Una caricia

por Dante Cajales Meneses

¿Qué puedo decir de la caricia? si no es hablar, principalmente de mi impresión, de mis ideas o creencias, sobre lo que supone para mí, la caricia, una caricia. Antes de ponerme a escribir, lo primero que hice fue escuchar un bello tema del guitarrista argentino Luis Salinas, titulado Caricia. Recuerdo que lo colocaba a la hora de dormir de mi hija cuando tenía meses de vida. La tarareaba y sus párpados se cerraban mirándome. Fue entonces que recordé una novela que leí en los noventa del poeta canadiense Leonard Cohen, El juego favorito (1963).

La historia de Lawrence Breavman, el protagonista es un joven poeta y alter ego del propio Leonard Cohen. Se enamora y su único afán es convertirse en escritor. En una de las páginas que tengo subrayada encontré la frase: […] en los sueños se aprende la verdad de que toda buena escritura se hace en la ausencia de la caricia […] Hace unos días visité a mi hermano Pablo y me habló de la Fundación Abrázame. Me compartió un vídeo que usa la fundación para sumar voluntarios. Me quedé con estas frases de la bella y conmovedora animación de un niño hablando en primera persona: […] cuando tienes miedo todo el rato, cuando te sientes solo y nadie te da cariño, con el tiempo te vas volviendo de piedra […] / […] cuando cumplí los cinco años, conocí a la tía Daniela, nos contaba cuentos, inventaba juegos, pero yo seguía de piedra. Un día me caí, y ella llegó a consolarme. Me abrazó. Y me pasó algo increíble. De a poquito comencé a dejar de ser de piedra […] Podrá cada niño, cada niña recién nacida vulnerados en sus derechos de la fundación Abrázame escribir su propia historia de ausencia de afecto y apego al ser abandonados en los hospitales de nuestro país, y contarla como lo hace el protagonista en El juego favorito.

El primer contacto físico del recién nacido con la madre a largo plazo otorga al niño una base de confianza para explorar el mundo exterior de forma autónoma.

No tengo duda de que del estado del arte y la literatura en dermatología podemos aprender mucho sobre el valor del estímulo táctil como algo esencial, que activa los receptores de la piel y desencadena respuestas bioquímicas con impacto directo en la salud física, mental y emocional. No creo que, tú que lees esta nota no compartas la idea de esta necesidad vital. Me pregunto qué sucede con el universo biológico en relación con la caricia. En el tacto con la piel y cómo se activan una serie de estructuras y conexiones nerviosas cuando la epidermis recibe estímulos externos. Cómo se lleva este “caos” de aceptar o rechazar una caricia.

“Caos” me gusta esta palabra cuando de ella pueden surgir experiencias maravillosas. No es mi afán romantizar esta nota. Ni la palabra “caos” ni la palabra “caricia”. Confieso que, con el poema Caricia de Gabriela Mistral, no me pasó nada. Eso no significa que con la poesía de la Mistral no me suceda nada. Gabriela Mistral es parte fundamental de mis comienzos en poesía, en especial con Los sonetos de la muerte, principio y fin de mi poética. No fui un niño precoz, pero no más de 7 años tenía cuando oí por primera vez la voz de Gabriela Mistral leyendo «Los Sonetos de la Muerte», poetizando sobre la muerte, cuando trataba de comprender, a esa edad, por qué las personas se morían. Me interesó de la poesía, siendo tan chico, esa capacidad de conmover de unas palabras. Fue la primera vez que me enfrenté a la palabra muerte y a la muerte como realidad concreta a través de mi abuelo y mi abuela muertos con un año de diferencia. Esos versos de los Sonetos de la muerte de Gabriela Mistral me dijeron más sobre la muerte de lo que me podía explicar mi madre a mis 7 u 8 años.  Esa capacidad de conmover que te provoca la poesía, y ese caudal de palabras que iluminan en todas las direcciones, pueden constituirse en imágenes muy potentes y excitantes que, solo leerlas, te dan una caricia abundante en paz y caos.

Como poeta he querido revisar aquellos versos que no solo nombran la palabra caricia, sino que, con su tono, sus imágenes pueden acariciar no solo a quien las escribe, sino a quien las lee. En la escritura de la poeta rusa Anna Ajmátova, la idea de “caricia” no es un simple acto romántico. Ajmátova la usa como un fuerte contraste para hablar del dolor, la distancia y la dura realidad de su tiempo con la persecución hacia los disidentes del el estalinismo: […] para algunos sopla suave la brisa / Para algunos es una caricia el ocaso […] Pero la esperanza canta siempre a lo lejos […] Durante la dictadura cívico militar chilena, el poeta Floridor Pérez (1937-2019) escribe los más bellos poemas de amor en el campo de prisioneros políticos de Isla Quiriquina: No puedo vivir sin ti, cariño’, ¿Y por qué vas a vivir sin mí, carajo? / Me tienes y te tengo / Y es lo único que tengo / No se lo pedí a Frei / No me lo dio Allende / No me lo quitará la Junta Militar.

En su poema Informe sobre caricias el poeta uruguayo Mario Benedetti explora la caricia no solo como un hecho físico, sino como un lenguaje íntimo, único e irrepetible […] si tus caricias me hablan / no quiero que se callen […] En cambio, el poeta mexicano Jaime Sabines, en su extraordinario poema Los amorosos, deshecha la rima y la métrica rigurosa para entrar en un tono coloquial la voz del hablante con una fuerza lírica intensa que da cuenta del sufrimiento cotidiano de los amantes: […] Los amorosos se ponen a cantar entre labios / una canción no aprendida, / y se van llorando, llorando, la hermosa vida.

Identificar los rasgos violentos en nuestra sociedad, no solo los de ayer, los de hoy, no siempre es tan sencillo. Debemos reconocer que estamos constantemente expuestos a la violencia, tanto al interior de la familia como en las formas en que se ejerce el poder a través de los medios y las RRSS. Me lleva cada vez el hecho de que, afortunadamente, en la actualidad hay una preocupación general por detener todas las formas de violencia con las expresiones de arte. La poesía es una de ellas. La poesía puede ser una caricia que alivia y reconvierte el dolor. Brinda refugio. Las palabras en un verso, juntas en un poema, ofrecen un espacio seguro donde el dolor y la tristeza descansan en imágenes literarias que alivian. Para el filósofo Emmanuel Levinas, la caricia no busca apropiarse de lo que toca, sino que vive y respira en la búsqueda misma de algo que siempre se despoja. Es una expectativa sin plan que se dirige hacia el misterio del «otro» como un otro y reconoce su inaccesibilidad y su infinita alteridad. Su capacidad de ser otro.

A través de la literatura, especialmente en poesía, podemos reconocer y expresar experiencias profundas de dolor y felicidad como propias y ajenas. Ponerle nombre a lo que duele, a lo que daña, ayuda a cicatrizar la herida.

En un abrazo se libera oxitocina, dopamina y serotonina, hormonas que reducen el estrés, producen calma y mejoran el bienestar emocional y físico.

No deseo que la arrogancia intelectual me cueste una caricia. Que la muerte me pueda herir en vida, que la crueldad me parta el alma. Que nada cambie nuestra dicha de estar despiertos, y que una caricia nos atraviese como una flecha alegre y radiante. Besemos a los que amamos. Amémonos, con una caricia.

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