dejamos arrastrar por situaciones manidas convertidas en problemas repetidos que se resuelven con información conocida. Apostar a ser simplemente competentes, sin preocuparnos por las situaciones cambiantes que nos rodean. Hacer aquello que la IA hace mejor.

Declarar una situación no es la consecuencia de un raciocinio lógico que cuenta con premisas seguras, es un invento de arriba abajo. Nuestra vida entera está implicada en ella, no solamente la razón. En el fondo declara comprometidamente el mundo que queremos compartir, la forma de nuestra existencia con otras. Se dice que antes había más sabiduría y hoy día más información, que la razón que calcula arrinconó a la reflexión. ¿Puede ser que con la IA la razón pierda atractivo y relevancia – como se dice ocurre con el ajedrez -, y emerja la reflexión como único juego que vale la pena, capaz de atraer y convocar? Seguro, aunque también puede ocurrir que nos dejemos arrastrar por la IA a una existencia en falsete que repite de manera cada vez más uniforme.

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