TVN… ¿cerrar para no seguir fingiendo?

por Luis Breull

Este texto no es una defensa ni un ataque ideológico a la televisión pública. Propone algo más incómodo y necesario: una evaluación honesta basada en evidencia financiera, desempeño real y capacidad institucional. Los balances de Televisión Nacional de Chile (TVN) entre 2014 y 2025 muestran una inviabilidad estructural que no puede seguir siendo abordada con ajustes marginales, relatos simbólicos, ni postergaciones políticas con propuestas irrealizables e inútiles, como un endowment para persistir en el modelo actual de oferta, que implica seguir transfiriendo recursos públicos a una señal generalista que no logra diferenciarse del mercado comercial ni cumplir una misión pública medible. Tampoco, seguir permitiendo su endeudamiento infinito en la banca privada con el aval del Estado, sabiendo que se trata de una empresa cuya deuda respecto de su patrimonio la hace inviable, la compromete editorialmente ante ese actor financiero y la declararía en quiebra bajo normas de cualquier país de la OCDE. 

Aquí se plantea una decisión de Estado, no de coyuntura, esto es, cerrar la señal principal de TVN y reconfigurar un nuevo multimedio público austero, evaluable y con sentido estratégico, rescatando aquellos activos que sí generan valor social comprobable y estableciendo condiciones explícitas de financiamiento y desempeño, y su eventual privatización si dichas condiciones no se cumplen. No se trata de preservar una institución por inercia, sino de redefinir con rigor qué entiende Chile por servicio público desde medios de comunicación del Estado en el nuevo ciclo político que se inicia y en el contexto tecnológico de la tercera década del siglo XXI. Las decisiones que se postergan en este ámbito no desaparecen, solo encarecerán aún más los caminos de salida cuando la empresa quiebre.

Diagnosticado hasta el cansancio…

Durante años Televisión Nacional de Chile ha sido defendida mediante una combinación incómoda de nostalgia, épica republicana y una peligrosa confusión entre misión pública y supervivencia administrativa. Pero los números -cuando se observan sin sentimentalismo-, tienen una virtud incómoda: no mienten. Y lo que dicen los balances de TVN, especialmente desde 2014 hasta 2025, no admite reinterpretaciones benevolentes.

Lo que está en cuestión ya no es cómo salvar a TVN, sino si tiene sentido seguir sosteniendo su señal principal bajo un modelo que ha demostrado, año tras año, ser financieramente inviable, estratégicamente errático y públicamente indistinguible de la televisión comercial que dice no querer imitar.

Si se observa el período 2000 a 2013, el sistema de televisión abierta chileno muestra ciclos normales de ganancia y pérdida. TVN en ese período no era estructuralmente deficitario. Alternaba años buenos y malos, pero se movía dentro de un ecosistema donde la publicidad aún financiaba contenidos generalistas, las audiencias eran masivas y la televisión abierta cumplía un rol central. Ese mundo desapareció.

A partir de 2014, el sistema completo entra en una fase de deterioro acelerado. Pero aquí está el punto clave… TVN cae más profundo y no logra salir nunca más. Mientras otros actores logran adaptaciones parciales o ajustes de escala, TVN inicia más de una década de pérdidas recurrentes que no se interrumpe de manera estructural.

Entre 2014 y 2024, TVN registra los siguientes resultados (en millones de pesos nominales, esto es, requieren reajustarse al valor real con la inflación):

  • 2014: -6.593
  • 2015: -25.992
  • 2016: -14.683
  • 2017: -8.980
  • 2018: -9.922
  • 2019: -12.182
  • 2020: +900 (año excepcional, no estructural)
  • 2021: +8.297 (distorsionado por factores extraordinarios)
  • 2022: +3.018
  • 2023: -5.498
  • 2024: -18.534
  • 2025: -11.773 (solo entre enero a septiembre)

El resultado acumulado del período es catastrófico. Incluso considerando los años puntualmente positivos, las pérdidas estructurales superan con holgura los US$100 millones en términos reales. Incluso incorporando los ejercicios positivos, las pérdidas estructurales superan largamente los cien mil millones de pesos en moneda constante. No hay recuperación orgánica y no hay modelo que se estabilice. Hay solo administración politizada de su sobrevivencia.

La comparación con el resto del sistema elimina cualquier coartada. En el mismo período, Mega registra resultados positivos relevantes en múltiples ejercicios. Chilevisión consolida ganancias extraordinarias como en 2021 con más de $30 mil millones de pesos. Canal 13 aun con volatilidad evita el colapso prolongado. 

TVN pierde cuando el sistema gana y pierde más cuando el sistema pierde. No lidera en audiencias, no lidera en ingresos, no lidera en credibilidad, no lidera innovación. Y sin embargo, mantiene una estructura de costos, una dotación y una ambición editorial propias de un canal generalista dominante y exitoso, que hace más de una década dejó de existir. Y con una estructura de costos y de beneficios de su plana ejecutiva y de su rol privado que se niegan a entregar al Congreso como información básica de cualquier entidad pública del Estado, arguyendo que se trata de cifras estratégicamente sensibles para la industria y para el propio canal.

Los otros focos al debe…

El problema de TVN no es solo financiero. Es conceptual y evaluativo. TVN carece de disposición, de interés y de capacidad interna real para diseñar, construir y sostener indicadores propios de cumplimiento de metas cualitativas de valor social que distingan su oferta programática como medio público. No cuenta con métricas consistentes que midan impacto educativo, aporte cultural, pluralismo efectivo, diversidad de voces, formación cívica o acceso territorial. En ausencia de ese instrumental evaluativo, TVN termina midiéndose con los mismos parámetros que la industria comercial: rating, participación de mercado, captura de avisaje, venta de audiencias, ranking de visionado de programas. Es decir, se evalúa como un canal privado más, pero con peores resultados y con la absoluta ausencia de accountability de sus ejecutivos.

Este vacío no es menor. Sin indicadores propios de valor público no existe posibilidad alguna de exigir cumplimiento de misión. Y sin misión medible, TVN queda atrapado en una imitación permanente del modelo comercial, del cual depende para sobrevivir, pero al que nunca puede igualar en eficiencia ni escala.

El núcleo del problema sigue siendo la señal abierta principal. Hoy es el factor deficitario clave de arrastre negativo del sistema. Programación generalista sin identidad clara, competencia directa por rating con privados mejor financiados, dependencia de un mercado publicitario en contracción y costos fijos heredados de los años noventa en dotación, sumados a una gran distancia de sueldos de ejecutivos y rostros versus el resto de sus profesionales y técnicos. 

No existe evidencia empírica alguna que esta señal pueda volver a ser viable ni con mayores aportes fiscales, ni con recambios ejecutivos, ni con ajustes marginales. Seguir financiándola no es política pública, es postergación de una decisión inevitable.

Cerrar la señal principal no implica cerrar el sistema público. Cesar la señal no es destruir TVN; es rescatar lo que sí tiene valor público real. El archivo audiovisual constituye uno de los mayores patrimonios culturales del país. TVN Internacional mantiene sentido estratégico como proyección cultural. NTV es el único proyecto educativo infantil reciente con legitimidad pública clara. Y el Canal 24 Horas representa la paradoja mayor del sistema: el canal informativo más consistente no es de acceso universal sino pagado en el servicio de cableoperadores. Abrirlo a todo público sería una decisión inmediata de alto valor democrático.

Reconfigurando un modelo de servicio público verdadero y responsable

Chile no necesita un canal público generalista. Necesita un multimedio público austero, especializado y evaluable, centrado en noticias y actualidad que conecte a Santiago y al resto del territorio nacional con señal infantil cultural, archivo público digital, proyección internacional y plataformas educativas. Sin entretención masiva, sin ficción industrial deficitaria, sin competir donde no tiene sentido batallar, sin doctoras Polo o series evangélicas brasileñas o ficciones turcas de bajo costo para rellenar, sin coherencia editorial alguna respecto de un proyecto de servicio de televisión pública como se entiende y realiza en Estados Unidos, Europa, Asia u Oceanía.

Nada de esto es posible si no se asume el punto políticamente incómodo: la estructura salarial y de dotación de TVN es incompatible con su realidad financiera y la calidad de sus contenidos. Un multimedio público reducido, deficitario, en condición de quiebra y sin viabilidad financiera no puede sostener sueldos diseñados para medios de comunicación líderes en utilidades y marca; tampoco sostener dotaciones heredadas de otra escala de canal y otra época. Esto no es ideología; es responsabilidad fiscal básica.

El financiamiento del nuevo sistema televisivo público puede y debe ser mixto, con un aporte público basal y plurianual complementado con ingresos por archivo de licencias, coproducciones y eventualmente publicidad marginal. Pero debe existir una condición explícita y no negociable. Si el sistema no demuestra sostenibilidad financiera debe privatizarse completamente y rediseñar otro multimedio desde cero, viable y con metas claras/medibles. El Estado no está para administrar nostalgias deficitarias.

Cerrar la señal principal de TVN no es un acto de demolición ideológica, es un acto de honestidad institucional. Mantenerla es seguir administrando pérdidas con retórica republicana y programación sustancialmente banal y sin resonancia ni interés para los públicos que aún ven televisión abierta. Los balances entre 2014 y 2025 son concluyentes. TVN tal como existe hoy no tiene viabilidad económica ni sentido estratégico de valor futuro. Es una entidad quebrada que asiste a su lento desguace y enajenación de activos.

Chile debe decidir si quiere un multimedio público pequeño austero y útil o seguir financiando un canal que ya no cumple ninguna de las dos promesas que lo justificaban, ni la comercial, ni la pública. Cerrar no es destruir. Cerrar esta vez es gobernar y salvar lo que realmente importa en la historia audiovisual chilena. 

RECUADRO

Ejemplos de indicadores de cumplimiento de metas de valor social para un multimedio público real y con compromiso de gestión

Estos indicadores son ejemplos que no sustituyen métricas financieras, pero las condicionan. Su función es demostrar que el medio audiovisual público produce un valor cualitativo no replicable por la industria comercial, y por tanto justificable desde el interés general.

Acceso y servicio ciudadano

  • Porcentaje de la población con acceso gratuito efectivo a señales informativas y culturales del sistema público, en televisión abierta y plataformas digitales
  • Horas semanales de programación informativa y cultural accesible sin pago ni suscripción
  • Disponibilidad del archivo audiovisual público en plataformas abiertas y uso ciudadano verificable

Impacto educativo y cultural

  • Número de horas de contenidos educativos formales e informales producidos anualmente y su uso efectivo en establecimientos educacionales
  • Convenios activos con universidades, centros de investigación y organismos culturales para producción y uso de contenidos
  • Evaluación cualitativa del aporte cultural y educativo mediante paneles independientes y estudios longitudinales

Pluralismo y diversidad informativa

  • Diversidad de fuentes informativas por programa medida por origen institucional, territorial, político y social
  • Presencia efectiva de regiones, pueblos originarios y comunidades migrantes en la programación informativa y cultural
  • Distribución del tiempo de pantalla en debates y programas informativos según criterios de pluralismo y equilibrio

Cobertura territorial y cohesión social

  • Producción regional propia como porcentaje del total de contenidos emitidos
  • Presencia regular de temas locales y regionales en la agenda informativa nacional
  • Alcance territorial de la señal informativa pública y su uso en situaciones de emergencia o interés público

Confianza y legitimidad pública

  • Índices de confianza ciudadana en noticias y contenidos informativos del medio público medidos por encuestas periódicas independientes
  • Percepción ciudadana de independencia editorial y utilidad pública
  • Número y resolución de observaciones del defensor o defensora de audiencias

Eficiencia y responsabilidad en el uso de recursos

  • Costo por hora de contenido informativo, educativo y cultural en relación con su impacto social
  • Evolución de la estructura salarial en relación con ingresos reales y metas de desempeño
  • Cumplimiento de metas financieras plurianuales vinculadas a la misión pública

Estos indicadores deben ser públicos, auditables y vinculantes, y su incumplimiento debe activar correcciones estructurales o decisiones de fondo, incluida la eventual privatización.

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