“La humanidad no puede soportar mucha realidad” (T.S. Eliot).
Fallecen 16 personas ancianas en el hogar “El Edén”. Que no era un Jardín. Solo un lugar baldío.
Viejos y viejas se arrastraron pidiendo ayuda sobre restos de dedos carbonizados. Antiguos como el tiempo, dejaron de existir con un quejido escalofriante que nadie escuchó. En el hogar “El Edén”. Donde Dios (no) se hizo hombre y el hombre (no) se hizo Dios.
En un instante de calor infinito, dejaron el vacío para para hacerse fugazmente reales, en un exceso de realidad insoportable. Los envió al sepulcro en un intento de hacer lo (s) soportable. Por un momento lo invisible se hizo visible. El dolor se hizo carne y la carne se hizo dolor. Corrupción con un desagradable olor a carne quemada. Y una política sin compasión. Donde la justicia y el bien común fueron cenizas al viento de primavera. Como “el invierno que se está yendo”. Con lágrimas negras. Regresaron llorando a la tierra de los sin tierra.
Los muertos, en este caso, eran un “pueblo desaparecido” para la democracia como poder del estado. Lejos “del imperativo del bien común”. Realizado en común. Sólo restos moribundos y errantes. Desechos improductivos de la injusticia. Estaban demasiado lejos de los “mejores gestores de salud del capitalismo contemporáneo”.
“La confusión entre la gestión y la política es hoy día completamente fatal para la política”. El problema de la política “es el consenso contemporáneo, según el cual la política es, en el mejor de los casos, la gestión más razonable como sea posible con el (neo) capitalismo eterno”. Para las derechas, y las izquierdas. A veces empáticas, pero no compasivas.

Nadie supuso el acontecimiento “como radical indisponibilidad”. El incendio del “Eden” ¿Era incalculable y no previsible? Sólo riesgo y peligros. Inciertos como es la existencia. Eludiendo normas y reglamentos que no fueron pesquisadas ni controladas por el estado. No hubo democracia de la justicia. Ni menos del bien común para esas personas. Ni tampoco libertad. Solo el estado ciego. Inexistente. Violentamente injusto. “Extraño e inhóspito”.
“Una ética de la compasión se toma en serio el drama de la existencia”. Especialmente de la vida y la muerte. “Se alimenta de los vínculos y relaciones que surgen en la vida ordinaria”. En común. “Se inscribe en un vínculo con la alteridad” y mi repuesta hacia el otro. En y desde su fragilidad primera.
“La ética de la compasión (empática) es una “pasión”, una relación con otro, otra persona, que no nace en el yo, si no en ese otro. En alguien o algo extraño, en una demanda o requerimiento, que desestabiliza la vida ordinaria…que no se somete a un orden… Que reclama una respuesta.” Respuesta de amor inclaudicable hacia al otro y a la humanidad.
No estuvimos a la altura con esos seres humanos. Con esas 16 personas. No recibieron la compasión necesaria del estado ni de la política. La sociedad completa dejó de ver sus rostros anhelantes y cansados. Murieron quemados y nosotros seguimos viviendo. ¡Qué vergüenza!
Es verdad. ¡No soportamos tanta realidad material des esperanzadora!
Necesitamos del misterio trascendente. De la compasión y el amor.
Intertextualidad y citas: Joan-Carles Mélich: “Ética de la compasión”; Alain Badiou: Elogio de la Política>”;