(Publicada por encargo del grupo de progresistas retirados Mayulermu, como parte del Proyecto “Qué Hacer Con La Izquierda, presumiblemente desde la izquierda”)
La izquierda se ha considerado siempre una heredera del Iluminismo, quizás la más fiel de todas. La lógica que acarrea en el trasfondo, el racionalismo – todo lo que ocurre lo hace por una razón –, comprende y trata al mundo como un sistema deductivo. Instala molaridades estables que contienen granularidades definidas por completo en términos de aquellas, simples casos particulares. Típicamente el orden natural de Linneo, la tabla periódica de elementos, las agrupaciones molares de la sociología: clases sociales, segmentos varios, percentiles, nacionalidades, etnias, géneros sexuales, etc. Las granularidades corresponden a casos particulares deducibles lógicamente por completo de las molaridades a las que pertenecen, más atributos accidentales o cualidades secundarias que en nada modifican lo que aquellas son fundamentalmente. Nada granular rompe el orden racionalista, ninguna diferencia escapa de las definiciones molares o las sobrepasa. Si eso llega a ocurrir, se trata de excepciones, anomalías, casos raros, desviaciones, monstruosidades…
La comprensión de lo social en términos racionalistas se corresponde con una tecnología de comunicación e interacción social que permite diferenciar de manera estable agrupaciones molares y trata la granularidad en forma estadística, nada que escapa del orden clasificatorio molar. Una tecnología de interacción y comunicación que al configurar lo social como orden molar le da poder al instrumento fundamental de creación social de la izquierda: la ley. Le permite intervenir establemente en el orden molar.

Hoy día a la izquierda más le vale ensayar una mirada y un trato a lo social diferentes al ordenamiento racionalista. Las nuevas tecnologías de comunicación e interacción social producen y empujan posibilidades de generar relaciones y agrupaciones sociales de nuevo tipo. Específicamente el emerger constante desde fuera del orden molar establecido – contingentes a este diferenciándose de sus razones – de nuevos grupos granulares convertidos en activos agentes sociales. Agrupaciones que no tienen realidad en ´sí mismas´ en términos del orden social preexistente, sino que emergen ´para sí mismas´ con una afectividad colectiva más que una consciencia compartida. No es necesario ejemplificar los nuevos agentes y órdenes sociales que emergen día a día en las redes digitales, pero sí advertir en contra de subestimarlos por minoritarios, efímeros, intelectuales, pequeñoburgueses, elitistas, extraños, irrelevantes, recordando el inicio de movimientos más establecidos, feministas, gay, de diversidad sexual, medioambientalistas… que en su momento emergieron como nuevos agentes sociales desde fuera del orden molar establecido, rompiéndolo a pedazos y desafiando a la izquierda y su política.
Son agentes sociales que emergen y desaparecen produciendo a menudo efectos sociales transformadores a una velocidad que arrasa de manera sorpresiva con la estabilidad del orden y las leyes molares. Lo hacen a menudo con una elevada intensidad anímica colectiva, generando verdaderas explosiones callejeras, cambios en la moda, la música popular, en costumbres de la vida cotidiana, transformaciones éticas… Intensidad emocional compartida – amor, odio, miedo, resentimiento, victimización, entusiasmo, esperanza – que produce nuevas cercanías sociales – a diferencia de las lejanías de la tolerancia y la indiferencia. Y lo hacen con una inusitada intensidad temporal, la intensidad del cambio del tiempo histórico, del emerger instantáneo de realidades sociales históricamente inéditas, a diferencia del tiempo del reloj del funcionamiento rutinario del orden molar establecido.

Lo social adquiere así una nueva granularidad temporal, molecular, instantáneo, y una nueva granularidad espacial, molecular, estrecha, íntima. Consiste, hoy, en el constante emerger de agentes colectivos diferentes – al orden molar – con nuevas cercanías afectivas, que producen relaciones sociales radicalmente inéditas en forma instantánea – desplazando el tiempo de las agendas del orden molar.
En suma, la izquierda enfrenta un nuevo espacio – tiempo social altamente granular al cual no está acostumbrada. Quizás desde siempre pudo haber entendido lo social de esta manera, menos racionalista, menos estructurada, menos estable, más espontánea, más creadora. Pero no se trata de entender sino de participar en la creación de lo social, y hasta hace poco estaba limitada y facultada por una tecnología molar que le daba gran poder creador, casi exclusivo, a la ley. Hoy, en el nuevo espacio tiempo de lo social la ley se queda corta por lenta y tosca. Más adecuada a un orden molar estable que a granularidades contingentes a ese orden, de intensidad y rapidez inusitadas. Encadenada a la política del paso doble en el orden molar – uno, controlar el estado, dos, cambiar la sociedad -, la izquierda se hace ajena a las nuevas realidades sociales que difícilmente pueden formalizarse mediante reglas legales, o bien cuando esa formalización es un simple efecto colateral.
El espacio tiempo nuevo es producto del poder inédito de agentes sociales que emergen de manera contingente al orden molar establecido y crean y recrean nuevos órdenes sociales con independencia del estado y sus leyes con pretensiones de generalización racionalista. Le vale la pena a la izquierda ensayar una política diferente al paso doble y lanzarse al torbellino económico, tecnológico, de la cultura de la vida cotidiana, el arte, la espiritualidad, y disputar la creación de un orden social diferente a la inercia capitalista que lleva al mundo por delante. Constelaciones de nuevos órdenes configurados por normas tácitas que se sostienen por seducción, atracción estética, habituación, adicción, conveniencias, más que por explicaciones racionalistas que justifican ucases mandones de carácter general empeñados en detener y estabilizar.
´Nuestros sueños no caben en vuestras urnas´ ¿Qué hacer con esta consigna que emerge en agrupaciones de jóvenes aquí y allá de manera intensa e instantánea? Más le vale a la izquierda no descalificarla por soñadora, idealista o ingenua, o acusarla de manera paranoide de anti política. Hay una nueva realidad social que emerge desde fuera del orden molar. Como lo hizo el movimiento gay en su momento, y el animalismo, y el veganismo y el ambientalismo, y el mundo social de las redes, con los que la izquierda todavía no sabe cómo atinar. Se puede detectar una acusación a la izquierda de ser burócrata, predicadora y autoritaria, así que más mejor que esta se alerte.