Hangar rojo, la otra mirada.

por Antonio Ostornol

En los últimos años, he visto poco cine chileno. Más aún, me atrevo a decir que, en general, en Chile vemos poco cine chileno. El público es reacio a asistir en masa a ver el trabajo de nuestros cineastas. De vez en cuando, una u otra película se sale del promedio y se transforma en éxito de taquilla, de crítica o de ambas. Pareciera que nos cuesta ver nuestro retrato, como si no nos gustara vernos en el espejo. Tal vez allí emerge esa parte fea que quisiéramos ocultar. Una de fealdades fue el golpe de estado. Más allá del lugar que ocupáramos en el espectro político de la época, o de las posiciones que nuestros padres y abuelos tuvieran, a nadie le gusta evidenciar que, en nuestras ciudades y calles, en campos o cordillera, de norte a sur se cometieron crímenes abominables, horribles, inenarrables. ¿Quién podría estar orgulloso de las torturas, los asesinatos, las desapariciones? Hemos intentado registrar y consagrar ese horror para que no se repita. Sin embargo, el espacio de lo abyecto es mucho más oscuro y diverso. Si desde el punto de vista político y moral es fácil apuntar a los criminales, mucho más difícil es comprender el drama humano que, incluso estando en el lugar de los asesinos, vivieron muchas personas que quedaron atrapadas en la maquinaria de muerte que la dictadura chilena puso en marcha. La película “Hangar rojo”, del director chileno Juan Pablo Sallato, recién estrenada en las salas de cine de nuestro país, se atreve a mirar el 11 de septiembre desde los ojos de un oficial de la Fuerza Aérea de Chile. Con toda la brutalidad de lo vivido esos primeros días de septiembre 73, el director se adentra en el territorio vulnerado de un oficial que se resiste a aceptar la barbarie pero que tiene plena conciencia de los límites en que se mueve. Notable película, actuaciones brillantes, guion implacable y una cámara que sigue al capitán Silva, escrutando cada mínimo gesto de su rostro y develando con ello su tragedia personal. Hay que verla: es un ejercicio inédito en el gigantesco esfuerzo que el arte chileno ha realizado para guardar la memoria y develar la verdad de nuestra historia.

La película define su punto de vista en la experiencia que vive el capitán de la Fuerza Aérea de Chile, Jorge Silva, quien para el 11 de septiembre ocupaba un alto cargo en la Escuela de Especialidades de la FACH, bajo las órdenes del coronel Juan Soler Manfredini. Al capitán se le encarga disponer toda la logística necesaria para que la Escuela sea utilizada como cuartel de mando del área sur de Santiago. En este escenario, aparece en escena el coronel Mario Ernesto Jahn Barrera, oficial formado en la Escuela de las Américas, especialista en contrainsurgencia. Entre Jahn y Silva hay cuentas pendientes. Ambos tuvieron la misma formación, pero Jahn es un activo organizador del golpe de estado, mientras que el capitán defiende el rol constitucional de las fuerzas armadas, al punto que, en algún momento, mientras se desempeñaba en contrainteligencia, desbarató un plan para asesinar a Allende antes de que este asumiera el gobierno. En el contexto de este encuentro, comienzan a llegar los primeros detenidos desde las poblaciones de la zona sur (La legua) y en sordina hay trazos de grupos de oficiales y suboficiales de la FACH que se oponen al golpe y temen ser denunciados y perseguidos. Intentan alertar al capitán, pero este hace oídos sordos: no siente que deba temer de sus propios camaradas. Esa trama apenas se enuncia, pero desde la historia real sabemos que se trata del famoso consejo de guerra de la FACH, caratulado “Contra Bachelet y otros”, en que se intentó justificar con una mascarada jurídica la represión al interior de la Aviación, que significó la detención, tortura, cárcel y exilio para decenas de aviadores, entre ellos, el general Bachelet, padre de nuestra presidenta, que murió en prisión.

Esta película se realizó basada en el libro Disparen a la bandada de Fernando Villagrán (Catalonia, 2013), un impresionante ejemplo de periodismo narrativo que, en base a una exhaustiva investigación, establece la trama que el alto mando de la FACH diseñó para castigar a los hombres de sus filas que decidieron ser leales a la Constitución y al gobierno legítimamente constituido. En ese libro, además de poner sobre la mesa los datos de su investigación, Villagrán incorpora su propia voz autobiográfica dándole al relato una cercanía emocional más propia de una novela que de una investigación. Con apenas 24 años, miembro suplente de la comisión política del MAPU-OC (el de Jaime Gazmuri), cayó detenido en La Legua con una proclama de su partido. Lo llevaron a la escuela de Especialidades, donde habían habilitado un hangar para los presos políticos. Allí, junto a Felipe Agüero, un camarada, se cruzaron con los dos oficiales en que se centra el conflicto principal de la película: el capitán Silva, constitucionalista, y el coronel Jahn, golpista y torturador profesional. Pero el guion y la dirección de la película le hacen el quite a la discusión política del momento. Estas diferencias no se explicitan, apenas se sugieren o mencionan al pasar. El espectador las intuye por la mirada del capitán Silva, por sus palabras cuidadas que evitan cualquier confrontación. Él no es un militante, sino un militar y su compromiso es con la familia de la aviación, con sus camaradas de armas, con aquellos que juraron defender a Chile y su constitución. Pero de eso no nos enteramos por un discurso. Surge de los silencios del protagonista, de pequeños gestos en la mirada, de una mandíbula más apretada de lo normal. En la película no sabremos nada de consejos de guerra, ni veremos minuciosas escenas de torturas o asesinatos, aunque a partir de cierto momento estarán todo el tiempo como un aterrador telón de fondo.

Las actuaciones merecen una mención aparte, lo que ha sido unánimemente recogido por la crítica de cine especializada. Nicolás Zárate, como el capitán Silva, se lleva el peso de conducir la historia: habla poco y dice mucho. Lo acompañan Boris Quercia, como su superior directo, y Marcial Tagle, en una actuación que contiene el riesgo de la caricatura cuando se trata de representar a un personaje cargado de perversidad. Unos diálogos breves, precisos y sugerentes, permiten a los espectadores ir completando una historia que, desde el primer momento, resultaría difícil enunciar y que muchos quisieran olvidar. El golpe fue un momento extremo. Quienes lo vivieron saben que aprender la nueva realidad que se imponía en el país no fue fácil. No lo fue para las víctimas, sin duda. Pero en muchos casos, tampoco lo fue para quienes quedaron en el bando de los victimarios. Vi la película cuando en mis clases visitábamos la novela El proceso de Kafka. Así como Josef K., el personaje del relato kafkiano, se ve atrapado en un juicio que nunca responde a delito alguno, sino que se rige por la lógica secreta de la institución de la justicia, muchos oficiales y soldados chilenos quedaron atrapados en una maquinaria siniestra que no les dejaba escapatoria: o se sumaban o sufrían las consecuencias. El capitán Silva estuvo varios años presos y murió en el exilio. Como él, muchos.

La película tuvo una excelente acogida en varios festivales internacionales y logro varios premios. Eso no fue porque en ella se denuncie la represión y la tragedia del golpe de estado. Al final, lo que le da el mayor valor al relato, es que nos abre a grandes interrogantes humanas que tocan realidades muy diversas. ¿Son todos culpables, o igualmente culpables? ¿Cuántos individuos tuvieron que actuar como animales porque el sistema de mando nos les dejaba opción? ¿Cuántos de los culpables, que pensaron y diseñaron la estrategia del horror, terminaron sus días sin ser enjuiciados y castigados por sus crímenes? ¿Cuánto de todo esto tendremos que procesar y cuánto deberemos resignar al olvido? No tengo las respuestas, pero sé que esta película, “Hangar rojo”, y el libro Disparen a la bandada, nos agregan un color duro e inteligente a la comprensión de nuestra propia historia.

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1 comment

Pedro Lastra octubre 8, 2026 - 6:39 pm

Felicitaciones al escritor Antonio Ostornol por su inteligente y motivador comentario de la película »Hangar rojo», basada en la memorable narración testimonial »Disparen a la bandada», de Fernando Villagrán. Tan logradas realizaciones se complementan aficazmente, y constituyen así una lección que debe ser atendida con el mayor interés, y no solo por nuestros connacionales.

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