La mesa técnica convocada por el Gobierno tiene una oportunidad excepcional para revisar la viabilidad de Televisión Nacional de Chile. Pero su éxito dependerá de algo anterior al financiamiento, es decir, definir qué valor público debe producir TVN, cómo medirlo y qué parte de la actual corporación merece seguir existiendo, porque su crisis deriva de una contradicción institucional acumulativa iniciada antes de su colapso financiero. El modelo de 1992 combinó misión pública, autofinanciamiento comercial y gobernanza político-partidaria en un entorno de televisión masiva que inicialmente hizo compatibles esas dimensiones. La fragmentación audiovisual y el desplazamiento de la inversión publicitaria rompieron progresivamente ese equilibrio. Frente a ello, la organización respondió principalmente mediante estrategias de mercado, reducción de costos y búsqueda de audiencia, mientras continuó justificando su singularidad mediante un discurso de pluralismo, identidad, democracia y servicio público. La ausencia de indicadores capaces de traducir esa misión en desempeño verificable produjo una disociación discursiva corporativa. A medida que el mercado perdió capacidad para sostener el modelo, aumentaron tanto la homologación comercial como la dependencia de mecanismos políticos y financieros extraordinarios, erosionándose simultáneamente eficiencia, diferenciación y legitimidad.
El Gobierno acaba de ponerle plazo a una discusión que Chile lleva postergando más de una década. Una mesa técnica de siete integrantes, provenientes del Ejecutivo y la academia, tendrá 45 días para diagnosticar la crisis estructural de Televisión Nacional de Chile y entregar un informe público con conclusiones y propuestas sobre su futuro. El mandato anunciado por el subsecretario general de Gobierno, José Francisco Lagos, incluye revisar la estructura interna de la entidad, su eficiencia operacional, gestión institucional, alternativas de financiamiento, evolución de la industria audiovisual, mercado publicitario, transformación tecnológica y adecuación de la misión pública al cambio de hábitos de las audiencias.
Es probablemente el intento más interesante de los últimos años por sacar la discusión del terreno de las capitalizaciones ocasionales o endeudamiento con aval del Estado y llevarla hacia una revisión estructural. Pero también puede convertirse en una nueva oportunidad perdida. Todo dependerá de la pregunta con que comience su trabajo. Porque si esos 45 días terminan concentrados fundamentalmente en determinar cómo financiar TVN, la comisión habrá llegado demasiado tarde para resolver un problema que ya no es esencialmente financiero.
La pregunta correcta debería formularse en el orden inverso y refiere a qué televisión pública necesita Chile, qué valor concreto debe producir, cómo demostrarlo, qué estructura necesita para hacerlo y recién entonces cuánto cuesta financiarla.
Lagos entregó una pista importante al reconocer que los modelos utilizados internacionalmente respondían muchas veces a un mercado publicitario que ya no existe en las mismas condiciones y que la pérdida de peso relativo de la publicidad televisiva obliga a revisar los supuestos históricos del sistema. Ese reconocimiento debería ser el punto de partida y no una observación secundaria.
La comisión no debe evaluar solamente solvencia

La expresión “sostenibilidad financiera” es razonable, pero insuficiente. Una organización puede convertirse financieramente en sostenible haciendo mucho menos y también puede equilibrar sus cuentas produciendo contenidos completamente indiferenciados respecto de sus competidores. En ninguno de esos casos queda demostrado que merezca existir como televisión pública. Ahí radica el verdadero problema.
TVN cerró 2025 con pérdidas por $15.529 millones y arrastra desde 2014 más de $105.000 millones nominales de resultados negativos. Paralelamente, la participación de la televisión abierta dentro de la inversión publicitaria chilena descendió desde aproximadamente 36,9% en 2014 hasta 22,8% en 2025 y 21,9% durante enero-mayo de 2026, mientras digital alcanzó 54,7%. Por tanto, la mesa no debiera limitarse a examinar cómo mejorar el desempeño de TVN dentro de un mercado que estructuralmente perdió centralidad. Debería preguntarse si la institución que se pretende financiar sigue correspondiendo al ecosistema audiovisual donde operará durante los próximos veinte años.
El verdadero déficit está en la medición de lo público

Aquí aparece un problema mucho más profundo que el balance contable, porque TVN carece de un sistema capaz de responder cuánto valor público diferencial produjo con similar precisión con la que sabe cuánto vende, cuánto gasta, cuáles son índices de audiencia, cuánto cuesta una franja programática y puede estimar participación publicitaria, ingresos, dotación, deuda y EBITDA.
Me refiero a un déficit fundamental en esta fase decisiva de análisis de su viabilidad, ya que en forma ininterrumpida a lo largo de sus 34 años de vigencia de la ley que le dio autonomía y autofinanciamiento, TVN se viene legitimando mediante conceptos que prácticamente nunca poseen la misma densidad de medición que sus variables comerciales. Conceptos como pluralismo, identidad nacional, diversidad, cultura, educación, representación territorial, participación democrática, cohesión… Todos son abstracciones recurrentes cada vez que la institución debe explicar por qué Chile necesita conservar un canal público.
No obstante, cuando corresponde decidir o defender las ofertas programáticas, presupuestos o evaluar ejecutivos, la fuerza de los indicadores cambia a rating, share, alcance, ingresos, costos, participación comercial, competencia en franjas con canales privados…
Este fenómeno a lo largo de casi dos décadas de columnas analíticas sobre la industria de medios y en especial en el caso de TVN lo he denominado Disociación Discursiva Corporativa. No significa que los directorios mientan acerca de la misión pública, porque lo que hace es describir algo más complejo; la organización se justifica mediante una racionalidad y se gobierna mediante otra. Y mientras esa distancia permanezca intacta, cualquier nueva fórmula financiera corre el riesgo de sostener la contradicción en vez de resolverla.
La EBU ofrece una referencia indispensable
Actualmente la European Broadcasting Union (EBU) ha avanzado precisamente hacia la pregunta que debería asumir esta mesa. Su marco Public Service Media 360° Value -presentado este año-, busca demostrar el valor de los medios públicos en dimensiones democráticas, sociales, culturales, creativas, económicas y tecnológicas. La lógica es particularmente pertinente para Chile. Un medio público ya no puede justificar su existencia solamente enumerando principios. Debe demostrar impacto.
La EBU viene trabajando además con metodologías orientadas a definir qué valor se quiere producir, medir resultados y demostrar públicamente ese aporte. La diferencia con el debate chileno es enorme. Nosotros seguimos discutiendo cuánto dinero necesita TVN y ellos están preguntándose qué produce la sociedad a cambio de financiar un medio público.
Esa debería ser la importación institucional más importante de la experiencia comparada. No el canon británico, ni la tasa alemana, ni el subsidio francés; sino un sistema de valor público medible.
La mesa necesita construir un tablero nuevo

Los 45 días no alcanzan para reconstruir TVN, pero pueden servir para cambiar el marco mediante el cual deberá evaluarse.
La primera recomendación debería ser construir indicadores permanentes de gestión pública. Un Índice de Diferenciación Pública capaz de determinar qué parte de la programación difícilmente existiría si TVN desapareciera, sumado a un Índice de Homologación Comercial que mida cuánto de su oferta puede encontrarse funcionalmente en Mega, Chilevisión o Canal 13, y un indicador de profundidad y relevancia informativa. Sumar a ellos una medición de representación territorial efectiva, también de pluralismo y diversidad, de confianza e independencia, y uno especialmente incómodo referido al valor público producido por peso utilizado.
Estas métricas permitirían distinguir entre pérdidas justificables y pérdidas indefendibles. Porque un documental científico deficitario puede producir alto valor público al mismo tiempo que un programa de entretención también deficitario, prácticamente idéntico a la oferta privada y con escasa audiencia, puede tener valor diferencial cercano a cero.
La contabilidad tradicional registra ambos como pérdidas, pero la política pública no debería tratarlos como equivalentes.
Eficiencia tampoco significa solamente gastar menos
El Subsecretario Lagos señaló que la mesa revisará la eficiencia operacional de TVN, un dato indispensable. No obstante, debe evitarse el error histórico de llevar años reduciendo estructuras, despidiendo trabajadores, externalizando producción, vendiendo o arrendando activos, reduciendo programación propia como lo ha hecho en distintos períodos para bajar sustancialmente sus costos. La eficiencia operacional mejoró más de una vez y el problema de déficit estructural se mantuvo.
Esto ya había sido advertido en mis columnas durante la crisis desde el 2019-2021. Una disminución del déficit podía ser una buena noticia contable y simultáneamente un autoengaño estratégico si se obtenía recortando capacidades sin modificar el modelo de gestión de incentivos de fondo.
La eficiencia que debe medir la mesa es cuánto valor público consigue producir TVN con cada unidad de recursos que consume. Ese es el concepto relevante para una empresa estatal.
La pregunta que nadie quiere hacer sobre la señal generalista

Un buen diagnóstico que pueda salir de la próxima comisión sobre TVN tampoco puede dar por sentado que todas las señales actuales deben sobrevivir. La señal abierta generalista, el Canal de Noticias de pago 24 Horas, la señal cultural infatil gratuita NTV, la señal internacional de pago TV Chile, la plataforma TVN Play, las redes regionales, el archivo histórico. Cada una debe justificar su existencia separadamente. La mesa debe ser capaz incluso de concluir que algunas funciones merecen más financiamiento y otras deben desaparecer. Eso incluye a la señal generalista si no logra justificarse en su rol.
He sostenido esta tesis desde mucho antes de la actual crisis. Ya en anteriores análisis desde la pandemia propuse que la refundación de TVN podía construirse desde Canal 24 Horas, abriéndolo a la televisión abierta y ampliando radicalmente su arco hacia actualidad, análisis, ciencia, cultura, economía, regiones, investigación periodística, educación y grandes asuntos nacionales. También planteé que TVN debía dejar de pensarse principalmente como un canal y convertirse en una plataforma pública multimedial. Y la discusión pública de este año 2026 vuelve esa propuesta más pertinente.
Cerrar la parrilla generalista puede significar exactamente lo contrario de quienes creen que significa cerrar televisión pública o matar la historia del medio. Lo que verdaderamente urge es concentrar los recursos escasos donde exista mayor diferenciación.
45 días para determinar qué merece seguir existiendo
El plazo que se ha dado el Gobierno es breve, aunque el objetivo tampoco debería ser diseñar hasta el último detalle de la nueva televisión pública.
La mesa puede hacer algo anterior y mucho más importante hoy, establecer las condiciones que TVN deberá cumplir para merecer financiamiento estable. Eso supone invertir la lógica utilizada históricamente, porque hasta ahora, TVN entra en crisis, solicita recursos y luego intenta reconstruirse.
La secuencia futura debería ser otra, orientada a definir su misión que por ley debe revisarse cada cinco años, sus funciones, sus indicadores, cómo costear sus gastos y rediseñar la organización por completo. Después de eso, recién, determinar el financiamiento.
Así, un eventual aporte basal, publicidad, contrato-programa, endowment, coproducciones o ingresos digitales dejan de costear una institución abstracta de pérdidas estructurales y pasa a financiar objetivos públicos verificables.
El riesgo de una comisión demasiado razonable
La mesa anunciada contiene varios de los elementos correctos, como la revisión de la eficiencia corporativa, de la industria audiovisual, de la inversión publicitaria, de la transformación digital, de su misión pública y un análisis comparado internacional.
Precisamente por eso existe el peligro que termine produciendo un informe impecablemente razonable y estratégicamente insuficiente. Un documento que recomiende bajar costos, digitalizar más rápido, diversificar ingresos, mantener publicidad, obtener aporte basal y reforzar misión.
Todo lo anterior puede ser cierto y aun así no resolver nada, porque la pregunta que TVN lleva demasiado tiempo evitando es mucho más drástica. ¿Qué produce esta institución que el mercado no produciría y que Chile considera suficientemente importante como para pagar por ello? Esa pregunta debería encabezar el informe final, ya que obliga a abandonar las defensas abstractas de un sistema de televisión pública que no necesariamente es sinónimo de TVN o lo que esta señal hace. TVN tampoco es sinónimo de su señal generalista y una misión escrita en una ley no garantiza que esa misión se materialice en pantalla.
La gran tarea de la mesa consiste en cerrar ese vacío, en transformar lo público desde un concepto legitimador en una variable verificable de gestión. Solo entonces sabremos cuánto cuesta. Y, mucho más importante, si vale lo que cuesta.
Períodos históricos de gestión del modelo TVN autofinanciado.
1992-2000 — Equilibrio virtuoso: Autonomía relativa en industria duopólica, autofinanciamiento, pluralismo, masividad, innovación y diferenciación.
2001-2009 — Mercantilización gradual: Transición simbólica desde la “plaza pública” hacia el “mall”, reducción de diversidad y debilitamiento de la misión diferenciadora (al tiempo que surgen fuerte los medios digitales y la Tv de formatos).
2010-2013 — Pérdida de capacidades estratégicas: Migración de equipos ejecutivos, deterioro programático y posterior pérdida del área dramática hacia Mega.
2014-2018 — Colapso económico: Grandes pérdidas, consumo de liquidez, deterioro patrimonial, rotación ejecutiva y capitalización.
2019-2022 — Jibarización y supervivencia: Reducción de personal, arriendo y venta de activos, pandemia, números azules extraordinarios por explotación fuera de su giro o ejercicios impositivos y contables, junto con menor producción fresca.
2023-2026 — Confirmación de inviabilidad del modelo generalista: Retorno a pérdidas elevadas, digital como soporte publicitario mundial dominante y reapertura del debate sobre financiamiento institucional o fórmulas de viabilidad con apoyo estatal.