CEPAL 2026, el imaginario retorno a Prebisch

por Roberto Pizarro Hofer

A quienes nos interesa el desarrollo, y no sólo la contabilidad macroeconómica, nos ha desconcertado durante las últimas décadas la complacencia de la CEPAL con la globalización y el neoliberalismo.

Es ineludible que la CEPAL, a partir de los años noventa, coincidió con el pensamiento único consagrado en el Consenso de Washington y aceptó, sin mediaciones, la globalización comercial, inversionista y financiera. Su propuesta de regionalismo abierto racionalizó esa coincidencia.

Así las cosas, pasó al olvido el proyecto desarrollista, industrialista y de integración regional, que tan elocuentemente propusiera Raúl Prebisch, en los años sesenta y setenta desde la CEPAL

En el reciente documento, denominado Rupturas y Oportunidades (Rupturas y oportunidades: propuestas para que América Latina y el Caribe prospere en la nueva era geopolítica | CEPAL), presentado por los expresidentes de Chile y Colombia, Michelle Bachelet e Iván Duque, hay un intento por recuperar las propuestas originales de la CEPAL sobre desarrollo e integración regional. Sin embargo, su lectura nos deja un sabor insatisfactorio, menos en el diagnóstico, pero sobre todo en sus recomendaciones.

Regionalismo abierto

El regionalismo abierto al mundo que defendió la CEPAL a partir de los años noventa fue una renuncia a las políticas productivas, al Estado planificador y a la protección industrial, lo que culmincó en la reprimarización de las economías, la minimización del Estado y la desnacionalización de los activos productivos y financieros. Ahora se intenta volver a ello con el documento Ruptura y Oportunidades.

Sin embargo, recuperar lo perdido resulta difícil, con la generalización de gobiernos de extrema derecha en el continente, defensores del neoliberalismo y, al mismo tiempo, complacientes con la agresiva ofensiva política, comercial y militar sobre América Latina del gobierno de Donald Trump, quien ha reeditado la doctrina Monroe de “América para los EE.UU.”  

Así las cosas, las propuestas que nos presenta la CEPAL en su documento tienen escasa viabilidad, en un adverso contexto político regional y de geopolítica internacional.

Veamos qué sucedió con el regionalismo abierto y como nos afecta hoy día.

A partir de los años noventa, con Gert Rosenthal como secretario ejecutivo de la CEPAL, comienza a desdibujarse el pensamiento original de Prebisch. En efecto, el concepto de «regionalismo abierto», con su propuesta de liberación comercial radical como camino al desarrollo, no sólo dentro de la región sino ante al mundo, fue un evidente retroceso del pensamiento y políticas de Prebisch.

Esa concepción creía, con ingenuidad, o por presión del Consenso de Washington, que una apertura radical al mundo favorecería la competitividad de nuestras economías, el crecimiento económico y mejoraría la inserción exportadora.

El regionalismo abierto apoyaba rebajas arancelarias y apertura indiscriminada de los mercados nacionales al exterior, renunciando a regulaciones para la protección de ciertos reglones de la industria, que podrían haber fortalecido las economías nacionales.

Así las cosas, la manufactura regional fue arrasada por las importaciones, especialmente provenientes de China. Cuando se fue más allá de las aperturas comerciales unilaterales y se transitó hacia acuerdos comerciales bilaterales con los TLC tampoco se intentó frenar su impacto desnacionalizador con la apertura en servicios, junto a la protección exacerbada al capital extranjero y a la propiedad intelectual: Ello se convirtió en beneficio exclusivo de las transnacionales y los países desarrollados.

La CEPAL esperaba que con el mercado abierto y el libre comercio internacional sería suficiente para que se generara una mejor asignación de recursos y se favoreciera el desarrollo de la región.

El «regionalismo abierto» fue funcional a las reformas neoliberales que se instalaron en la región y con esa propuesta se desmanteló la estrategia de desarrollo hacia adentro, creció la vulnerabilidad de los mercados nacionales y la integración regional se redujo exclusivamante a acuerdos comerciales (E. Gudynas, El regionalismo abierto de la CEPAL, octubre 2005).

La CEPAL, por convicción o presión externa, se convenció que la globalización era positiva y no vio contradicción entre la integración regional y la integración al mundo: La visión estructuralista de Prebisch perdió vigencia y pasaron a mejor vida sus propuestas de políticas industriales, soberanía tecnológica, construcción deliberada de capacidades productivas e integración latinoamericana.

Aunque se decía que la transformación productiva era relevante ésta sólo se pensaba en virtud de las actividades primarias y de servicios. Así, se impuso la tercerización y reprimarización de las economías latinoamericanas con ese nuevo discurso de la CEPAL. Incluso Argentina y Brasil, países con cierto desarrollo manufacturero, destinaron gran parte de sus recursos a la exportación de soja, alimentos y productos minerales para atender la industrialización y urbanización china.

Pero la vida da vueltas. La globalización, que había favorecido la instalación de las transnacionales estadounidenses en territorio chino, no sólo hizo retroceder la industria en América Latina sino también en el mismo territorio de EE. UU., con pérdida de trabajos y salarios de los obreros de los cordones industriales estadounidenses, por la exportación de empresas a China.

Esa fue razón poderosa en el triunfo electoral de Donald Trump. Y es la razón por la que el presidente Trump inicia una ola de proteccionismo arancelario que está afectando a todo el mundo, sin respetar los compromisos comerciales de los TLC que habían suscrito los gobiernos de EE. UU. en años anteriores.

El nuevo camino

Con el documento Rupturas y Oportunidades pareciera iniciarse un nuevo camino en el pensamiento de la CEPAL, en un intento por recuperar el pensamiento original de la CEPAL.

Intento valioso, pero lamentablemente de viabilidad dudosa.

CEPAL reconoce la dramática realidad económico social que hoy vive la región con un crecimiento per cápita de apenas 0,9% entre 2014 y 2023, inferior incluso al de la década perdida de los años ochenta; la persistencia de una alta desigualdad y débil cohesión social; y, con gobernanza poco efectiva, que dificulta la puesta en marcha de reformas estructurales que tanto se necesitan.

Sin embargo, ese diagnóstico doloroso no reconoce la responsabilidad que tuvo la misma CEPAL en aceptar una globalización radical y desigual, que profundizó la dependencia de la región ante las grandes potencias y desindustrializó nuestras economías.

La CEPAL ahora dice que esa globalización ha llegado a su fin y junto con ello se ha erosionado el multilateralismo, mientras la competencia multipolar entre EE. UU. y China se muestra como la nueva realidad geopolítica mundial. Pero olvida que ella misma no quiso o no se atrevió a desafiarla.

Parece que el neoproteccionismo de Trump está ayudando a esta nueva reflexión de CEPAL:

También destaca con razón el documento de la CEPAL el preocupante retroceso de la democracia, la utilización de la inteligencia artificial para desinformación política, el repliegue en los derechos conquistados por las mujeres y el fin del consenso mundial sobre el clima.

Hasta ahí vamos bien con el diagnóstico, excepto que no hay autocrítica alguna y, a pesar la compleja realidad regional e internacional, CEPAL se muestra optimista.

Y funda su optimismo en que la región cuenta con activos de gran importancia, que pueden relanzar el desarrollo, entre los que destacan: la dotación de recursos estratégicos, como la energía, los alimentos, los minerales críticos y la biodiversidad; las capacidades productivas, humanas y financieras; el tamaño del mercado y la red de mecanismos de integración y cooperación de la región;

El argumento central es que si se aprovechan de forma inteligente esos activos la región tendría un enorme potencial para generar oportunidades y avanzar al desarrollo.

Aquí es donde CEPAL se equivoca, porque gran parte de esos activos ya estaban presentes en décadas anteriores y precisamente la globalización y el regionalismo abierto los debilitó, les impidió potenciar el desarrollo.

Veamos entonces que queda de ese optimismo sobre los activos regionales que valora la CEPAL en su nuevo documento.

Sobre capacidades productivas, humanas y financieras

Con la apertura radical al mundo y los TLC se redujeron las capacidades productivas nacionales. Se radicalizó la producción para la exportación de recursos naturales, a costa de un repliegue industrial y de deterioros medioambientales.

El sector financiero en América Latina sigue siendo relativamente pequeño, poco profundo, concentrado y desnacionalizado[1]. A ello se agrega que América Latina se encuentra entre las regiones menos preparadas para los ciberataques, como consecuencia de la escasa inversión en ciberseguridad, la falta de profesionales calificados y la debilidad de los marcos regulatorios[2].

En cuanto a las capacidades humanas, la mayoría de los trabajos en la región son informales, más de la mitad de los trabajadores no cuentan con un nivel básico de comprensión lectora o de cálculo matemático, y solo un 16% logra acceder a la educación terciaria[3]. Y esto es resultado de la misma desindustrialización y la escasa inversión en I+D, gracias a la concentración productiva en focos extractivistas, consecuencia de la globalización sin mediaciones.

Tamaño de mercado e integración regional

Por otra parte, se ha desaprovechamiento el mercado y la integración regional, los que fueron muy valorados en el pensamiento de Prebisch para rediseñar la estructura de producción de las economías y favorecer el establecimiento de actividades de carácter industrial,

El fracaso de la integración latinoamericana obedece a variados factores y quizás el más evidente es la fragmentación ideológica que domina la política latinoamericana, muy ligado a las presiones de los gobiernos estadounidenses Y, en general, en la fase de la globalización la economía latinoamericana se ha caracterizado por tener como prioridad económica la relación con Estados Unidos y recientemente con China

Es cierto, como señala, CEPAL que la integración y la cooperación regionales se presentan como un mecanismo transversal que puede servir como instrumento de política para reducir vulnerabilidades, incrementar el poder de negociación y convertir los activos en una ventaja colectiva. Pero ello no es tan fácil cuando los gobiernos actuales son complacientes con la política estadounidense y, al mismo tiempo, el gobierno de Donald Trump exige alineamiento político y en lo económico presiona con la entrega de sus minerales y tierras raras para alimentar las tecnologías estadounidenses.

Aprovechamiento de la dotación de recursos estratégicos

No cabe duda de que la dotación de recursos y las capacidades productivas son claves para impulsar el crecimiento económico, la transformación productiva y la mejora del nivel de vida.

Y dice bien el documento que “En la actualidad, las políticas de desarrollo productivo, que incluyen programas de colaboración en sectores específicos, constituyen una parte esencial de las nuevas estrategias de crecimiento y desarrollo.”

La región cuenta con energía (limpia y fósil), alimentos, minerales críticos (litio, cobre, níquel, cobalto, tierras raras, bauxita y grafito) y gran biodiversidad, y se sugiere que con adecuadas políticas productivas pueden ser aprovechados en favor de latransición energética, el desarrollo de la electromovilidad y para alimentar las cadenas de valor.

Al mismo tiempo, se sugiere una política nacional y regional de autonomía y no alineamiento para desafiar la competencia geopolítica en torno a los minerales críticos, porque estos recursos son estratégicos en el desarrollo de las nuevas tecnologías y la IA.

Sin embargo, nos encontramos con serios problemas políticos para impulsar el desarrollo productivo. Por una parte, los gobiernos en curso han sido explícitos en la defensa de políticas neoliberales, con estados domesticados por los mercados. Por otra parte, los gobiernos actuales ya han suscrito memorandos de entendimiento para vender los minerales y tierras raras sin agregación de valor a los países desarrollados, en particular a EE. UU.

En consecuencia, con los gobiernos actuales difícilmente se implementarán políticas de desarrollo productivo en la agricultura, minerales críticos y la energía, porque precisamente (y lo dice la misma CEPAL) han adquirido importancia estratégica en el contexto mundial actual e intentan ser monopolizados como recursos naturales por el gobierno estadounidense.

Así las cosas, también resulta dudoso se destinen mayores recursos para potenciar la educación, la ciencia y tecnología, lo que impedirá aumentar la productividad, diversificar la producción y fortalecer la agregación de valor.

En asunto no es tan fácil. Sólo un cambio político de envergadura y una visión económica que rompa con el pensamiento hegemónico podrán hacer viable las propuestas de desarrollo sugeridas en Rupturas y Oportunidades. De otra forma no son más que buenas intenciones.

Al mismo tiempo, la autonomía nacional, el no alineamiento y la integración regional, es sin duda fundamental para avanzar el desarrollo. Sin embargo, ello se ve difícil tanto por la política agresiva del actual gobierno estadounidense, como por la complacencia de los gobiernos de la región, aunque con contadas excepciones.

En consecuencia, para que la nueva propuesta de CEPAL se haga realidad se requieren gobiernos con proyectos políticos que revaloricen el rol del estado como planificador y orientador de la economía; que incorporen la educación, ciencia y tecnología como fundamento de la transformación y de la productividad; con un compromiso real con la diversificación productiva, territorial y empresarial; y, una garantía en la defensa del medioambiente y los ecosistemas. Y, al mismo tiempo, gobiernos capaces de desafiar la doctrina Monroe 2.0, diversificando sin miedo sus relaciones políticas, comerciales y militares de acuerdo a sus intereses nacionales, lo que incluye priorizar la integración regional.

Nada de eso se encuentra presente en el actual cuadro político regional.

El reciente documento de la CEPAL Rupturas y Oportunidades debe ser valorado como un buen diagnóstico de la actual realidad económica, social e internacional de América Latina. Sin embargo, sus propuestas, aunque interesantes, encuentran escasa viabilidad en el actual cuadro político nacional e internacional. Probablemente servirá a políticos y economistas con real voluntad transformadora.  


[1] Según datos del Banco Mundial, el crédito al sector privado como porcentaje del PIB en América Latina y el Caribe era de 47%, muy por debajo del promedio mundial de 105% y del promedio de los países de ingreso alto de 154%. Asimismo, el tamaño de los mercados de valores y de bonos de 49% y 51% del PIB, respectivamente, también son inferiores al promedio mundial de 62% y 67%, respectivamente. En Unidadlatina.org, Desafíos del sector financiero en América Latina, 2023).

[2]Digiamericas, Panorama de amenazas para el sector financiero de LATAM en 2025,

[3] BID, Habilidades para el trabajo en América Latina, 2023

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