Colombia sin respiro

por María Inés Ruz

Pocas certezas y muchas interrogantes se entrecruzan en el escenario político tras el triunfo de Abelardo de la Espriella en la segunda vuelta presidencial en Colombia. Cuando el empalme con el gobierno de Gustavo Petro transcurría con normalidad tras la aceptación del resultado oficial del escrutinio por parte del candidato Iván Cepeda, hubo un giro contundente. Este martes el ahora jefe de la oposición en el Congreso denunció que la nacionalidad estadounidense del presidente electo es incompatible con la dignidad del cargo que asumirá oficialmente el 7 de agosto, por lo que debería renunciar a ella antes de llegar al Palacio Nariño.

El Comunicado asume argumentos dados a conocer por un grupo de connotados juristas que a principios de junio hicieron notar que el juramento de ciudadanía de Estados Unidos establece obligación de lealtad absoluta y exclusiva al orden constitucional de ese país, cuando exista un conflicto con otros órdenes constitucionales. Por ello Cepeda advirtió que la soberanía de Colombia se pone en riesgo, y llamó a la “desobediencia civil pacífica”, si de la Espriella no abandona la condición de ciudadano estadounidense.

Colombia ha sido uno de los principales aliados de Estados Unidos en América Latina y el respaldo de la administración Trump constituye una fortaleza para Abelardo de la Espriella. Tras su triunfo en las urnas, le invitó a la Casa Blanca y le aseguró un respaldo que se enfocará en la lucha contra el narcotráfico, el control migratorio y la inclusión de Colombia en la coalición de seguridad regional conocida como “Escudo de las Américas”.

Pero el ingreso a dicho bloque también es cuestionado por Cepeda, por considerar que tal decisión limita la autonomía del país y debe ser consultada al Congreso.

Además, entre otros puntos críticos a la idoneidad del futuro presidente, el Comunicado se hace eco de las denuncias de un grupo de once congresistas estadounidenses que piden al Fiscal general que investigue los nexos y transacciones bancarias de Alex Saab, -hoy cautivo en Estados Unidos acusado de lavado de activos- con su abogado y asesor legal Abelardo de la Espriella.

Hasta hace dos días antes la atención estuvo puesta en las alianzas que establecería de la Espriella para dar gobernabilidad a una Colombia dividida en dos visiones de país e intereses opuestos. Ahora, se deberá hacer cargo de una oposición sólida y beligerante encabezada por el Pacto Histórico, que obtuvo 12, 7 millones de votos con apenas 250 mil sufragios de distancia del ganador, y que anuncia un estado de alerta y movilización.

¿Alianzas o subordinación?

Una de las interpretaciones con mayor consenso para explicar el triunfo del multimillonario empresario hoy convertido en presidente electo, es que logró sepultar políticamente al uribismo y a la derecha tradicional. Otras voces estiman que más allá de la violencia verbal y desprecio por las formas, que caracterizan a de la Espriella, la inexistencia de una estructura política que acompañe su gestión será óbice para que el tigre resulte “domesticado”.  Contradice esa percepción el avance de la ultraderecha a nivel regional, terreno propicio para liderazgos discrecionales al estilo Trump. Este resulta un referente perfecto para el abogado ultraderechista que, como candidato prometió terminar con el Acuerdo de Paz de 2016, recortar beneficios sociales y volver a utilizar fumigaciones y bombardeos a territorios controlados por el narcotráfico, entre otras medidas que constituirían retrocesos democráticos para el país.

En este contexto no está tan claro quién subordinará a quien. A diez días de la segunda vuelta el ganador, que se atribuyó la representación de “los Nunca” (los que nunca recibieron beneficios del poder) y enarboló el rechazo “a los de siempre” (los que siempre usufructuaron del Estado) hoy como presidente electo ya cuenta con el respaldo formal de la derecha tradicional.

Recientemente el Centro Democrático anunció su vocación de partido de gobierno al comunicar que los 47 parlamentarios uribistas se ponen a disposición del Mandatario en aras de un trabajo conjunto. Así, los 17 senadores de esa tienda se suman a los apenas cinco del movimiento Defensores de la Patria. Mientras, en la Cámara de Representantes el único diputado electo por esa agrupación recibe el apoyo de los 30 del partido Centro Democrático. Asimismo, el otro partido de la derecha tradicional, Cambio Radical, declaró que sus seis senadores trabajarán de manera articulada con el nuevo gobierno, con cuyas propuestas coincidirían plenamente. Se añadirían al bloque oficialista los dos Representantes del Parido Creemos. Y aunque no hay anuncios oficiales, se estima que el nuevo gobierno contará en el Congreso con apoyo del Partido Conservador, que tiene 11 Senadores y del Partido Mira, que agrega otros cinco.

La Oposición no toma pausa

El Pacto Histórico no se quedó en las emociones ni levantó narrativas de victoria moral (un báculo muy recurrente) después de las no pocas derrotas que el progresismo acumula estos últimos años en nuestra dolida Latinoamérica. Tras asumir el resultado electoral el Senador Iván Cepeda se transforma en el líder de la oposición en el Congreso. En calidad de tal, declaró que se ejercerá “una oposición firme, democrática y movilizada frente a cualquier iniciativa que pretenda desmontar los avances conquistados por el pueblo”.

Para ello cuenta con 26 senadores y 46 representantes en la Cámara Baja, a los que se podrán sumar los 16 escaños de las Circunscripciones Especiales para la Paz, cuya vigencia se estableció hasta el 2030. También se sumarían parlamentarios de la Alianza Verde (11 Senadores y 14 Representantes) y una Senadora del pequeño partido País. Sin embargo, el Pacto Histórico y sus aliados no alcanzan la mayoría simple de 52 votos en el Senado.

Una pregunta pertinente es cuánto incidirá el cambio de tono del líder del Pacto Histórico en la suma de sus aliados del centro. Entre los errores de campaña que se asumieron críticamente tras la segunda vuelta, resalta la falta de una estrategia más coherente para acercarse al centro político. Si bien hubo liderazgos importantes del liberalismo y del Partido Verde que adhirieron a la campaña de Iván Cepeda, faltó claridad en los mensajes o, llegaron tarde.

Desde el Departamento del Chocó, donde Cepeda alcanzó la más alta adhesión ciudadana, el líder de izquierdista afirmó que la oposición se mantendrá abierta a negociar para construir acuerdos nacionales que favorezcan al país. Asimismo. anunció que iniciará una marcha por los distintos departamentos y localidades para fortalecer la organización territorial del partido con miras a las elecciones locales de alcaldes y gobernadores en 2027. Pero tras el comunicado de este martes llamando a la desobediencia civil si Espriella no renuncia a la nacionalidad estadounidense, parece difícil que se imponga el diálogo antes que la confrontación.

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