En un principio el cuchillo era manso y se contentaba todas las mañanas con cortar el pan de la familia. Y de untar aquellos tibios panes con mantequilla. Luego para el postre cortaba felizmente naranjas y plátanos. Después comenzó a cortar presas mayores como filetes de vacuno y de cerdo. Una de las hijas lo usaba para cortar flores en la primavera. El padre lo utilizó en una oportunidad para cortar una cuerda que había atrapado a su perro. Una vecina lo solicitó para cortar lo que pensaba eran unas malezas que invadían su jardín. El cuchillo fue tentado por un circo para que fuera usado para clavar una manzana sobre la cabeza de la mujer barbuda, pero se negó por sus sólidos principios. Y finalmente en una cruda noche de invierno le tocó la audaz misión de cortarle el cuello a un sicario.
*Imagen gráfica de Christian Pohlhammer