Perú: la hora de la resistencia democrática

por Juan. G. Solís de Ovando

Escribo estas líneas en momento en que según los conteos de ONPE, Keiko aventaja a Sánchez en algo más de 30.000 votos lo que parece ser determinante en el resultado final. Todo parece indicar que es un hecho: Keiko será la próxima presidenta del Perú.

Esto ha movido las paradojas de paradojas típicamente peruanas: los mismos que, como López Aliaga, llamaron fraude a los resultados electorales de primera vuelta, ahora, desde sus dominios limeños, movilizan a la Municipalidad de la capital para impedir o al menos restringir fuertemente todas las manifestaciones anti fujimoristas que el súbito cambio de los resultados ha provocado. Y como acertadamente el periodista de La Encerrona Marco Sifuentes ha destacado, el perímetro del encierro y prohibición de las protestas coincide casi exactamente con la antigua muralla virreinal. Nada nuevo bajo el sol diría un nostálgico. Pero es verdad. Groseramente cierto: López Aliaga pudo amenazar con actos (asquerosos irreproducibles dijo Jaime Baily) a las autoridades electorales porque es de Lima. Los de la periferia tienen otro trato.

La izquierda aglutinada por la candidatura de Roberto Sánchez pasó el fin de semana debatiendo extensamente sobre cómo actuar en la coyuntura y resolvió cambiar de táctica: De la movilización social y protesta ante los organismos electorales (JNE) pasó a solicitar el reconteo de los votos. Sánchez invitó a su contendora Keiko Fujimori para apoyar la iniciativa para que no quedara duda a los ciudadanos peruanos sobre el resultado electoral otorgando plena legitimidad democrática al que resultara elegido.

La virtual vencedora de la contienda, antes de responder informó que se va del país junto a su hija, lo que ha provocado la reacción de chistes que dicen que debe descansar porque le va a tocar trabajar por primera vez. Algunos igualmente graciosos dicen que ese juicio está equivocado: trabajar en la sombra también es trabajar. En esa comparecencia que anunciaba un descanso en EEUU, aprovechó, de paso, para rechazar la iniciativa de reconteo de votos propuesta por Sánchez: les falta leer la ley y el reglamento, señalando la ilegalidad de la iniciativa.

Pero lo cierto es que Keiko llega y el fujimorismo se queda. Y se queda con varios regalitos para la nueva presidenta peruana. Aquí van las tres primeras perlas: una ley que cambiará la forma en que se procesará a los policías que cometan delitos. Esa ley impedirá que los uniformados sean investigados al mismo tiempo por la justicia militar y civil. En la práctica la solución es clara: si un policía le mete bala a un ciudadano, o se le descubre vendiendo armas de su institución a los narcos, bastará que la jurisdicción militar le abra una investigación para que la civil deba inhibirse. Porque el fuero militar tendrá siempre preferencia (no sé por que esto me recuerda algo). ¿Y quién propuso este pastelito?: Obviamente el congresista Fernando Rompigliosi, ejemplo obsceno de político tránsfuga e inescrupuloso. Otro pastelito: en el intento de poder decir como el dictador español: Todo está atado y bien atado, el parlamento, más activo y trabajador que nunca, pondrá este viernes fin a la investigación sobre el caso Odebrecht. Asunto que complica a numerosos fujimoristas y se hermana a otro proceso, el llamado cuellos blancos. Pues bien, los fiscales que intervinieron en esos procesos tan gravosos para el partido de la nueva presidenta podrán ser perseguidos por los fiscales de la Suprema. ¿Y qué harán estos fiscales de la Suprema? Obvio mi querido Watson: acatar la recomendación del parlamento y todo lo que el fujimorismo ordene como quiera que éste ha trabajado con deleite de artesano para copar los más altos puestos de la fiscalía del Perú. Y, por último, -a que parece gracioso- el parlamento en su esfuerzo por apurar amarres ha sacado la ley del artista

Y más gracioso es aún el contenido: resulta que la exfiscal Delia Espinoza cuyo prestigio entre sus pares es tal que la eligieron decana del colegio de abogados de Lima, en gran parte como reacción de los miembros de su Orden por la forma inescrupulosa y corrupta que se había utilizado por este congreso del hampa (palabras de Hildebrant) para destituirla. ¿Y qué tiene que ver ello con una ley del artista dirán los ansiosos lectores? La ley crea el Colegio de los artistas del Perú. En ella se filtra un párrafo que señala que los colegios profesionales no podrán tener entre sus directores a personas que hayan sido inhabilitados para ejercer funciones públicas, como ocurre precisamente, y vaya coincidencia, con Delia Espinoza inhabilitada por el congreso peruano.

Así se gobierna. Claro y en botella. Sin metáforas ni hipérboles bobas.

Como era de esperar, los artistas peruanos no han dejado de protestar, señalando que esta ley so pretexto de ordenar el ejercicio de las profesiones artísticas busca reprimir la libertad de la expresión de sus disciplinas sin la cual son nada.

¿Podrá el fujimorismo ordenar a los desordenados artistas? Noticia en desarrollo.

Dicho lo anterior, hablemos en serio. Y empecemos por la siguiente afirmación: No es verdad que el Perú está polarizado, es más correcto decir que este país se encuentra fracturado, que por supuesto no es lo mismo.

La elección cuyo final agónico estamos observando, ha reflejado y tensionado más aún la cuerda de las dicotomías regionales que tiene sólidos antecedentes. La dicotomía entre Lima y las regiones es antigua, es de siempre. Recordemos que el libertador Simón Bolívar en su célebre Carta de Jamaica le dedica a la capital peruana palabras duras pero ciertas: El Perú, por el contrario, encierra dos elementos enemigos de todo régimen justo y liberal; oro y esclavos. El primero lo corrompe todo; el segundo está corrompido por sí mismo. El alma de un siervo rara vez alcanza a apreciar la sana libertad; se enfurece en los tumultos, o se humilla en las cadenas. Aunque estas reglas serían aplicables a toda la América, creo que con más justicia las merece Lima por los conceptos que he expuesto, y por la cooperación que ha prestado a sus señores contra sus propios hermanos los ilustres hijos de Quito, Chile y Buenos Aires.

Si. Viene de lejos. Pero no es solo historia o, al menos, es también historia presente. La elección también lo demostró: Keiko concentró en Lima obtuvo el 63,5 por ciento de los votos de la capital. Roberto Sánchez, en cambioconcentra sus desconcentrados votos en la periferia del país: en Puno el candidato de la izquierda llegó a tener el 84,5 por ciento de los votos de esa provincia.

Pero no son solo votos. Recordemos que Perú son tres: el Perú de la Costa, el Perú de la Sierra y el Perú de la Selva. Ahora, habría que agregar el Perú del Exterior, que fue, el que a la postre le dio la victoria electoral a Keiko.

Roberto Sánchez cosechó votos en la sierra y en la selva, es decir en los sectores periféricos, atrasados, y choleados por la burguesía limeña, y que se sienten con razón, socialmente marginados. Sin embargo, hay un acontecimiento que marcó profundamente esta dicotomía pues la hizo pasar del movimiento social al plano político: Cuando se destituyó, juzgó y encarceló al presidente Castillo las poblaciones de Juliaca y Ayacucho se levantaron y salieron a las calles a protestar ocupando pacíficamente las pobres calles de sus pobres barrios: la respuesta del gobierno fue brutal. Más de sesenta muertos, casi todos baleados desde los helicópteros. A partir de ese momento existe un desordenado, difuso pero real movimiento castillista que fue el que puso Roberto González como segunda mayoría, una vez que este lo visitara en la cárcel y prometiera su indulto.

Además, y mirando la segmentación desde el punto de vista de la parada de los peruanos a la elección el país queda dividido en tres tercios aproximados: Los que votaron a Roberto Sánchez, los que lo hicieron por Keiko, y los que se abstuvieron. Estos últimos sumaron cerca de 6 millones de votos.

Y vista así las cosas se puede afirmar que Keikoganó efectivamente en este último tenebroso capítulo electoral -victoria pírrica sin duda-, pero no ganó desde un punto de vista político. Para que ello ocurra hace falta hacerse cargo de las fracturas políticas del sistema y, especialmente, de construir las condiciones para que este sistema democrático débil termine por anidarse. Es claro que nada de esto se puede esperar del Fujimorismo, ahora, con Fujimori.

Como alguien dijo nunca la legitimidad y la legalidad han estado tan alejadas. Ambos candidatos tienen virtualmente impedidos entrar en determinados territorios. El Perú se está transformando virtualmente en un país ingobernable con riesgo cierto (ni Dios lo quiera) de llegar a una guerra civil.

En víspera de la instalación de la gobernante para ocupar la única parte de las instituciones que le faltaba, el poder ejecutivo; el futuro se ve obscuro para demasiada gente, que creen que serán perseguidos, ignorados y, por supuesto estigmatizados. ¿Quiénes? Sin duda los mismos de siempre: los estudiantes que han salido a protestar porque denuncian las macabras maquinaciones del fujimorismo y las denuncias al copamiento de la SUNEDU (superintendencia nacional de Educación), a la prensa que denuncia los actos de corrupción, a las poblaciones que reclaman justicia por las víctimas de los asesinatos ya mencionadas de los meses de diciembre del 2022 y enero del 2023, a los fiscales y jueces que resisten a doblegarse a la venalidad y obsecuencia a que los intentan someter, a los policías que se rebelan en ser usados para la persecución de los pobres, de las comunidades de la Sierra y de la Selva, y a los curas y obispos que los apoyen, entre otros. Todos serán considerados terrucos y, a sus intelectuales, Caviares.

Lo que viene por delante es complejo y duro, porque significa enfrentar un gobierno autoritario en un sistema sin división de poderes y un gobierno que, a su vez, tendrá enfrente a más de la mitad de los votantes.

Además, Perú pasaría a ser uno más del club de países ultraderechistas junto a la Argentina de Miley, el Chile de Kast, El Salvador de Bukele, el Ecuador de Noboa, y posiblemente la Colombia de Abelardo de la Espriella.

El futuro es difícil, pero no está encerrado en el fatalismo. Todo dependerá de la capacidad de la izquierda peruana, desgarrada, dispersa, y muchas veces extraviada, de construir un espacio de encuentro y de articulación de acciones comunes que convoque al levantamiento de una mayoría para reconquistar la institucionalidad democrática que permita a los peruanos sentirse orgullosos y respetados en el mundo. 

Al menos así parece desprenderse de las últimas declaraciones del candidato socialdemócrata del partido Ahora Nación y recientemente elegido senador, Alfonso López ChauSon 16 regiones y son momentos de profunda reflexión y la propuesta de resistencia civil es el diagnóstico….estamos en conversaciones diciendo lo siguiente…..los peruanos en el exterior le están dando el triunfo pero la mayoría de los peruanos de acá dicen lo contrario…tenemos victoria política ….hay que poner una resistencia a la mafia……vamos a conversar con Belmont pero desde esta propuesta moral ya tenemos un programa de unidad… Me niego a la posición de centro… nuestra propuesta es radical. Queremos la división de poderes y eso ¿Cómo no va a ser radical? Vamos a luchar en todos los terrenos…el pueblo cobarde es valiente con el débil y cobarde con el fuerte… hay una extensa franja verde desde Jaen hasta Tacna …construyamos juntos una desobediencia civil efectiva que los haga retroceder…

La Historia ha demostrado hace tiempo, que un pueblo decidido a luchar por sus derechos, más temprano que tarde, abraza la Victoria.

Así sea.

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