Una reflexión filosófica sobre el concepto de tiempo y la idea de Dios en El milagro secreto de Jorge Luis Borges

por Guillermo Geisse V

El concepto de tiempo:

El cuento El milagro secreto de Jorge Luis Borges nos lleva a reflexionar sobre el concepto de tiempo. Al parecer, para Borges el tiempo tiene distintas dimensiones o niveles. No sólo existe un tiempo físico o histórico; también hay un tiempo “subjetivo”, que pertenece al dominio del pensamiento, de la mente, de los sueños y de la imaginación.

Por un lado, está el tiempo físico, lineal y cronológico: el tiempo de la historia, que es esencialmente una sucesión de eventos encadenados unos con otros. Este es el tiempo del sentido común, el que compartimos todos.

Hladík es arrestado y sabe con certeza que será ejecutado; no tiene escapatoria en el mundo real. Sin embargo, su tragedia no es la muerte en sí misma, sino el hecho de no querer abandonar este mundo sin haber terminado su libro, su gran obra aún inconclusa.

Frente a ello aparece un tiempo “interior”: el tiempo que vive en su pensamiento, en su mente, en su imaginación y en sus sueños.

El tiempo físico se detiene: “una pesada gota de lluvia rueda lentamente por su mejilla” y se inmoviliza; “en una baldosa del patio, una abeja proyecta una sombra fija”; los hombres que iban a ejecutarlo quedan congelados; el brazo del sargento se eterniza en un ademán inconcluso. La ejecución material se suspende.

Pero el pensamiento de Hladik no se detiene. Un año entero transcurre entre la orden y su cumplimiento. En ese lapso imaginario de doce meses, el protagonista termina su obra y logra morir en paz, habiendo dado un sentido a su vida. 

La idea de Dios:

Es aquí donde aparece la idea un “Dios”. Un Dios compasivo y bondadoso, que le otorga a Hladík un tiempo adicional para concluir su obra. En este momento crucial del cuento, el protagonista recuerda que “los sueños de los hombres pertenecen a Dios”. Es Él quien le concede el tiempo para soñar y, así, terminar su obra.

En este sentido, con “Dios” se introduce una tercera dimensión: una energía sobrenatural y milagrosa frente a la cual sólo cabe asombro y una profunda gratitud.

Este “Dios” no está situado en el cielo en el sentido cristiano tradicional. Está en una letra dentro de una biblioteca de cientos de miles de volúmenes. Es una voz que está escondida en esa letra y que finalmente se manifiesta.

Dios le concede a Hladík un tiempo fuera del tiempo real: un tiempo para soñar. Este tiempo adicional transforma completamente su vida. Es un tiempo íntimo y, al mismo tiempo, trascendente; un tiempo lleno de sentido, más que de duración.

El Dios de Borges en este cuento no parece ser el Dios tradicional o religioso, ni un Dios moral que recompensa o castiga. Es más bien una fuerza que organiza el sentido de su vida. Una mano invisible que cuida de la obra de Hladík más que su vida.

Este “milagro” no es en ningún caso una prueba de la existencia de Dios en sentido cristiano. Más bien sugiere la presencia de una energía universal que otorga sentido a la existencia. No se funda en la fe religiosa, sino en la confianza en que cada ser humano tiene un destino, y que cumplirlo puede dar lugar a una vida (muerte) plena.

Reflexión final:

El gran mensaje del cuento, a mi juicio, es que cada ser humano viene a este mundo con un destino. Quien logra alcanzarlo puede llegar a la plenitud de la vida y morir en paz. Hladík logra terminar su obra y, con ello, cumple su destino. Eso sí, tuvo la fortuna de recibir una pequeña ayuda de “Dios” 

¿Tendremos nosotros la misma suerte?

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