Retención del ser humano

por Mario Valdivia

(Publicado a petición del grupo de progresistas retirados Mayulermu, como parte del Proyecto “Qué Hacer Con La Izquierda, presumiblemente desde la izquierda”) 

La manera como opera el orden tecnológico capitalista en el fondo es reteniendo el mundo en un presente fijo. De la convoluta malla de interacciones temporales y espaciales de la naturaleza extrae recurrencias dinámicas que estabilizan determinados procesos. Secciona las redes interactivas de posibilidades múltiples en las cuáles las cosas están en – redadas entre ellas, para aislar y congelar las elegidas en la forma de estabilidades matemáticas predictivas. Olvidado de su retención seccionadora, las considera leyes naturales ´innatas´. Temporalmente, en el presente, el orden tecnológico es ´un pasado controlando el futuro´. 

Hace, al mismo tiempo, algo semejante con el ser humano individual. Retiene el pasado que produjo el yo presente de entre múltiples posibilidades diversas, para disponer de este como recurso controladamente en el futuro. Un determinado paquete de hábitos, narrativas en la memoria y disposiciones anímicas adquiridos agencian acciones y explicaciones en el presente como afanes pre reflexivos. Olvidado del pasado retenido, el yo las considera sus capacidades, deseos y emociones innatos.

Un mecanismo muy poderoso de retención del pasado es el éxito en alguna esfera de la producción de ganancias y la acumulación. El encandilamiento que produce el mérito personal embota todo cuestionamiento a la proveniencia de las capacidades y disposiciones anímicas misteriosamente suyas de manera innata. Posiblemente en un sentido semejante opera el fracaso, si en vez de cuestionar el origen de capacidades innatas inadecuadas las entierra bajo la culpa por el demérito. Se extiende y estrecha así el orden tecnológico, olvidándose cada vez más el olvido de las capacidades y afanes retenidos que entrampan y encandilan al ser humano con la acumulación y la tecnología. La constante innovación que caracteriza al capitalismo como consecuencia de los afanes por acumular más y más tiene así un carácter transformador al mismo tiempo que conservador. Se puede decir que mientras más innova con nuevos procesos de producción de ganancias, más capitalista se hace el capitalismo, más tecnologizado el orden tecnológico, más hábil y competente el ser humano, y más olvidadamente retenido queda como recurso disponible.          

El ser humano del capitalismo es un combinado de deseos, emociones y discursos explicativos: el viejo animal racional, retenido en la historia como individualidad. Un ser que trasciende doblemente lo social por su animalidad natural y su razón universal (aunque la razón de los postmodernos es particular, en general, de alguna manera sigue penando el carácter natural de la animalidad) Un misterio la insólita espontaneidad creadora en este mundo, presa de afanes animales recibidos en forma innata. Un ser, el yo, que es y no es de aquí, un rincón espontáneo en el mundo desencantado por la modernidad, que el capitalismo dispone como recurso. Recurso dócil, la verdad, dueña culpable de sus fracasos y meritoria de sus éxitos, olvidada del pasado retenido que la constituye oculto como innatez. Una curiosa mezcla de fatalidad y libertad, un ser demasiado terreno y no propiamente terrestre, posiblemente perfecto para dominar la tierra, pero extraño para sí mismo. 

La superación de la ceguera de ser hábitos, narrativas y disposiciones anímicas retenidos en forma olvidada es el camino para desarmar los mitos innatistas que justifican las diferencias entre los individuos, tan naturales al capitalismo. Desarmar el mérito como un pasado que creó habilidades y estados de ánimo adecuados (vale decir, capacidades misteriosas consideradas innatas, como el talento, la creatividad, el empuje, la resiliencia). Y el demérito como un pasado que instaló hábitos inconvenientes (vicios e incapacidades tenidos por innatos). Re – formar lo formado, des retener y re – adquirir en el presente el pasado de hábitos y narrativas anímicamente templados es una posibilidad simple y luminosa. Ahora, ella no es importante para el orden tecnológico capitalista, cómodo con su animal racional, basta ver el ánimo depresivo que rodea al término re – habilitación y el talante resignado que enturbia la palabra educación. 

Si algo le vale a la izquierda no resignar – con seguridad es la llamada a hacerlo – es despertar al ser humano de la ceguera sobre su propia existencia retenida, dispuesta en el orden tecnológico capitalista. Desafiarlo con la posibilidad de recuperar libertad existencial. Movilizarlo a hacerse cargo de ser completamente de este mundo, con habilidades habituadas, cargado de recuerdos y afanes. Un producto histórico de aquí abajo, sin misteriosas capacidades innatas como razón, talento, creatividad, resiliencia, coraje…, irresponsabilidad, flojera, deshonestidad, todo olvidadamente formado, todo olvidadamente adquirido en el pasado. Completar, si se quiere, el desencantamiento del mundo prometida por la modernidad.   

Más le vale a la izquierda no sumarse sin más a las prácticas cotidianas e institucionales (pedagógicas, terapéuticas, éticas) que retienen olvidados los hábitos, las narrativas y los estados anímicos que forman a los seres humanos. La raíz de diferencias sin explicación ante las cuáles no hay más que fatalismo disfrazado de aceptación. En el capitalismo este es el resultado por default de la lógica de asignación de responsabilidad en todas las prácticas: mérito por el éxito, culpa por el fracaso. Pero siempre es posible no dejarse atrapar, y la izquierda, si puede sentirse convocada a algo, es a crear lo social como una apertura para cultivar libertad existencial. La posibilidad siempre existe porque el ser humano no está naturalmente hecho para resignarse culpablemente cuando fracasa ni tranquilizarse con el mérito de sus éxitos. Su estado de ánimo puede diferenciarse con otras tonalidades más sensibles, menos indolentes, más rebeldes, más compasivas, más abiertas a la aventura. Dan testimonio de posibilidades como estas las prácticas innovadoras que, aunque son consideradas marginales, excepcionales o escasas, a menudo develan posibilidades inéditas de hacer variaciones en el trasfondo de las capacidades retenidas. 

Ahora, precisamente ante lo excepcionales que son estas capacidades en el presente, vale la pena que la izquierda no se tranquilice ni se resigne con el falso misterio de su innatez. Es mejor que se proponga generalizarlas antes de admirarlas con la boca abierta. Y sostener porfiadamente la convicción de que detrás de ellas hay hábitos, narrativas y estados anímicos retenidos olvidados que las crearon en unos pocos y pueden hacerlas disponibles para todos.    

Seguramente no es una tarea trivial, pero es hermosa. Se trata de crear prácticas sociales que produzcan seres humanos menos entrampados, más autónomos, menos disponibles para el orden tecnológico y su coro de lógicas asociadas. De sustituir la monomanía social acumuladora por múltiples pasiones diferentes con los pies bien puestos en la tierra. La monomanía capitalista es terrestre por definición, los afanes de la izquierda deben serlo por diseño, más le vale no enfrentar aquella con ensoñaciones. Y se ha convertido en una enseñanza histórica fundamental que más le vale no intentar la sustitución de una monomanía por otra. En una guerra de dos dioses – pasiones únicos posiblemente la izquierda no puede sino perder en mala. Cuando algo así se ha intentado, la frustración ha llegado muy luego y ha sido en grande. Y lo peor – con un signo rojo de advertencia – es tentarse con la posibilidad de sustituir la muy terrestre monomanía capitalista por una elevada monomanía etérea. Lo devastador de la primera estriba en ser mono, no en lo terrenal. 

Pasiones múltiples quiere decir afanes terrestres múltiples, diferentes, traslapados a medias, consistentes en parte, acompasados hasta cierto punto, sin mayor afán por meterlos a todas en un orden único, en una Matrioska, como el capitalismo. Más que intentar repetir el ensayo histórico de sustituir un orden cultural monomaníaco presumiblemente por el opuesto en una sola movida, la izquierda puede desplazarlo, diferenciarlo, cambiarlo constantemente. Claro que para hacerlo debe operar como tal en todos los espacios donde lo social se inventa día a día, no concentrarse monomaníacamente en lo político – estatal, so pena de convertirse en una burocracia.   

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