Finalmente, ante la evidencia de no contar con los votos para su aprobación, el gobierno decidió retirar el proyecto de reforma a la seguridad. Sin duda una grave derrota legislativa. En su reemplazo, el parlamento deberá debatir uno bastante más acotado, elaborado por los senadores Arturo Squella, republicano, Andrés Longton, por Chile Vamos y Pedro Araya, que se representa a sí mismo, luego que el socialismo democrático le quitó el piso. Aún resta por conocer si el proyecto fue bien consultado con el partido Libertario, el PDG y Demócratas, contando con sus respaldos. Lo que es evidente es que no logra sumar apoyos en sectores de la oposición y enfrentará un arduo debate en su tramitación parlamentaria.
La prioridad en materia de seguridad no se ve reflejada en la propuesta presupuestaria del próximo año, pese a que contempla un incremento de la dotación policial. No se incluye el levantamiento del secreto bancario, herramienta esencial para seguir la ruta del dinero del crimen organizado. No se refuerza el servicio de aduanas ni los puertos, por donde ingresa la mayoría de la droga y el contrabando. No se asume que el estado debe invertir mayores recursos para combatir el crimen organizado.
Algo parecido sucede con el proyecto de presupuestos para el año próximo, que contempla sensibles rebajas a los gobiernos regionales (4.8 %), el SERVEL (11.9 %), Energía (11.8 %), cultura (10,01 %), ciencias (6,4 %), presidencia (3.2 %), economía (2.9%), en tanto que en educación el presupuesto aparece congelado, afectando algunos programas, como la entrega de computadores a alumnos de séptimo año de colegios vulnerables.
Las criticas no se han hecho esperar. Aún antes de conocer en detalle cada partida. No tan sólo de la oposición o de los sectores afectados, sino también desde el ámbito oficialista, recordando la promesa de campaña de Kast de que no afectaría ningún beneficio social. La más dura llegó de Evelyn Matthein quién, durante la campaña sostuviera que era imposible rebajar el gasto en las magnitudes propuestas sin afectar beneficios sociales, afirmando que al gobierno “le faltan equipos y le sobra soberbia” y tan sólo escucha a los republicanos.
El punto es particularmente sensible teniendo a la vista las tensiones al interior de la derecha entre republicanos y Chile Vamos y los llamados a un ajuste ministerial, así como las demandas de los republicanos para incorporar a libertarios (partido a los que se sienten más afines) a la alianza de gobierno. Son múltiples los desencuentros protagonizados por los diferentes sectores de la derecha en estos primeros siete meses de gobierno, así como las soterradas criticas a su equipo político, encabezado por el ministro del Interior Claudio Alvarado y el ministro de la SEGPRES, José, García Ruminot, a quienes se les asignan responsabilidades por sucesivos fracasos en el plano legislativo.
En verdad, lejos de constituir una coalición, la actual alianza de gobierno está cruzada por fuertes tensiones y diferencias en su interior, que no tan sólo se manifiestan a nivel parlamentario sino también en contradicciones al interior del gabinete. Todo ello, sin contar con las presiones de los diversos sectores de la derecha por imponer su propia agenda al ejecutivo. Los llamados al orden desde La Moneda no tienen una buena recepción en una alianza de gobierno cruzada por estas fuertes contradicciones y la soterrada disputa por la hegemonía del sector y todo apunta a que la situación tenderá a agravarse en un futuro próximo.

Con el desafuero del senador Miguel Ángel Calisto, que invariablemente ha votado en favor del gobierno, éste pierde la estrecha mayoría con la que contaba en el Senado. Una situación que podría agravarse en los próximos meses con el probable desafuero de sus pares Camila Flores y Sergio Gahona, investigados por presuntos delitos de corrupción, que dejarían al ejecutivo en franca minoría en la cámara alta, obligando al gobierno a recurrir al realismo legislativo al que apelara la presidenta de la cámara alta, Paulina Núñez, para viabilizar una agenda que necesariamente deberá modificar.
Sin lugar a duda, el gobierno enfrenta una difícil discusión presupuestaria para el año próximo en su afán de recortar el gasto, impulsar el empleo y recuperar el crecimiento. Las cifras no son buenas.
Aún la muy modesta proyección de crecimiento de 0.7 % parece optimista y no son pocos los agentes del mercado que temen un crecimiento negativo para el presente año. Las cifras de desempleo, lejos de despegar, tienden al alza y pudieran superar la barrera del 10 % de aquí a fin de año, agravado por el recorte del gasto fiscal.
Los proyectos de ley nunca salen como entraron y todo apunta a una tensa negociación parlamentaria, en donde el gobierno necesariamente deberá ceder en temas muy sensibles no tan solo para la oposición sino también para los diversos sectores sociales afectados por los intentos de recortes presupuestarios. La CONFECH ha llamado a la movilización y otro tanto ha hecho la ANEF y la CUT. Y no sería nada de extraño que se le sumara la ANEF y la CUT, así como el gremio de la salud y la educación.
El nuevo escenario político de la región

El inesperado triunfo de Flavio Bolsonaro en la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil genera un nuevo escenario político en la región. Sería un verdadero milagro que Inacio Lula da Silva pudiera revertir la situación en la segunda vuelta programada para fines de octubre. Todo indica que la marea ultraconservadora que recorre el mundo ha llegado a ese país. Más bien ha vuelto. Flavio Bolsonaro, hijo del expresidente preso por intentos golpistas, ha ganado mayoría en ambas cámaras y tiene la primera opción de convertirse en el próximo mandatario de Brasil, con lo cual, cerraría el ciclo de gobiernos de ultraderecha en la región y la convertiría en el verdadero patio trasero de los EE. UU.
Ya Chile integra la alianza del “escudo de las Américas”, junto a otros catorce países de la región. Con toda seguridad, un eventual triunfo de Flavio Bolsonaro, incluiría a Brasil en dicha alianza, cuyos alcances no han sido del todo precisados, pero, obviamente, implican ceder soberanía a favor del imperio. Es cuestión de días o semanas para que Venezuela adhiera. Queda Cuba, pero parece una cuestión de tiempo cuando y la forma en que caerá.
Son malas noticias. No solamente para nuestra región sino para el orden mundial, tal cual lo conocemos. Para la democracia y la paz mundial. La marea de ultraderecha que atraviesa el planeta no tan sólo representa el fracaso de los sectores progresistas, del marxismo leninismo, la social democracia o el social cristianismo. También de la derecha liberal en sus distintas acepciones. El desmoronamiento de un orden internacional basado en principios democráticos es reemplazado por el predominio de la fuerza y la amenaza atómica y la devastación total. Aún es necesario interrogarse por las causas de este fenómeno que mucho tiene que ver con la inseguridad, el miedo, la pobreza, la codicia y el terror. Pero el remedio puede ser peor que la enfermedad.
Es difícil imaginar el alcance de un desenlace apocalíptico. Podemos especular que responde a un ciclo pasajero, como aquellos que desencadenaron la segunda guerra mundial y la detonación de la primera bomba nuclear. Un ciclo que puede ser más o menos largo (mucho depende de lo que hagan los diversos países con sus liderazgos políticos). El inicio del fin de este ominoso ciclo bien puede estar marcado por las elecciones de mitad de mandato en los EE. UU., en donde los republicanos arriesgan perder su mayoría parlamentaria. El adelanto de las elecciones en España, resuelto por Pedro Sánchez, bien pudiera ayudar en esa dirección (o agravarlo). Es de esperar que el cordón sanitario construido en Alemania pueda resistir el avance de la ultraderecha germana y que los países que integran la ONU, alineados o no alineados, logren defender los principios fundantes de ese organismo.
Escúchanos, señor, te rogamos, como dirían los creyentes.