Los mitos de la rebaja de impuestos y el crecimiento económico

por Luis Eduardo Escobar

Hace quince días en este mismo medio expliqué que la estrategia del gobierno para evitar que el Proyecto de Ley mal llamado de “reconstrucción y desarrollo”, deteriore las finanzas públicas significativamente, y por un largo tiempo, depende del argumento que el crecimiento económico es suficiente para compensar la pérdida inicial de ingresos tributarios.

Como vimos, hay consenso en la profesión que mantener una situación fiscal manejable es necesario para evitar alzas en las tasas de interés, lo que encarecería el endeudamiento, público y privado, y por tanto tendería a reducir la inversión ya que una parte importante se financia con deuda.

El raciocinio económico del gobierno es que las rebajas tributarias promueven el apetito por invertir en el país y elevará la tasa de crecimiento de la economía. Si la economía crece más, la recaudación de impuestos aumentará.

Hasta donde llega esa frase, aquello es cierto. El problema es que la evidencia internacional muestra que el crecimiento no genera suficientes ingresos tributarios para compensar la pérdida inicial de la rebaja. Por eso, es necesario reducir el gasto público de forma significativa y permanente. Como eso es muy difícil de lograr, lo que ha ocurrido en otros países es que aumenta el déficit fiscal. Los ejemplos más destacados de esta dinámica son: Thatcher en Inglaterra, Reagan (contra la opinión de su principal asesor económico, Martin Feldstein) y el primer gobierno de Trump. Durante su actual gobierno, Trump ha seguido aumentando el gasto público y el déficit del gobierno federal.

Pero no es sólo el caso de los EEUU. Un estudio de Kawano, Olson, Slemrod y Hsie (2024), publicado en el Journal of Economic Literature, por nombrar solo uno, revisó la literatura internacional sobre el tema y llega a la conclusión de que  después de “evaluar cómo las diversas opciones metodológicas afectan la estimación sobre el efecto de la política tributaria en el crecimiento económico (llegamos a la conclusión) que esos estudios no le dan credibilidad a la hipótesis que cambios en las tasas de impuestos tienen un impacto estadístico robusto sobre el ingreso nacional en el mediano plazo. Luego de reevaluar la literatura usando las técnicas de estimación econométricas recientes tampoco encontramos apoyo para la idea que los cambios tributarios tienen un efecto estadísticamente significativo sobre las tasas de crecimiento.”

En Chile, los economistas de derecha mencionan tres casos “de éxito” en que las rebajas tributarias habrían llevado a una más alta tasa de crecimiento y un menor déficit fiscal. Estos son Irlanda, Estonia y Paraguay. Este último ha suscitado el reciente entusiasmo del presidente Kast y se ha citado profusamente.

Irlanda, paraíso fiscal en el riñón de Europa.

Allí instalaron su casa matriz grandes empresas tecnológicas, farmacéuticas y de leasing (arriendo) de aviones para evadir los impuestos de los Estado Unidos y de Europa continental. Nueve de las diez empresas tecnológicas más grande de los EEUU tienen allí parte importante de sus operaciones. Entre ellas Apple, Google, Microsoft, Meta e IBM.  Por su parte, Pfizer, Johnson & Johnson, Eli Lilly y Novartis, son algunas de las más de 90 empresas farmacéuticas que tienen su sede en Irlanda. En palabras de la Agencia Irlandesa para el Desarrollo (IDA) “Irlanda es el tercer exportador mundial de productos farmacéuticos, lo que lo convierte en un foco de atracción para empresas farma globales. Este éxito es el resultado de factores potentes. Un favorable ambiente impositivo, un robusto record de cumplimiento (compliance), una fuerza de trabajo altamente calificada que habla inglés, y capacidades de investigación y desarrollo de clase mundial.” Además, Irlanda, es un hub masivo de aviación y las grandes empresas de leasing de aviones (principal mecanismo de la industria aérea comercial para abastecerse de aviones) están basadas en Dublin. Cualquier similitud con nuestro país queda a la imaginación del lector.

Durante el período 2000-2025 las tasas de crecimiento de Irlanda fueron de 5,2% promedio anual, pero han estado sujetas a niveles de volatilidad muy marcadas. Por ejemplo, en 2015 la economía “creció” en un 24,4% anual, debido a transferencias de activos de algunas de las empresas “basadas en el país”. Debido a estas variaciones, que no afectan directamente la economía doméstica, Irlanda mide la “Demanda Doméstica Modificada” (MDD) para efectos de evaluar lo que ocurre con la economía. Medido de esta forma la tasa anual de crecimiento promedio de la MDD fue de sólo 2,6% en el mismo período (2000-2025) y de 3,6% en el período 2016-2025. Sin duda, una buena tasa de crecimiento.

El año 2015 hubo un aumento de casi 1.000% en el número de compañías registradas en Irlanda con el fin de aprovechar las rebajas tributarias antes de que terminara el período establecido por la OCDE para hacerlo. El “arribo” de esas empresas determinó el salto de 24,4% en el PIB de Irlanda. El resultado fue que el promedio del déficit fiscal 20015-2025 como porcentaje del PIB ha sido cero y la deuda pública bajó de 104% en 2014 a 39% del PIB en 2025.

Como se puede apreciar, la llegada de grandes empresas transnacionales generó un cambio de nivel por una sola vez, que ha generado tasas de crecimiento sostenidamente altas causadas por una rebaja tributaria.

Sí, Irlanda es excepcional. En Chile cabe preguntarse si disponemos de los “factores potentes” señalados por la Agencia Irlandesa para el Desarrollo y si, fuera de bajar los impuestos a las empresas y accionistas, tenemos los demás atributos necesarios para atraer ese tipo y nivel de inversiones.

Estonia, el país digital del Báltico

Estonia es reconocido internacionalmente por su decidida apuesta por digitalizar su economía, campo en el que ha tenido reconocido éxito.

El período de alto crecimiento de Estonia fue post colapso de la URSS, especialmente a partir del año 2000, cuando el gobierno decidió reestructurar la economía para integrarla a las cadenas de valor de las economías nórdicas. Esa política se acompañó con una de impuesto corporativo Cero a las utilidades no distribuidas. Esta práctica incentiva la retención de utilidades dentro de las empresas y la reinversión de ellas. (El raciocinio para el accionista es simple: acumula capital muy rápidamente y posterga consumo.)

Eso es bien distinto al sistema integrado que se propone en Chile en que todo el impuesto pagado por la empresa se descuenta del ingreso de los accionistas individuales. Además, cabe resaltar que la recolección total de impuestos en Estonia es de 36% del PIB comparado con un 21% del PIB en Chile. La diferencia se explica por los impuestos a las personas y al consumo. Aún así, mantiene un déficit fiscal que se ha traducido en un aumento de la deuda pública de 5 puntos porcentuales del PIB en los últimos cuatro años.

El resultado de esas políticas fue que la economía creció a un promedio anual de 6,8% entre los años 2000 y 2008. El 2009 producto del colapso del mercado inmobiliario doméstico y la crisis financiera internacional la economía se contrajo en nada menos que 14,6% respecto del año 2008, en que ya se había contraído en un 5,4%, acumulando una pérdida de ingreso y producción de 20,8% en los dos años. Para comparación, en Chile la crisis del año 1982-83 resultó en una caída acumulada del PIB en torno a 15%.

Entre los años 2013 a 2025, la economía de Estonia creció a una tasa anual promedio de 1,7%. Esa tasa es menor que el crecimiento de 2,2% anual de Chile durante el mismo período. Y, en los últimos cuatro años (2022-2025) la economía de Estonia decreció a un ritmo de 1,2% anual. En cambio, la economía chilena creció a un promedio de 2% anual en el mismo período.

El caso de Estonia demuestra que no se puede asumir que una economía que está en un proceso de inserción en la economía mundial, por el sólo hecho de tener inicialmente una baja tasa de impuestos va a crecer indefinidamente a una tasa excepcionalmente alta.

Paraguay, una economía agropecuaria por excelencia.

Es un gran exportador de soya y carne de vacuno. La evolución de su economía depende principalmente de las variaciones climáticas de forma que cuando hay sequía la economía se contrae y cuando las lluvias vuelven a niveles normales la economía se expande. A pesar de la variabilidad que ese factor le impone a su economía, Paraguay creció entre 2000 y 2025 a una tasa promedio anual de 3% versus el 3,4% anual de Chile. En el período 2013-2025 Paraguay creció a una tasa anual promedio de 4% (2,2% para Chile) y en los últimos cuatro años a una tasa promedio de 3,7% anual (2,0% para Chile).

Es decir, desde el 2013 hasta ahora y a pesar de los efectos adversos de la volatilidad climática, Paraguay ha crecido a tasas bastante mayores que las que registró en el período 2000-2008 (1,6% promedio anual) y que las de Chile.

El tema es si estas mayores tasas de crecimiento se deben a rebajas tributarias, como nos haría creer el Gobierno o a otros factores.

La evidencia muestra que Paraguay inició un proceso deliberado de reformas tributarias y fiscales a partir del año 2009, luego de crisis fiscales recurrentes. Cabe destacar que el régimen tributario que se adoptó es totalmente desintegrado, es decir, no hay crédito fiscal a las personas por los impuestos que paguen las empresas de las que son propietarios o accionistas. El proceso de perfeccionamiento institucional recién culminó el año 2023 con la ley que estableció la independencia de la institución a cargo de recolectar impuestos. El resultado es que la recaudación total de impuestos pasó de un promedio en torno a 8% del PIB en el período 2003-2009, a un 14,5% del PIB en los últimos dos años, aumentando la presión tributaria en más de seis puntos porcentuales del PIB. 

Es decir, lo que ha ocurrido en Paraguay a lo largo de los últimos 15 años es un aumento sistemático y deliberado de la base tributaria, incorporando a empresas de todo tipo, los servicios personales y los ingresos del capital. En ese proceso ha aumentado significativamente la tasa de crecimiento de la economía y la pobreza se ha reducido de 58% a 20% de la población. No resulta posible conciliar estos datos oficiales con la narrativa que ha tratado de instalar el Gobierno en cuanto a que las mayores tasas de crecimiento de Paraguay respecto de Chile se deben a las rebajas de impuestos.

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La idea de un crecimiento mayor que cierre los déficits fiscales como resultado de atraer inversiones cobrando impuestos más bajos se ha verificado en Irlanda. Pero hay que aceptar que es el único caso entre los mencionados por el Gobierno y habrá que convenir también que fue un caso sumamente excepcional ya que no se conoce otro caso en que el PIB haya aumentado en 24,4% en un año como resultado de esta política.

Nuestro país enfrenta un dilema. Nuestro período de alto crecimiento ocurrió en la década de fines de 1980 a 1998 cuando, como en Estonia, nos abrimos a la economía mundial. Entre los economistas hay consenso que los déficits fiscales hay que resolverlos y que en eso la racionalización del gasto tiene un rol importante. También hay consenso en que el crecimiento económico es un poderoso instrumento para aumentar el empleo, los ingresos de las personas y, en menor medida, los ingresos fiscales. Sobre lo que no hay acuerdo entre la mayoría de los economistas de todos los colores políticos y los de este gobierno es que el instrumento para lograrlo sea la reducción de impuestos. Los ejemplos citados por el gobierno no sostienen sus conclusiones para el caso chileno.

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