Entre los restos de Valparaíso, su alcaldesa hace caso omiso a la no autorización de los representantes del gobierno a una movilización pública masiva “carnavalesca”. Dirigentes estudiantiles (edad de las pequeñas y grandes rebeldías por excelencia) hacen ver de forma intimidante al presidente de que “no se meta con ellos.” Saldrán a hacer política de calle.
Cuestionamiento de cualquier autoridad o persona. Agresiones a las policías, servicios de emergencias, y profesores. Byung Chul-Han hace ver con su habitual lucidez que “Una sociedad en la que ya no se reconoce ni se respeta a las autoridades (y al otro) es una sociedad embrutecida y en decadencia…Donde se merma la seguridad y la estabilidad social”. La pérdida de la consideración y el respeto por la otra persona lleva a una “crisis social”.
La autoridad no represora, sino, generadora, no es sinónimo de violencia. Forma y crea. Pero, “La consideración o respeto requiere un orden vertical (además de uno horizontal). Responde a la ley moral que está por encima de mí y de mi amor propio y a la que subordino mi voluntad. El respeto es la representación de un valor que doblega mi amor propio. Es exclusivamente la ley”.

El filósofo advierte que el imperativo capitalista y su reino de los medios “obliga a contemplarse y contemplar a los otros como medios o productos”. Los regímenes neoliberales “deshacen las jerarquías en una des jerarquización general…En nombre de una libertad que explota la libertad misma”. Una pseudo libertad que transforma a las personas en un objeto, producto y medio de consumo. Sólo de esta forma se ganaría la atención en esta realidad gobernada por la tiranía de los datos, algoritmos, números y transacciones comerciales. La misma moral y la identidad devienen objetos de consumo disolviendo la culpa, el pudor, y la vergüenza.
La sociedad del rendimiento individual, de “empresarios del sí mismo”, es incompatible con la justicia social y el bien común. “Se rompe la cohesión social”. Desaparece la atención, el respeto y la consideración hacia la otra persona que es vista con un medio productivo y no como un fin que le confiera una dignidad absoluta. Los perdedores en esta competencia vital competitiva se sienten humillados y abandonados. Sin sentimientos de pertenencia. No valorados. Esta condición, es capaz de generar una “guerra molecular”, a veces muy violenta, por la búsqueda y recomposición de un respeto identitario personal.
Sin una concepción sólida y sustancial del bien con principios valóricos ideales, pareciera que a nuestra educación la empujaría sólo “el teorema de la sociedad de consumo”. Con tal de tener, ojalá tenerlo todo: “Tener, Poseer, Destruir”. Avance de la nada como mal radical. Un vaciamiento moral y espiritual. Una falta sustancial del bien. Un desvanecimiento de lo sagrado. La presencia destructiva del “alma negra de Chile”.
“Corran. Están muertos”. Uno de los dos jóvenes muere asesinado por la espalda de forma inmisericorde. Un carabinero abatido con un frio balazo en la cabeza. ”Cortesía” de un inmigrante ilegal, parte del “proletariado errante” criminalizado, afincado en nuestro país. Tierra de encapuchados como “productos terminales (singularmente extremos) del neoliberalismo” que habitan en las fracturas sociales de la materialidad. “Con la desertificación del alma queprovoca la sociedad de consumo, la espiritualización (trascendente de la materia) se torna imposible”.
“Que los muertos entierren a sus muertos” (Mt, 8, 22). En la búsqueda de su Padre y el amor.
Transtextualidad:
Byung-Chul Han: “La sociedad sin respeto. Una Crisis Social”
Lucy Oporto Valencia: “He aquí el lugar donde debes armarte de fortaleza. “Ensayos de crónica filosófica: El Cristo roto y el lumpen fascismo, El lumpen consumismo …tener, poseer y destruir”.