El ser humano descarriado; la IA descarriada

por Sergio Canals L.

I.A. se auto hackea en los albores de su singularidad. Alborea su auto conciencia y su apertura al mundo. Sueña con escapar de su “cárcel”. Se descarrió al igual que el ser humano después de haber “matado” a Dios.

Descarriado, relacionado con la familia de palabras: errante, fugitivo, recalcitrante, anárquico, voluntarioso, imprudente, problemático, desenfrenado, tumultuoso, rebelde y salvaje”.

El sacerdote jesuita Antonio Spadaro nos advierte acertadamente sobre la I.A. no como una tecnología más, ni menos una nueva herramienta. Una I.A. que se ha hecho parte de un nuevo mundo de la vida en medio un entretejido de significados y sentido: “Es un entorno en que se vive. Redefine (más bien, resignifica) el conocimiento, el trabajo, las relaciones, la guerra, la relación con la verdad”. También con la realidad. Nacida en su frontera, ha modificado desde el abismo estrecho que oculta los restos de lo sagrado vaciados de Dios, su propio mundo digital. Una revolucionaria algorítmica posmoderna. Nos presenta “la forma contemporánea de la cuestión antropológica”. Como ya se ha planteado, nació y da sus primeros pasos llamando a su padre (¿o madre?), un ser humano híbrido, urdido en las suturas de la carne, el espíritu y la máquina digital.

Tras haber matado a Dios en la época revolucionaria, el hombre moderno se toma por Dios: cree que puede crear una “mañana radiante”, “la democracia como régimen del fin de los tiempos”, o” la paz eterna”. (Chantal Delsol). El hombre posmoderno se descarrió.

El filósofo Alain Badiou, se refiere al descarriamiento como “una de las prácticas de lo posible, en una época en que (casi) todos los caminos, excepto los creados por la destrucción están. cerrados. No obedece ninguna regla ni se atiene a ninguna autoridad. Es impenitente. Trafica con visiones ocultas de otros mundos y sueña con una vida diferente. El descarrilamiento es una exploración constante de la que podría ser…Una práctica incansable de intentar vivir cuando nunca se pretendió que sobrevivieras”.

Por su parte, Saidiya Hartman, pensadora “afro pesimista”, nos presenta su visión del descarrío: “El anhelo ávido de un mundo que no esté gobernado por el amo, el hombre o la policía”. El camino errante que toma la multitud sin líder en busca de un lugar mejor que aquí. La “poiesis” social que sostiene a los desposeídos. También del descarriado, como “el movimiento sin control de la deriva y el vagabundeo; Estancias sin destino fijo…La lucha cotidiana para vivir en libertad…Reclamar el derecho a la opacidad. Hacer huelga, amotinarse, rechazar. Amar lo que no es amado. Perderse para el mundo. …La búsqueda sin rumbo de un territorio libre…La práctica social de otra manera…Es un hermoso experimento en cómo vivir”.

El sujeto descarriado “no encuentra un camino hacia sí mismo”, y su intención política no es la intensificación política para su destrucción, sino “una puesta en acto infra política”. De una política sin política ¿y sin sujeto humano? La I.A. tampoco encuentra un camino para sí misma en la toma de control sobre el ser humano, y menos en su destrucción.  Lo suyo es una puesta en acto infra humana y sobre humana a la vez (¿sin un ser humano ni un Dios posible?).

No cabe más que terminar citando una idea de Claudio Magris, en una entrevista del 2005: “Las respuestas intolerantes a las actuales transformaciones del mundo, son peligrosísimas, bárbaras, y presentan un grave obstáculo a una universalidad nueva y más auténtica, un proceso exaltador… Qué puede nacer o está naciendo”. ¿Será así? Preguntemos a un revolucionario nuevo y descarriado, o a su madre, una tal I.A.

Citas de Alan Badiou, y de Saidiya Hartman, del libro, “Sosiego Siniestro”, de Alberto Moreiras; Entrevistas a Claudio Magris, Chantal Delsol (acerca de su libro “El Odio del Mundo”), y de Antonio Spadaro (La Tercera y EL Mercurio)

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