El nuevo paradigma: affordability

por Jorge A. Bañales

De los tiempos cuando nada parecía inalcanzable Estados Unidos ha pasado a una etapa de mantener, al menos, lo que se ha logrado

Cumpleaños

Por casi dos siglos y medio la noción central que los estadounidenses han tenido de su país, y la que de todo el mundo ha atraído a cientos de millones de inmigrantes, puede resumirse en una palabra: prosperity.

Es cierto, no una prosperidad para todos ni con pretensiones de igualdad, pero sí al menos con un fuerte ingrediente de equidad.

Los inmigrantes escapados de las miserias en sus patrias y llegados sin otro tesoro más que sus ropas puestas, ignorantes del idioma y cercados por los prejuicios y la violencia de los que antes habían llegado, han sido capaces de sustentar familias criando hijos e hijas que fueron a la escuela y cuyas hijas e hijos llegaron a las universidades.

Aún los esclavos emancipados y sus proles han sido capaces de mejorar su suerte con empresas, artes, la participación en los procesos políticos y la adquisición de vivienda.

Fuera cual fuese su situación económica la mayoría de los estadounidenses ha tenido, al menos, la esperanza de una mejoría, de un futuro con acceso a más bienes y oportunidades para sí mismos y para sus descendientes.

Sea cual haya sido la identificación política, el credo religioso, el color de la piel, la edad y género y las raíces culturales, los movimientos sociales y los arrebatos ideológicos, por siglos los estadounidenses han compartido esa creencia fundacional que espera un crecimiento económico, un mayor poderío militar y la abundancia material como aspiraciones vitales con resultados inexorables.

En este cumpleaños de la república persiste el hábito de diagnosticar la salud de la nación marcado por los datos de cuántos automóviles o casas se han vendido, cuánto gastan los consumidores, cuántos jóvenes ingresan en las universidades, cuánto se alzan las apuestas en el casino financiero y la posición de EE.UU. como mayor productor o consumidor de lo que sea.

Más y más significa prosperidad y, supuestamente, bienestar social o el constante avance hacia tal bonanza.

Y de pronto…

En los últimos dos o tres años otro ha sido el término que saltó al frente en el discurso público, las peroratas de los políticos, el ruido mediático y las disertaciones de los académicos.

Se trata de affordability, que puede traducirse como asequibilidad.

“La asequibilidad se refiere a si los seres humanos pueden pagar de manera realista los bienes y servicios esenciales como vivienda, salud, comida y educación con los ingresos que ganan”, escribió Allen Morris en un artículo para el Equipo de Trabajo de la Coalición Nacional LGBTQ.  Es el factor que determina si los hogares pueden cubrir sus necesidades básicas sin arruinarse.

Los demócratas en Estados Unidos, que se proclaman defensores de la clase media y los trabajadores al igual que campeones de los pobres, sostienen que, como consecuencia de las políticas del presidente Donald Trump, la mayoría de los estadounidenses brega penosamente para, siquiera, mantenerse al día en el pago de las tales necesidades básicas.

Los estadounidenses parecen resignados a defender lo que ya han obtenido, con un talón en el talud de empezar a perderlo.

Trump y los republicanos afirman que toda la cháchara acerca de affordability es un cuento chino. Lo que importa es que aumenta el número de mil millonarios y los ricos del mundo no tienen angustias existenciales.

Del optimismo sin límites se ha pasado a un desconcierto que todavía no califica para pesimismo, pero sí acorta las expectativas.

No es un vuelco repentino sino, más bien, un estado de ánimo nacional que puede rastrearse a la crisis financiera de 2008 por la cual millones de personas perdieron su vivienda, su empleo y los ahorros para la jubilación. Una estafa de gran magnitud que golpeó especialmente a la clase media y las minorías.

El salvamento gubernamental de bancos e industrias añadió decepción acerca de los políticos y las instituciones que actuaron rápido y bonito para salvar al capitalismo, pero nada hicieron para castigar a los responsables.

A la defensiva

Décadas de luchas culminaron en 1964 con la promulgación de la Ley de Derechos Civiles que prohibió la discriminación por motivos de raza, color, religión, género u origen nacional.

Otros logros incluyeron las leyes para la defensa de los votantes de minorías, la legalización del aborto y del casamiento de homosexuales, las leyes por las cuales se ha facilitado el acceso de personas minusválidas a las veredas y los edificios, las leyes que apuntan a dar a las personas con discapacidades mentales la posibilidad de estudiar y trabajar.

Leyes promulgadas por presidentes republicanos o demócratas durante décadas establecieron protecciones de recursos naturales y de la fauna, y bosques prístinos y sustentaron normas para reducir la contaminación del aire, el agua, las tierras.

En todos estos terrenos, además del económico, ha desaparecido casi el optimismo de una mejoría y una ampliación de los beneficios y los derechos.

Quienes de estos asuntos se ocupan libran batallas para preservar lo que sea asequible. Al anhelo de prosperity le ha sucedido la resignación de affordability.

El gobierno del presidente Donald Trump “ha actuado de forma agresiva para frenar el progreso de la nación en lo que se refiere a los derechos civiles y humanos” según la Conferencia de Liderazgo sobre Derechos Civiles y Humano. “Ese gobierno ha emprendido “acciones tremendamente dañinas que afectan de manera devastadora la vida de la gente, las familias y su futuro”.

Una encuesta de la firma Gallup, realizada entre el 1 y el 15 de junio encontró que en el onomástico de la nación la proporción de estadounidenses adultos que se dicen “extremadamente orgullosos” de su país ha bajado del 55 % en 2001 al 33%, el nivel más bajo en dos décadas.

Cuando Estados Unidos celebre esta semana los 250 años de su declaración de independencia y rebelión anti-monárquica, millones de ciudadanos han participado y siguen sumándose a manifestaciones en todo el país bajo la consigna de lo que pueda ser asequible: “Rey, no”.

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