Cómo mirar la guerra en Ucrania

por Pablo Portales C.

La visión de la guerra en Ucrania suele presentar en primer plano a ucranianos y rusos en disputa y señalar al “bueno” y al “malo” para capturar máxima adhesión en la opinión pública. Un plano general da paso a descubrir otros implicados: Estados Unidos, UE-27, Gran Bretaña. Si se proyecta en un plano panorámico, la vista puede alcanzar hasta escenas del final de la “Guerra Fría”.

La complejidad causa actuaciones imprevisibles

Estos tres niveles introducen complejidad para observar y entender la guerra, pues no es lo mismo proyectarla desde uno, dos o tres planos. Un primer plano: asesinatos de civiles en Bucha por soldados rusos (2022); un plano general: Zelenski, Macron, Merz, Starmer y Trump en Ankara (2026); y un plano panorámico con escenas compuestas desde la Carta de París por una “Nueva Europa” (1989) hasta edificios e instalaciones de fuentes de energía en ruinas (2026).

Asimismo, esta complejidad se advierte al mirar a cierta distancia la contingencia, como lo hace el ex corresponsal de La Vanguardia en la URSS, Rafael Poch, cuando dice “la invasión a Ucrania fue una violación del derecho internacional, al mismo tiempo, fue una acción preventiva, porque aunque Ucrania no estaba en la OTAN en 2022, la OTAN sí estaba en Ucrania desde 2014” , el momento del cruento cambio de régimen.

Ambos puntos de vista se sustentan. Sin embargo, expresar dicha complejidad en Occidente y en Rusia, es un riesgo a ser clasificado de “traidor” . La crítica a la invasión lleva a prisión en Rusia, así como criticar la política alemana sobre la guerra a perder una cátedra universitaria, o en la UE en Bruselas a ser sancionado quedando sin acceso a la cuenta bancaria o sin posibilidad de viajar.

Estados Unidos pone a la OTAN en marcha hacia Rusia.

La reunificación alemana junto a la aceptación de Estados Unidos (Baker) y de Alemania (Kohl y Genscher) de que la OTAN no se expandiría “ni un centímetro hacia el este” fue un acuerdo para así evitar llegar a la frontera soviética (la Rusia actual). Sin embargo, muy pronto, en privado, el ex presidente George Bush advirtió a su secretario de Estado, James Baker: “no hay que prometer nada a los perdedores de la historia” .

En público, Bush decía que era conveniente hacer una “OTAN más política” y la propia Alianza, un año después, 1991, declaraba que “los acontecimientos ofrecían la oportunidad de ampliar la Alianza” . Un tiempo de silencio y el presidente Bill Clinton, en 1994 inició la larga marcha hacia Rusia.

En 1999, Polonia, República Checa y Hungría entran a la OTAN y en 2004 lo hacen Estonia, Letonia, Lituania, Eslovaquia, Bulgaria, Rumania, y Eslovenia. En 2003, Georgia y 2004 Ucrania desarrollaron revoluciones de colores, estimuladas por Estados Unidos para derrocar gobiernos autoritarios, con un movimiento popular no ideologizado, con técnicas de soft power, de alta visibilidad mediática y liderazgo político eficaz con una oposición coordinada.

La “revolución” arrebatada por “viejos demonios”

La Revolución naranja siguió esas formas que, marcadas por los jóvenes, animaron a una multitud a resolver unas elecciones polarizadas entre el este y el oeste ucraniano. Una primera vuelta estrechísima a favor del “oeste” , por 0,66% de votos y el ballotage a favor del “este” , por 2,7% de votos despertó una reacción occidental rotunda e inusual.

La UE avisó que no reconocería los resultados; el secretario de Estado Colin Powell añadió que eran ilegítimos. Kissinger y Brzezinski viajaron a Kiev a prestar apoyo y el movimiento de protestas pobló de tiendas la plaza principal. La Corte de Justicia examinó los reclamos y falló repetir las elecciones. En tres meses vibrantes la Revolución naranja se impuso al candidato prorruso por 7,2 puntos.

En el gobierno, la Revolución perdió su colorido. La perenne corrupción en un país fracturado en clave este-oeste lo dejó expuesto a “viejos demonios” del nacionalismo de uno y otro lado. En 2008, Rusia avisó en forma terminante que no aceptaría la inclusión ni de Georgia ni Ucrania en la OTAN. Al año siguiente, los ucranianos eligieron un presidente prorruso sin ser impugnado.

Euromaidan y a “ganar tiempo” , que viene la guerra.

La crisis económica de 2008 llevó a Ucrania elegir a Rusia o la UE como aliado comercial. El gobierno rechazó las condiciones de la UE, columnas de manifestantes pacíficos y festivos volvieron a la plaza. Música y animación recibieron a visitantes europeos y estadounidenses connotados. Ultranacionalistas tomaron posición, giraron el rumbo de la revuelta, radicalizándola. En pié de combate dejaron “fuera de juego” a la política. Abrieron fuego y derrocaron el gobierno.

La tormenta anunciada arribó a Kiev, el choque violento y sus réplicas se sintieron en el este. Crimea y Rusia se miraron y resolvieron unirse. El Donbás, rusófilo, se levantó y Rusia lo asistió. Una guerra híbrida con paramilitares y ejército ucranianos. Minsk I (2014) y II (2015), acuerdos para “ganar tiempo” en preparar a Ucrania ante un nuevo conflicto, como reconocieron Ángela Merkel y François Hollande, presentes en Minsk.

Ucrania, en siete años, logró que la OTAN la preparara, apertrechara y modernizara su sistema de defensa y seguridad; puso en vigor la reforma constitucional para acercarse a la OTAN (2019) y decidió una Estrategia de Seguridad Nacional (2020), un requisito para ser miembro pleno de la Alianza.

La OTAN con discreción, en Ucrania.

La derrota electoral del gobierno pro-occidental de la Revolución naranja por el candidato prorruso en 2009, el cruento derrocamiento del gobierno prorruso por el Euromaidan en 2013-14, la guerra del Donbás y la anexión rusa de Crimea en 2014 dejaron campo abierto a la guerra, ya en ciernes, que Rusia precipitó invadiendo territorios de Ucrania.

Una guerra ya advertida por la OTAN (Bucarest, 2008), en la que ésta expresó su voluntad de convertir a Ucrania en miembro de la Alianza. Dos días después, el presidente Putin planteó al presidente Bush que Ucrania en la OTAN “ … crea la amenaza de que se desplieguen bases militares y nuevos sistemas de armas cerca de Rusia. Genera incertidumbres y amenazas para nosotros” .

La OTAN está en Ucrania, aunque en la retaguardia, no en el frente. Militares de la Alianza se emplean en supervisar el suministro de armas, informar sobre objetivos rusos y vuelo de bombarderos enemigos, asistir a los ataques a la retaguardia rusa con drones y misiles de largo alcance, con sus satélites, datos de inteligencia, información y sus armas.

Ucrania fue invitado por el presidente Clinton en enero de 1994, en Kiev, a integrarse a la Asociación para la Paz, una antesala para ingresar a la OTAN de una manera suave con el fin de evitar la ira de Rusia y el desgarro de la sociedad ucraniana de este a oeste. Hoy, treinta y dos años después, Estados Unidos es el sostén de Ucrania en el frente de la guerra para, recuperado el territorio invadido por Rusia, conseguir su seguridad con la presencia de la OTAN en la frontera rusa.

___________________________________

Referencias

1

“La ampliación de la OTAN sería el más fatal error de la política estadounidense desde el final de la Guerra Fría. Agregando que: Es previsible que esta decisión despierte las corrientes nacionalistas, antioccidentales y militaristas de la opinión pública rusa, que reavive una atmósfera de Guerra Fría en las relaciones Este – Oeste y que enrumbe la política exterior rusa en una dirección que ciertamente no será la que deseamos”

George Kennan, diplomático, politólogo e historiador estadounidense arquitecto de la estrategia de la Guerra Fría.

“La guerra en Ucrania: implicaciones geopolíticas”. Instituto de Estudios Latino-Americanos. Universidad Nacional de Santa Caterina. Florianópolis (Brasil) https://iela.ufsc.br/la-guerra-enucrania-implicaciones-geopoliticas/

2

“Si Ucrania aspira realmente a convertirse en miembro de la Unión Europea, el éxito no dependerá únicamente de su capacidad para defender su territorio ni de las capacidades militares adquiridas. También debería depender, y esto depende del lado europeo, de su capacidad para demostrar que la excepcionalidad de la guerra no se convierte en una forma permanente de ejercer el poder. Si Ucrania no avanza por el camino de la regeneración democrática, el resultado de la guerra podrá ser irrelevante no solo para Ucrania, sino para la naturaleza misma de lo que la UE dice defender”.

Ruth Ferrero-Turrión, profesora de Ciencia Política, Universidad Complutense de Madrid (UCM), Investigadora del Instituto Complutense de Estudios Internacionales (ICEI).

“Crisis política en Ucrania: cuando la guerra ya no puede ser la excusa”. https://agendapublica.es/noticia/21333 /crisis-politica-ucrania-cuando-guerraya-no-puede-ser-excusa

También te puede interesar

Deja un comentario