“No es la duda, sino la certeza la que nos vuelve loco” (Nietzsche)
Se debate sobre si escuchar o no el ruido del corazón en un no nacido antes de quitarle su vida. ¿Acaso alguien ha escuchado el sonido alucinante del “murmullo primordial” al gestarse la primera célula o del alma al nacer? Es la certeza de esa vida seguida de su término, la que engendra la muerte, locura y sufrimiento. Un atentado contra la eternidad.
Necesitamos certezas. La certeza del consumo embadurnado de su placer pasajero como un hecho cierto con esperanza inútil de lo eterno. Pago, vendo y consumo en un eterno retorno. ¿Seremos “una hacienda con una gran pulpería (donde se compra y vende hasta la vida”)? ¿O solo un conglomerado de tribus “cumas”, con “señoras (y señores) de feria”, juntos a empresarios del dinero, y muchos (as), muchos(as) comerciantes que crecen como una epidemia de hongos por doquier?
Creamos industrias de la vida y la muerte. (La de la gestación subrogada en el mundo alcanzará los 200 mil millones de dólares). En Latinoamérica el costo estimado por asesinato es de 15 a 35 mil dólares. En Europa de 20.000 euros. Organizaciones abortistas declaran ingresos anuales superiores a los 2.000 millones de dólares. (Datos I.A).
Vivimos avasallados y colonizados por las certezas digitales con sus riquezas y miserias. En Chile el 66% de los adolescentes entre 13 y 17 años usa Chat GPT y el 80% usa IA en actividades de aprendizaje, mientras que el 40% la usa frecuentemente para hacer trampas. Dudamos hasta de la duda. Siempre buscando la certeza (incierta del amor). Huyendo de una soledad y pobrezas miserables. Del sin sentido destructor.
Todo lo que es 1 es real y lo que es 0 es falso. Entre los dos, el vacío digital y la pasión por el consumo. Para no enfrentar la incertidumbre buscando certezas imposibles. Ojalá absolutas. Tratando de alcanzar la predictibilidad verdadera. Minimizando el horror del error. Cosa imposible de hacer. El error y el amor son realidades de la naturaleza humana. “La incertidumbre es el pánico del pasado. Certeza e incertidumbre son pasiones de la razón. Me gusta esa espera atenta, inquietud tranquila”.

¿Pasión por la incertidumbre? Al cerebro y al cuerpo, no le gustan. A la mente tampoco. La economía y los negocios la aborrecen. La violencia y el crimen la aman. La ciencia también. La religión la rechaza. La política lamenta tener que vivir con ella. Le produce tanto temor como su desaparición.
A saber, el ser humano cuenta con un poderosos sistema predictivo cerebro corporal mental (que consume mucha energía). Opera bajo las reglas históricas de la predictibilidad incorporando y transformando experiencias de predictibilidad exitosas anteriores inscritas en el tiempo. En base a la repetición y creación de modelos y patrones eficientes destinada a mantener la integridad y la supervivencia adaptativa identitaria. Usando la experiencia y el aprendizaje. Incorporando lo nuevo y desarrollando orden, junto minimizar y metabolizar el error como desorden. Entonces, ¿“el sentido de la vida parece operar bajo las reglas de economía de recursos más que de búsquedas abstractas de sentido”? ¿Victoria final de la economía y los datos? Lo dudo, luego existo. (Porque dudo, tengo fe) en que no será así el pasado del futuro. Por fin florecieron los aromos. Esperabamos que florecieran. La esperanza es la madre subrogada de la certeza.
Intertextualidades: Sobre el cerebro predictivo, ideas y comillas del excelente libro de Felipe Lecannalier “La organización temporal del sufrimiento traumático”. Modelo de Apego y Complejidad (M.A. C) para procesos de cambios; Reseña sobre el libro “Pasión por la incertidumbre” de Dorian Astor; Reseñas, reportajes y crónicas sobre el enfrentamiento de dos diputadas en el congreso; Entrevista a Olivia Maurel; Algunos datos I.A.