Manuel Rojas: un anarquista autodidacta

por Francisco J. Zañartu. G

Un escritor chileno nacido en Argentina

Hace algunos años, Revista de Libros, de El Mercurio, realizó una competencia que buscaba encontrar la mejor novela de nuestra historia y para ello entrevistó a profesores, escritores, editores, etc. El resultado de dicha carrera, consignó que el primer premio era para “Hijo de ladrón “de Manuel Rojas. El segundo lugar favoreció a “Los detectives salvajes” de Roberto Bolaño, y detrás aparecieron “Martín Rivas”, “El lugar sin límites” y “La casa de los espíritus”, entre otros.

La novela de Rojas cuenta la historia de Aniceto Hevia, un joven que ha sido acusado, injustamente, de un robo y, al salir de la cárcel, reconstruye su día a día a partir de la marginalidad, la pobreza y la orfandad.  El protagonista pulula por diferentes oficios y debe vivir la falta de referentes familiares, ya que su padre es un ladrón fugitivo, “el Gallego”, y su madre ha muerto. Hevia realiza su proceso de identidad, teniendo en cuenta que no puede cargar toda su vida con la historia de su familia. La obra muestra el carácter existencial de la escritura de Rojas que pone el foco en la dignidad de los antihéroes.

La pobreza y la marginalidad son una constante en la obra de Rojas. Sus protagonistas no miran la realidad desde fuera, están inmersos en ella: son marginales. Desde su primer volumen de cuentos, “El delincuente”, el autor se instala en un realismo urbano, donde la descripción de los espacios físicos determina la vida del personaje. Tal es el caso del protagonista de “El vaso de leche” un joven muy pobre del puerto, que lleva tres días sin comer y tiene un hambre que le quema el estómago o el muchacho de “Lanchas en la bahía” que se enamora de Yolanda, una prostituta, y va preso por una riña de amor provocada en un burdel en los cerros de Valparaíso.

 La obra de Rojas provoca un cambio en el realismo. Los personajes, como dice el mismo autor, “no hacen nada, ni siquiera mueren”. Esto tiene directa relación con la vida del autor, nacido en 1896 en Buenos Aires, a los tres años, se viene con   sus padres a Chile, luego, al morir su progenitor, vuelve a Argentina, viviendo con su madre en diversas residencias de acogida. Tanto viaje y la pobreza le impidieron tener una educación completa, fue a la escuela sólo hasta los 11 años y debió ejercer todo tipo de oficios, entre los que destacó el de cuidador de faluchos en Valparaíso.

La ausencia de la madre es otro tópico en la obra de Rojas, a Aniceto Hevia se le ha muerto cuando niño y en “El vaso de leche” el joven hambriento es alimentado por una mujer, mayor que cumple el rol de madre.

Su visión del mundo.

La miseria, que lo acompañó desde siempre, se manifiesta no sólo en su estética, sino que lo instaló en una postura política clara, al lado de los pobres. Al publicar su primer libro declara que ser hombre y ser pobre, construye su obra. En sus primeros años tuvo acercamientos con el Partido Socialista, sin embargo, se alejó cuando éste apoyó las candidaturas presidenciales de Carlos Ibáñez del Campo y de Gabriel González Videla. Sus vinculaciones con las ideas anarquistas datan de comienzos del siglo XX, cuando estas tenían una fuerte vinculación con el movimiento obrero chileno.

El anarquismo tiene una fuerte dimensión cultural pues parte de la base que la explotación del pueblo se sustenta en su ignorancia. En esos años se promueve la creación de periódicos populares, se potencia la lectura, el teatro y la formación intelectual de los obreros. La obra de Rojas no es explícita, se manifiesta a través de la visión del mundo que plantea. Se proponen valores como la solidaridad, la libertad individual, la oposición a la iglesia y la crítica al estado. Aniceto Hevia, por ejemplo, se rebela contra la clasificación de las personas por su origen social. El protagonista de ”Lanchas en la bahía” al salir de la cárcel llega a la pensión y lee un libro de Kropotkin que tiene su mentor “El rucio”…

El anarquismo es una postura ética.

Si bien Rojas es el autor más relacionado con el anarquismo no es el único vinculado con dichas ideas. Entre ellos destaca también el poeta José Domingo Gómez Rojas, a quién se identificara como un visionario de las cosas misteriosas y ultraterrenas. En los años 20 participa en “La huelga del hambre” siendo detenido, llevado a la Penitenciaría y luego a la Casa de Orates. Muere el 29 de septiembre de 1920. Además está la presencia de Baldomero Lillo, autor de “Subsole” y “Subterra” y de José Santos González Vera, autor de “Vidas mínimas” que relata la vida de un conventillo en la calle Maruri de Santiago. La misma calle donde Neruda escribe “Crepúsculario”’, llamado inicialmente “Los crepúsculos de Maruri”

El año 2005 la editorial Planeta publica “Letras anarquistas” donde se destacan textos y correspondencia de José Santos González Vera y Manuel Rojas. Editado por Carmen Soria, nieta de González Vera, el texto es el resultado de una acuciosa investigación en la prensa y muestra los idearios de estos cuando eran jóvenes y deciden tomar el tema de la liberación por las astas. El libro da cuenta de lo que ocurre en este país entre 1913 y 1954.

Su marco teórico

Al realizar un estudio de la obra de Rojas, el lector se enfrenta a una nueva forma de narrar que rompe con el criollismo y el naturalismo. Se trata del “realismo interior” o “realismo subjetivo” que muestra cómo la realidad externa determina la personalidad del ser humano. Es la primera vez que las novelas son protagonizadas por personajes que están fuera de la literatura clásica. Vagos, obreros, prostitutas, pecadores, etc. se transforman en los ejes de la acción dramática y se presentan como seres capaces de decidir su vida y triunfar. Ellos no cumplen el rol de víctimas, como lo muestra el protagonista del cuento “La suerte de Cucho Vial” un hombre que vive perdido en los bosques, baja a la provincia, Osorno, gana una mujer en las cartas, se la lleva al bosque y ella, cuando puede volver a la ciudad, decide irse con Cucho.

El monólogo interior y la corriente de la conciencia están constantemente presentes en la obra de Rojas. Era un seguidor de Joyce.  La temporalidad no es lineal. Hay diversos raccontos, reflexiones, vueltas al presente. Él mismo escribe: “Nunca he podido pensar como pudiera hacerlo un metro línea tras línea, centímetro tras centímetro hasta llegar a mil, y mi memoria no es mucho mejor, salta de un hecho a otro…

Durante años, ya consagrado como escritor, ejerce la docencia en diversas escuelas de periodismo y la Universidad Central de Venezuela publica sus apuntes de clases. En este libro, editado años después en Chile con el nombre de «Mecánica de la escritura”, destaca que cuando empezó en la escritura no sabía de semántica ni de gramática y que además tenía una pésima ortografía, que esas cosas las aprendió después de cuarenta años. En dicha obra, da importancia a la creatividad, distingue la diferencia entre decir algo y escribirlo, dando una relevancia al proceso de la escritura, reivindicando la metáfora y formas narrativas como el cuento y la novela. Se sobresalta la autoconciencia del escritor, es decir, qué hace que un autor se interese por un tema determinado y decida escribir sobre este. Dicho proceso no es automático, sino que requiere un desarrollo reflexivo.

Rojas se preocupa hasta la construcción de una oración. En ese mismo libro destaca que “Belleza del lenguaje no significa usar palabras rebuscadas o altisonantes, cursis o extrañas como «vivencias » o»telúrico» o disparatadas como “paralogizar” u otras. Belleza significa lenguaje sencillo.” Él entendía que el trabajo con el lenguaje es una lucha por encontrar la palabra que tradujera una idea, una historia o emoción. Esa lucha la debería librar hasta el último minuto el periodista, escritor o historiador.

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