Estamos viviendo uno de los tiempos más terribles enfrentados por la humanidad en las 8 décadas transcurridas desde el término de la II Guerra Mundial y por todos lados se alzan voces vigorosas que expresan su alarma ante la posibilidad de que se avance hacia nuevos tiempos de guerra. Una de esas potentes voces es la de los escritores y las escritoras afiliadas a PEN Internacional en el mundo entero.[i]
Hay un refrán popular que dice “El lápiz es más poderoso que la espada” y esto ha sido rebatido ni más ni menos que por una escritora canadiense mundialmente famosa. Me refiero a Margaret Atwood quien afirmó en una entrevista con Aaron James Wendland en septiembre de 2024 que “el lápiz NO es más poderoso que la espada”, ya que las y los escritores “tienen influencia; no poder; el verdadero poder requiere un ejército, espadas, no plumas. Debemos ser realistas al respecto, así como sobre las perspectivas de las utopías ficticias, si queremos hacer realidad la promesa de nuestras visiones más esperanzadoras del futuro”.
Quienes hacemos del escribir literatura nuestra pasión, estamos plenamente conscientes de esta ecuación: no tenemos poder, pero si tenemos influencia, y así es como en el reciente Congreso mundial del movimiento de PEN Internacional, celebrado el 29 y el 30 de septiembre recién pasado, se aprobó una importante declaración titulada: “Resolución sobre las consecuencias cada vez más graves del desorden internacional – El actual orden basado en normas va en caída libre”.
En ese documento, los escritores y las escritoras de PEN Internacional manifiestan su preocupación por el hecho de que desde la asunción de Trump a la presidencia de los Estados Unidos se han ido agravando de manera sostenida las consecuencias devastadoras que sus arbitrariedades han venido teniendo sobre millones de personas, a través de la implementación de políticas y acciones que son una constante amenaza para la paz mundial.

El apoyo de Trump a Benjamín Netanyahu en su guerra genocida contra el pueblo palestino, así como la guerra que ambos lanzaron contra la República teocrática de Irán es la expresión más elocuente de cómo se amenaza la convivencia pacífica entre las naciones. No menos preocupante es el sometimiento de América Latina a los dictados del gobierno de los Estados Unidos que impone la doctrina Donroe, que no es sino el reconocimiento sin tapujos de que las naciones latinoamericanas son el patio trasero del imperio, con el beneplácito de los gobiernos de la región, gobernados en su inmensa mayoría por la ultraderecha en connivencia, en muchos casos, con una derecha más moderada. Lo mismo podemos decir del entreguismo de Europa que -con contadísimas excepciones- cede a las presiones estadounidenses, en medio de avances importantes de los partidos de extrema derecha en diversos países europeos.
Además del agravamiento de los conflictos prolongados, somos testigos de un abandono creciente de los compromisos gubernamentales para hacer frente al cambio climático, con lo que se profundizan las crisis, se acelera la migración y la inseguridad, alimentando de esa manera las condiciones en las que se enraízan los conflictos.
El movimiento PEN reconoce que el orden internacional basado en normas que surgió tras la Segunda Guerra Mundial nunca funcionó de manera equitativa para todos los pueblos, ya que las normas multilaterales se han aplicado muchas veces de manera desigual y se han hecho cumplir de manera selectiva. A pesar de ello, no podemos considerar de ninguna manera que el sistema que hoy va en caída libre sea peor que el actual estado de desorden internacional que nos afecta a todos.
En la resolución de PEN se mencionan muchos casos críticos de conflicto, pero estos se señalan más a título ilustrativo que exhaustivo. Sin embargo, se trata de casos muy sintomáticos de un patrón de desorden y conflicto que afecta a comunidades de todas las regiones del mundo.
La resolución de los escritores y escritoras de PEN Internacional se concentra en analizar cuatro puntos específicos sobre los que es importante reflexionar hoy, aunque ni con mucho de cuenta de todos los aspectos que integran las deficiencias del desorden internacional ni que cada uno de ellos sean desmenuzados en su totalidad. El elemento unificador es que se trata de cuatro aspectos cruciales para la paz en el mundo.

a. El uso ilegal de la fuerza militar y los bloqueos sin que haya una adecuada rendición de cuentas sobre ellos. La resolución declara que los líderes siguen haciendo caso omiso de los hechos, a fin de crear sus propios discursos arbitrarios, traicionar acuerdos anteriores e infringir el derecho internacional. Entre los ejemplos de este año se incluyen la intervención militar ilegal del Gobierno de los Estados Unidos en Venezuela y su guerra junto a Israel contra Irán, que han socavado gravemente la paz y el derecho internacional. La guerra ha provocado miles de muertes y la destrucción generalizada de infraestructuras civiles en todo Oriente Medio, una situación que se ha visto agravada por las dificultades de llegar a un acuerdo sobre el Estrecho de Ormuz, lo que ha desencadenado una crisis energética con repercusiones económicas, políticas y sociales a escala mundial.

El caso de Sudán también es emblemático. Es un país marcado por una prolongada guerra civil que incluye el hambre provocada deliberadamente a las poblaciones sitiadas y otras atrocidades cometidas por las Fuerzas de Apoyo Rápido[ii] que alcanzan el umbral del genocidio. Además, la interrupción de las importaciones de fertilizantes y alimentos provocada por el conflicto ha agravado la que hoy es una de las más graves crisis humanitarias a nivel planetario. Otro ejemplo lo constituye Myanmar, donde las restricciones impuestas por la Junta Militar han aumentado su impacto negativo por la escasez mundial de fertilizantes, lo que ha provocado un aumento vertiginoso de los precios de los alimentos en un país ya devastado por la brutal represión de la Junta, que ha causado miles de muertes y el desplazamiento de cuatro millones de personas. Mientras tanto, en Cuba, el bloqueo ilegal de combustible impuesto por el gobierno de Trump ha provocado múltiples apagones de gran magnitud en todo el país, paralizando servicios esenciales, como los sistemas sanitarios y el acceso al agua potable provocando una situación humanitaria casi insostenible.
En un contexto de creciente inestabilidad mundial, las tensiones que se arrastran desde hace mucho tiempo entre países como Afganistán y Pakistán, así como entre Eritrea y Etiopía, se enfrentan ahora a una posible escalada hacia conflictos más amplios, mientras que las guerras civiles en curso en países como Yemen, la República Democrática del Congo y Sudán se ven agravadas por gobiernos y actores no estatales, lo que perpetúa el sufrimiento de millones de personas. En Siria, donde una amplia franja fronteriza sigue ocupada ilegalmente por Israel, la autoridad de transición no logró impedir la masacre de las minorías alauitas y drusas, lo que causó un aumento de los asesinatos por motivos de identidad, los secuestros masivos y la violencia de género.
b) Reducción unilateral e injusta de la ayuda humanitaria. La ayuda humanitaria fue durante décadas una política debatida en el seno de las Naciones Unidas, y hecha realidad especialmente por el aporte generoso de muchos países desarrollados. Este tipo de ayuda muchas veces constituye un verdadero salvavidas para quienes se ven atrapados en un conflicto. Es bien sabido desde hace tiempo que no se trata de un sistema perfecto, ni mucho menos, ya que tiende a perpetuar dinámicas de poder desiguales entre los donantes y los países receptores, y porque, por lo general, responden a unas prioridades marcadas por los donantes que anteponen sus objetivos de política exterior a las necesidades más urgentes de los beneficiarios. Sin embargo, se trata de un sistema que ayuda a paliar muchas veces las crisis estructurales que enfrentan los países más pobres.
Hoy este sistema se encamina hacia un colapso global por falta de financiación. El cierre repentino en 2025 de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) tuvo efectos altamente negativos para las comunidades más vulnerables en muchos países en vías de desarrollo, al haberse puesto fin a programas que proporcionaban servicios esenciales, como el acceso a medios de comunicación independientes, a la asistencia sanitaria y a la nutrición. Bangladesh, que acoge el mayor campo de refugiados del mundo, con más de un millón de refugiados rohingya en situación de extrema vulnerabilidad, ha sufrido drásticos recortes en la ayuda proporcionada por los Estados Unidos, lo que ha provocado la suspensión de programas vitales, a pesar de los llamamientos urgentes de las autoridades bengalíes y de la ONU para cubrir ese vacío.
En su resolución, PEN Internacional afirma que el impacto del término de la ayuda por parte de USAID se vio agravado por el hecho de que muchos otros países desarrollados siguieron su ejemplo, lo que provocó una caída de la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) de los países de la OCDE de más del 23 % en 2025, la mayor jamás registrada. Por primera vez, los cinco países responsables de la principal aportación de fondos de AOD (Alemania, Francia, Japón, el Reino Unido y Estados Unidos) redujeron sus presupuestos, lo que, en conjunto, supuso más del 95 % de la disminución total de la financiación de la AOD registrada por la OCDE el año pasado. Para empeoramiento de las cosas cabe recordar que a medida que los países abandonan sus compromisos con la ayuda humanitaria, los fondos se han reasignado al rearme. Según el Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI), el gasto militar mundial aumentó en 2025 por undécimo año consecutivo.
El movimiento PEN Internacional también alzó su voz de alerta por el colapso mundial de la ayuda humanitaria, ya que ello tuvo un impacto directo en la libertad de expresión, lo que se tradujo en cierre de medios de comunicación independientes, en recortes significativos a las organizaciones y programas que apoyaban a ese tipo de medios, y en una disminución de la cobertura informativa en muchas zonas de conflicto. Afirmamos que el vacío informativo resultante socava la visibilidad de las violaciones de los derechos humanos, proporcionando un manto de impunidad a los responsables, al tiempo que cede espacio a la desinformación y a la difusión de propaganda insidiosa.
c)Ataques genocidas y destrucción de infraestructuras civiles y del patrimonio cultural. El aumento exponencial del uso unilateral e ilegal de la fuerza militar en todo el mundo ilustra de forma irrefutable el colapso del marco internacional basado en normas.

El ejemplo más emblemático es el de Gaza, donde los masivos ataques del ejército israelí en contra de las infraestructuras civiles han arrasado con al menos el 75 % de las viviendas del territorio ocupado, y más del 93 % de los edificios escolares de Gaza necesitan una reconstrucción total o una rehabilitación importante para volver a funcionar. Por otra parte, según estimaciones de la ONU, más de 73.000 palestinos han sido asesinados desde los ataques terroristas perpetrados por Hamás y otros grupos armados palestinos el 7 de octubre de 2023. Los esfuerzos por exigir responsabilidades al gobierno israelí por los ataques genocidas en Gaza se han topado con medidas coercitivas, entre las que cabe resaltar la imposición de sanciones por parte del Gobierno de Estados Unidos contra varios jueces de la Corte Penal Internacional y contra la Relatora Especial de la ONU para los Territorios Palestinos Ocupados (TPOs) Francesca Albanese. En mayo de este año, un juez federal de Estados Unidos suspendió temporalmente la sanción contra ella con el fin de “proteger la libertad de expresión”, lo que supuso su eliminación temporal de la lista de sanciones de Estados Unidos. Sin embargo, a pesar de esa decisión judicial, el gobierno de Trump, a la semana siguiente, volvió a incluir a Albanese en la lista de los sancionados.
La represión contra los palestinos también se ha intensificado en Cisjordania, que junto a Gaza hace parte de los TPOs, manifestándose en forma de ataques vandálicos, así como en la expansión de asentamientos ilegales en tierras palestinas confiscadas. En términos de infraestructura, tanto los colonos de la Cisjordania, como el ejército israelí, durante su ocupación del sur del Líbano, han empleado tácticas similares, incluidos ataques contra instalaciones de agua y saneamiento, de las que dependen miles de personas para obtener agua potable. Los ataques de las fuerzas iraníes y estadounidenses contra plantas desalinizadoras en Barhein, Kuwait e Irán, han suscitado gran preocupación en una región que depende en gran medida de las fuentes de agua desalinizada.
Por otra parte, el daño humanitario causado por los conflictos en curso se ha visto agravado por los ataques contra lugares considerados de patrimonio cultural, lo que supone una amenaza de daño irreparable para el conocimiento y la cultura de la humanidad. En Ucrania, las fuerzas armadas rusas han seguido atacando de forma sistemática a la población civil y a lugares de interés cultural. Museos, bibliotecas y sitios declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO han sido gravemente afectados por los ataques con misiles y drones perpetrados por las fuerzas armadas rusas. Según informes de prensa confiables se han destruido aproximadamente 12 millones de libros tan solo en los meses de julio y agosto de 2026. Y también son altas las pérdidas en términos de vidas humanas, ya que al menos 301 figuras de la cultura ucraniana han muerto a manos de las fuerzas rusas desde el inicio de la invasión en febrero de 2022.
d) El colapso del control de las armas nucleares. PEN Internacional afirma que tal vez la consecuencia más inquietante del actual desorden internacional sean sus implicaciones para el desarme nuclear. Entre los ejemplos del último año destaca la expiración del tratado Nuevo START, un acuerdo bilateral de control de armas nucleares entre Estados Unidos y la Federación Rusa, firmado por Jimmy Carter y Leonid Brezhnev en 1979, sin que haya todavía un nuevo acuerdo que lo sustituya. Estas dos potencias poseen casi el 90% del arsenal mundial nuclear y esta sería la primera vez en más de 50 años que estos dos países ya no están sujetos a límites acordados en cuanto al desarrollo o el despliegue de armas nucleares. Por su parte, China posee el tercer mayor arsenal de ojivas nucleares del mundo y está expandiendo su arsenal a un ritmo más rápido que cualquier otro país. Toda esta situación representa una amenaza gravísima para la paz internacional.
Es imperativo concluir que no estamos ante crisis aisladas, sino que estamos ante síntomas acumulados a lo largo de los últimos años que son fiel reflejo de un orden internacional basado en normas que va en caída libre.
Comencé citando a la célebre escritora canadiense Margaret Atwood, quien nos recordaba a quienes nos dedicamos a la literatura que “el lápiz NO es más poderoso que la espada”, ya que lo que tenemos es influencia y no poder. Y para concluir creo que es necesario volver a Margaret Atwood quien, en su poema Spelling, expresa que: “Una palabra, tras otra, tras otra, es poder”.
No nos dejemos llevar por aparentes contradicciones, ya que quienes escribimos, bien sabemos que inmersos en nuestras ficcionadas narrativas, somos cronistas de nuestra humanidad compartida, y como tales debemos seguir contando historias sobre los conflictos más graves, así como también sobre aquellos de los que muy poco se sabe, dando la voz de alarma para evitar que lo que antes era impensable se convierta en nuestra realidad común. A su manera, nos lo dijo Refaat Alareer, poeta gazatí asesinado en un bombardeo israelí: “Si he de morir, tú debes vivir para contar mi historia”.
[i] PEN Internacional fue fundado en Londres en 1921. Es la más antigua organización internacional no gubernamental que congrega a unos 25.000 escritores y escritoras de más de un centenar de países que se agrupan en torno a la necesidad de difundir la literatura y a defender los derechos humanos, particularmente la libertad de expresión y la vida de las personas que están encarceladas o son perseguidas por el solo hecho de disentir de las narrativas de los gobiernos de turno, en cualquier lugar del planeta.
[ii] Las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) son una milicia paramilitar sudanesa establecida en 2013. Originalmente, se formaron como una fuerza de seguridad para combatir a los rebeldes en la región de Darfur. Sin embargo, desde entonces han participado en una variedad de operaciones, particularmente de represión de protestas antigubernamentales, que han constituido violaciones de derechos humanos, incluidos casos de violencia sexual y ejecuciones extrajudiciales. Aunque oficialmente están bajo el control del gobierno sudanés, algunos informes sugieren que operan con cierto grado de autonomía y están vinculados a grupos armados y milicias en la región.