Estrategia, Ignorancia o la estrategia de hacer verdades desde las mentiras.

por Antonio Ostornol

En su columna del domingo en La tercera, el periodista Daniel Matamala reflexiona acerca de los países a los cuales este gobierno nos invita a mirar para inspirarnos en políticas de crecimiento. Uno de ellos, es Paraguay. Sin ir más lejos, hace unas pocas semanas el presidente anduvo por esos lados y elogió las tasas de crecimiento de ese país que le habían permitido crecer en torno al 6% anual. La declaración del presidente fue impactante: en ese país se habían bajado los impuestos y en los últimos años ya estaba creciendo por encima de cualquier país latinoamericano. Corolario: en Chile tenemos que bajar los impuestos para ser como nuestros hermanos paraguayos. O sea, todas las evidencias indican que la mega reforma de este gobierno es lo necesario. No conozco en detalle los datos, pero he escuchado a un par de economistas de la plaza que, al parecer, entienden de estos temas, y han afirmado que la reforma tributaria paraguaya se realizó hace más o menos 20 años y que el crecimiento de estos últimos 5 o 6 años, más tiene que ver con exportaciones que con cambios en el régimen tributario. Entonces, lo que dijo el presidente con tanta seguridad, ¿fue fruto de la ignorancia de sus asesores económicos o simplemente una recomendación estratégica de sus encargados comunicacionales?

Tiendo a creer que la respuesta correcta va por la segunda alternativa. Quienes están ejerciendo el poder en Chile hoy son discípulos de ciertas formas de hacer política que la derecha más extrema empezó a utilizar de forma creciente y cada vez más sofisticada en el mundo entero. Si Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita, poeta satírico español de los siglos XIII y XIV, habría definido con unos maravillosos versos esta política: “De verdad hace mentiras, de mentiras hace verdad”. Entonces se refería a la riqueza y el dinero, nada muy diferente a lo que vivimos hoy.

El paradigma de esta estrategia son las campañas que viene realizando Trump desde su primer gobierno hasta ahora que ejerce el poder. Por ejemplo, durante el primer semestre de este año, a propósito de sus incursiones bélicas, Trump ha jugado con la realidad de la confrontación hasta hacerla irreal. ¿Cuántas veces ha anunciado que Irán está por los suelos? ¿Cuántas veces ha dicho que el acuerdo está listo y que los iraníes se mueren por firmarlo con él? Una y otra vez ha intentado convencer al mundo que su guerra es justa, que los iraníes están a punto de construir una bomba atómica, a pesar de que ya el año pasado había anunciado al mundo que la mega bomba norteamericana había destruido totalmente las capacidades iraníes para lograrla. En Chile, Kast y los republicanos siguen insistiendo en que somos un país poco menos que en la bancarrota, que tenemos una economía quebrada, que los meses que se nos vienen de aquí a fin de año serán terribles, que ya no se puede confiar en las cifras oficiales porque dependemos de un estado ineficiente y, posiblemente, corrupto. Estas afirmaciones fueron el eje de su campaña y han sido la viga maestra de la comunicación del gobierno para explicar sus desempeños (no olvidemos que ya van cuatro meses al mando).

El método pareciera consistir en tomar ciertos elementos de la realidad (alguna noticia puntual como un homicidio feroz, o un dato estadístico aislado como la cantidad de licencias médicas truchas en el sector público, o una sostenida permanencia del desempleo e incluso su aumento en los últimos meses) y con ello construir un relato amañado del tipo “nos dejaron en la ruina”, “la inexperiencia la pagamos caro”, etc. El caso de Paraguay, su rebaja de impuestos y su crecimiento asociado, es un muy buen ejemplo de cómo hacer de verdades, mentiras. Veamos: ¿Paraguay está creciendo? Sí, es verdad. En torno al 6% los últimos años. ¿Paraguay bajó sus impuestos? Si lo hizo, fue en una reforma de hace 20 años. Es verdad: los tributos paraguayos se ciñen a la regla de 10+10+10, o sea, un 10% impuesto a las empresas, un 10% a la renta de las personas, y un 10% de IVA. Esto comenzó a regir el año 2004. En estas décadas, se han producido muchas otras modificaciones que permitieron el crecimiento económico de Paraguay. Por lo tanto, esa definición de tasas de impuesto ayudó a incentivar el crecimiento de una economía significativamente más pobre que las del resto de América latina. No se puede, entonces, llegar y atribuir que la baja de impuestos produjo el crecimiento. Seguro ha habido más variables.

Pero un análisis más pormenorizado no le interesa a la estrategia de hacer de verdades mentiras. Lo que importa es instalar la mentira como la única verdad. Y en nuestro caso, el objetivo es establecer nuevas verdades que son mentiras: la rebaja de los impuestos en Chile a lo mejor ayudará a empujar el crecimiento, pero no llegaremos a ser una economía desarrollada si no somos capaces de complejizarla y dejemos de ser un país que depende de unos pocos bienes exportables y de bajo valor agregado. De no ser así, los efectos serán pocos y morigerados. Y lo único que habrá permitido la reforma es asegurar a los sectores más favorecidos de nuestro país una significativa transferencia de recursos, a costa de castigar el bienestar social.

Es lamentable que la discusión en torno a esta necesidad de crecimiento que tiene Chile se haya insertado en el algoritmo de verdades que hacen mentiras. Por este camino, así como transcurre el conflicto bélico en oriente medio o la guerra de Ucrania, tendremos nuestra propia confrontación, gestionándose en formatos de guerra híbrida, donde las únicas víctimas son la verdad, la democracia y la mayoría de los chilenos.

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