1. La geógrafa más importante de Chile
Margot Loyola trazó el mapa del país con las voces de los pueblos, con los colores de la tierra y el infinito del mar. El sur tuvo el baile y las risas por bosques. El norte existió por los sueños y el anuncio del tambor. El océano tuvo polleras por olas en la cadencia de la china en la cueca y en el sausau de una doncella rapanui. En el oriente, la luz desnudó la cordillera en un anuncio del sol para darle mañana a la vida de sus habitantes. El cielo chileno desde entonces, Margot Loyola mediante, pudo trazar el mapa en la reunión de los pueblos y de las comunidades.
Su canto se pareció a la cascada y al riachuelo que se esconde en el bosque vestido de copihue. Indomable y secreto. Como el amor.
Lo hizo con guitarra y canto. Con baile y enjundia. Con opinión propia y libertaria. Le dio norte a Chile. Le dio lluvias al sur. Le enseñó el horizonte al país desde diaguitas, coyas, mapuche y huilliches. De mineros, huasos y señores de salón. Cantó hasta que el canto se olvidó de la afonía de los catedráticos que escondían la voz primigenia, las etnias olvidadas. Arrasadas.
Con respeto y admiración escuchó a la gente sencilla. Esas maestras campesinas, ese chilote navegante que le enseñó a cantar mil veces como si fuera la primera vez.
Y así aprendió a hablar en chileno, con todas las voces. Aprendió quedándose a vivir en cada una de sus casas, en sus rucas y en sus paraderos de pueblos encontrados. Todas las residencias de la tierra y el mar. Como enseña la ciencia de la antropología.
Con el entusiasmo por religión, se puso a escuchar las palabras cantadas de la historia antigua y familiar. Escribió de nuevo la geopolítica del amor a la patria. Así, Chile tuvo un nuevo mapa y un nuevo continente. Los puntos cardinales se trazaron en la belleza de la letra de las canciones populares. La cultura tradicional nunca más se quedó muda y perdida.

El país se Amargoteó con canto y baile para siempre. Nadie pudo borrarla del mapa. El nuevo sur, el sur que era de siempre, el nuevo norte, el norte que era de siempre, tuvo horizonte para siempre, tuvo firmamento para navegar.
Cantó tanto a Chile que Chile tuvo que llamarse cueca, cachimbo y sausau. Tanto que se llamó volcán, desierto florido. Tanto que bailó tanto que sus temblores, sus terremotos y maremotos, obligó a los geógrafos a trazar de nuevo el sur.
Neruda la designó “la voz de los pueblos, la emperatriz absoluta de Chile y sus canciones”. Violeta Parra, su comadre, la señaló como “la mujer chilena más chilena de las chilenas”.

La presidenta Michelle Bachelet decretó el Día de la Cultura Tradicional y Popular Chilena, el 15 de septiembre, día de su natalicio. “Dio prueba –recuerda- de su agradecimiento a nuestra cultura desde cualquier escenario. Desde las radios, desde la televisión, desde ranchos humildes, casas de canto y fondas. El folclor chileno encontró en ella una fuerza tenaz para dar a conocer y expandir sus posibilidades de expresión …La invitación a otro modo de mirarnos a los ojos. La celebración de una chilena magnífica.”
2. La Maestra baila cueca con el rector
La Maestra recibió la invitación a bailar una cueca del rector Juvenal Hernández. Y entre vuelta y vuelta, la Maestra de Chile le propuso hacer clases desde las voces campesinas y populares. Así la cultura tradicional abrió las primeras páginas en la Academia con las palabras mayores. Dio clases en la Universidad de Chile en una Escuela de Verano. Desde entonces, la dignidad de la historia de los pueblos, de sus canciones, bailes y tradiciones se quedaron para siempre en la Casa de Bello.
Su Bachillerato, su Prueba de Aptitud Académica, su Prueba de Acceso a la Educación Superior siempre tuvo puntaje nacional.
3. La Maestra hasta el día de hoy
Y así las nuevas generaciones de cantoras y cantantes aprendieron su mágico hacer hasta los últimos días de Doña Margot. Su casa de La Reina se transformó en la Academia Margot Loyola, institución que preside su compañero de vida, Osvaldo Cádiz, junto a su entusiasta director Juan Pablo López. La Academia hoy es la expresión viva de la obra de Loyola, al más alto nivel y reconocimiento. Es activa a nivel nacional y premia año a año a los excelsos cultores de la voz de los pueblos con el Premio a la Trayectoria en Cultura Tradicional Margot Loyola, junto con la celebración del Día de la Cultura Tradicional y Popular Chilena. De hecho, en rigor, habría que decir que las Fiestas Patrias debieran partir -parten- con el día del natalicio de Margot Loyola: el 15 de septiembre.
En sus últimas herencias musicales, Margot Loyola junto a Osvaldo Cádiz, trabajaron codo a codo con la Compañía Teatral “Dramática Nacional”, desde sus comienzos hace más de una década, poniendo en escena la música y las danzas populares y campesinas en las obras de Antonio Acevedo Hernández, María Asunción Requena y Jaime Silva, entre otros autores. El sonido de la tierra, el mar y las fiestas populares en el teatro chileno siguen vivas hasta el día de hoy.
Testimonios de la herencia loyoliana son las nuevas generaciones de canto y baile. Andrea Andreu, investigadora, creadora e intérprete, desde muy niña tuvo el privilegio de compartir el amor y los secretos de la obrade Margot. Prueba de ello, es su último trabajo de investigación recientemente presentado, “La guitarra y sus temples en Chile y España”, donde recopila y revela una de las expresiones más representativas de la música tradicional campesina.
El cantante Gepe tuvo la oportunidad también de conocer de cerca los arcanos del canto recopilado y hacer propio la voz de la maestra. Paola Lucero, destacada folclorista, es también heredera directa de las enseñanzas de Margot Loyola; como así también, Laura Hernández, investigadora y protagonista de la danza campesina. Y así, hay muchos en todo Chile. Cientos.
4. El Amor del Rock and Roll a la Cueca

El “colérico” Osvaldo Cádiz, en 1958, postuló a aprender cueca para probar en un club de rock and roll radial que también podían bailar la danza nacional. Tomo clases con Margot Loyola. Y así conoció al amor de su vida. Los 20 años de diferencia no fueron impedimento de una amistad con ventaja, luego de un amor con raspe, hasta que se declararan pareja, se casaran, primero, por el civil y, finalmente, por la iglesia.
Es una historia feliz. Hasta hoy. Ella le deja papeles con recados en el velador. Le escribe secretamente una frase amorosa en su cuaderno. Una seña en el dorso de una foto antigua. Siempre, una seña de amor. Recados encontrados hasta después de su partida. Donde, de verdad, nunca se ha ido.
Un 3 de agosto Margot Loyola partió de esta dimensión. Cada 3 de cada mes, ellos bailan, ellos cantan. Cada 3 nadie muere en la casa de Margot Loyola.
Osvaldo Cádiz fue un protagonista fundamental en la obra e investigación de Margot Loyola. Detrás de esta gran mujer hubo un gran hombre. La historia de sus trabajos siempre estuvo escrita a cuatro manos. Y Chile todavía le debe a Cádiz el Premio Nacional.
5. ¡Pañuelo en alto!

La fortuna personal de conocer a Margot en sus últimos años y de compartirme sus escritos en la revista Occidente, de manera exclusiva, fue un privilegio. De descubrir, cuando me mostraba sus álbumes fotográficos, que mi profesor de música, Pablo Garrido, era su gran amigo. El mismo que nos hacía clases desde el piano, que nos alentaba con humor nuestra cantinela “el profesor Garrido con su musiquita nos tiene aburrido”. De asumir, una vez más del valor de la Educación Pública y sus grandes maestros. De contárselo a Margot, entre risa y risa, fue un privilegio.
Por eso, cuando se asoman las fiestas patrias, su enseñanza del “¡Pañuelo en alto!” tiene sentido y razón para explicar la Patria. “El pañuelo –como alguna vez nos contó Osvaldo Cádiz- enjuga las lágrimas del dolor, de pena; el pañuelo seca el sudor después del trabajo; el pañuelo sirve para despedirse, para decir adiós cuando alguien se va, como una paloma que está aleteando; el pañuelo que guardas contigo, es algo tuyo…Margot entraba con su pañuelo en alto y cuando el público la aplaudía, ella se paraba, sacaba su pañuelo y saludaba”.
¡Y es cueca cuando se baila con el pañuelo en alto!
3 comments
Excelente relato, y detalles importante de Margot que desconocía y aquí la nota de Felipe de la Parra se pone en valor, en un septiembre que hace memoria. Gracias por la nota.
Doña Margot y su Osvaldo.
Doña Margot y sus amigas, Violeta y Gabriela.
Todas movidas por la pura pasión de saber y contar. Qué bueno contar sobre una de este grupo de mujeres que no le pidieron permiso a nadie para hacer lo que les importaba y vivir como querían.
Yo las conocí, creo, alrededor de 1945, cuando eran un dúo de hermanas cantando: Margot y Estela Loyola. No se que fue de su hermana, pero muy pronto se impuso Margot para siempre. Recuerdo cuando regresó de Isla de Pascua y nos trajo el sensual SAU SAU, que nos deslumbró.