Las primeras noticias acerca de lo ocurrido en la madrugada del sábado 3 de Enero en Caracas parecían claras. Una operación militar masiva, llevada a cabo por una cuantiosa fuerza militar de Estados Unidos, había logrado la captura y “extracción” de Nicolás Maduro y Cilia Flores de Caracas, ambos ya en traslado a Estados Unidos.
El derrocamiento de Maduro iniciaba un drástico “cambio de régimen” en Venezuela, después de 26 años de gobierno chavista, siguiendo un libreto muy similar al ocurrido en Panamá hace 36 años, cuando el Ejército norteamericano invadió ese país, derrocó a la dictadura de Manuel Antonio Noriega y ello permitió asumir. de inmediato, la presidencia del país a Guillermo Endara, cuyo triunfo electoral había sido negado siete meses antes.
Así fueron interpretados, los hechos en distintos lugares del mundo, en la mañana del ataque, que muchos rechazaban y otros tantos celebraban y agradecían. Pero nadie tenía dudas acerca del sentido de los sucesos y, partidarios o contrarios, coincidían en su interpretación: después de 26 años; el chavismo había sido derrotado y era forzado a dejar el poder en Venezuela. Autoridades, parlamentarios y fuerzas políticas reaccionaron partiendo de la base de que este era el fin del gobierno bolivariano; muchos exiliados venezolanos salieron a las calles a celebrar la caída del gobierno de Maduro, anunciando que ahora volverían a su país; el Presidente electo de Chile y el Presidente argentino celebraron la “llegada de la libertad”; y Corina Machado alcanzó a anunciar que la oposición estaba dispuesta a asumir sus responsabilidades en la transición que vendría y el pronto retorno de Edmundo González, para ocupar la Presidencia que le había sido negada un año y medio atrás (el 28 de Julio de 2024).
Se esperaba solamente que, dentro de pocas horas, el Presidente de Estados Unidos diera cuenta a su país y al mundo de esta operación y del inicio de un nuevo comienzo para la democracia venezolana. A pocas horas de ocurridos los hechos, Donald Trump entregó su informe, saludando con entusiasmo el comportamiento de sus Fuerzas Armadas, aclarando que esta acción militar tenía por objeto cumplir una orden judicial. Era necesario hacerlo: la idea de que el ataque de la madrugada era una operación policial, para “extraer” de Venezuela y poner a disposición de la justicia a dos personas que tenían una orden de detención por narcotráfico, Nicolás Maduro y Cilia Flores era indispensable, porque si lo ocurrido antes se definía como una “acción militar”, ello no podía llevarse a cabo sin una autorización del Congreso. Por ello, en la versión del gobierno de Trump, el asalto a Caracas y otros lugares del país fueron realizados en virtud de una orden de detención de dos personas buscadas por la justicia. Un acto de este tipo requiere sigilo, en su preparación, decisión y ejecución.

La oposición en Estados Unidos seguirá cuestionando el uso masivo de tropas y equipos de guerra, sin que siquiera existiera antes aviso al Congreso. La extensión territorial de las acciones disuasivas y la muerte de militares, guardias o civiles venezolanos y cubano (se da provisoriamente un número de alrededor de ochenta, de los cuales 32 eran cubanos, según el gobierno de ese país) también será usada seguramente en el Congreso para objetar la falta de consulta.

Pero, además, la segunda parte de la intervención del Presidente Trump y las respuestas a preguntas de la prensa, después de la ceremonia, mostraron algo inesperado: Trump no sólo quería dejar una señal clara de su éxito, sino que pretendía mantener una presencia permanente en el país conquistado. Anunció que su gobierno pretende “hacerse cargo”, ejercer la conducción de Venezuela mientras sea necesario para completar una transición, que no explicó de manera suficiente, pero que supone actuar en la economía petrolera del país y retener la vigencia del gobierno bolivariano, sin Maduro por cierto, pero con la Vicepresidenta Delcy Rodríguez en la primera posición, mientras su hermano José Rodriguez mantiene su cargo como Presidente de la Asamblea Nacional, el General Vladimir Padrino se mantiene como Ministro de Defensa y toda la plana mayor bolivariana sigue en funciones e inicia un “diálogo constructivo” con el gobierno estadounidense.
Ese diálogo ciertamente implica también la reposesión de la industria petrolera, que según Trump debería significar una inversión de cientos de miles de millones de dólares, recuperados de la expropiación de las riquezas petroleras que Venezuela debe devolver a Estados Unidos porque le habrían sido usurpadas por el estado caribeño con la nacionalización primero (en tiempos de Carlos Andrés Pérez) y luego la expropiación por parte de los gobiernos chavistas. Eso significaría la mantención de la presencia norteamericana por mucho tiempo, hasta que ese objetivo sea cumplido; y si esto no tiene lugar, la invasión debería repetirse, a un costo mucho mayor para Venezuela.

En el discurso de Trump, ni en las explicaciones complementarias del Jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas y del Secretario de Defensa Pete Segseth, no hubo ni una sola mención de la instalación de un nuevo gobierno, ni siquiera del reconocimiento de la elección de Julio de 2024, que muchos países de América Latina y Europa, incluido Chile, se han negado a reconocer. En realidad, el mandatario estadounidense no usó la palabra “democracia” en toda su alocución; ni tampoco explicó, en ese momento ni en sus posteriores declaraciones a la prensa, como se “haría cargo” de Venezuela, a pesar de que las fuerzas militares que habían realizado la “extracción” de Maduro y su esposa, ya no estaban en el país.
El diseño quedó claro desde temprano. Alguien debe gobernar y es mejor un chavismo “obediente” que una oposición desordenada y mayoritariamente exiliada. En palabras del propio Trump, reproducidas varias veces, María Corina Machado no goza “de respeto” ni tiene fuerzas en su país y por lo tanto ni ella ni Edmundo González, a quien Estados Unidos ha reconocido como el electo de Agosto de 2024, serán convocados a gobernar muy pronto. En cambio, la atención de Trump a la nueva Presidenta, Delcy Rodríguez, con quien dice haber conversado varias veces. A pesar de que la dirigente caribeña no ha cesado de felicitar el ataque de Estados Unidos y de anunciar que la democracia ya viene, no ha tenido respuestas positivas.

Como lo demostró la desastrosa invasión de Iraq, donde tras más de una década aún no hay paz y la violencia se ha hecho cotidiana, la mantención de la gobernabilidad es esencial. Para los intereses de Estados Unidos es más conveniente tener una sociedad y una economía que funcionen, antes que encontrarse con la confusión de una disputa por el mando democrático. Esa visión calza, por lo demás, con la mentalidad del presidente norteamericano, que no se siente cómodo con los temas de la democracia, los derechos humanos o la libertad de expresión.
Naturalmente, el viraje del Presidente de Estados Unidos, que de ser el héroe que rescató la democracia para Venezuela, parece ser ahora un buen aliado del chavismo (“golpe chavista en Venezuela” titula hoy un medio digital) ha generado mucha perplejidad y no poca frustración en partidarios de la oposición. No obstante, se trata de una opción realista, a la luz de las experiencias norteamericanas de invasiones similares. Se trata de mantener el país funcionando, en medio del caos que hoy se vive y de generar una transición razonable. El compromiso con el antiguo régimen parece ser, por ahora, suficiente para Estados Unidos. Los mandos chavistas aparentan solidaridad con Maduro, pero obedecen al mando de Washington. Mientras lo sigan haciendo así se mantendrán; de lo contrario ahí está la amenaza de volver a nuevos ataques; mientras dure la memoria del ultimo fin de semana, seguirá reinando la calma.

Las proclamas de Trump fueron aún algo vagas y la tarea de concretarlas correspondió al Secretario de Estado Marco Rubio, convertido ya en el vocero oficial y encargado de la operación de “hacerse cargo” de Venezuela. En sus declaraciones, Rubio dejó en claro dos cosas muy importantes: primero, que en las semanas anteriores., mientras de llevaban a cargo los ataques a barcos, que supuestamente llevaban drogas, se había buscado una salida negociada con Maduro, quien no había aceptado ninguna de las propuestas que se le habían hecho y que fue la actitud de este lo que “obligó” a optar por su extracción, poniendo en marcha la operación “Resolución Absoluta”. Y segundo, que no se trataba de apropiarse del petróleo de Venezuela, sino del evitar que Rusia y China se apropiaran de él. Es en este contexto que el Secretario de Estado pronuncia la frase que llenó titulares: “este es nuestro hemisferio” y como tal lo “vamos a defender”. Las dos afirmaciones echan por tierra la versión de “Maduro narco traficante”; eso se discutirá en la Corte de Nueva York. Maduro y Flores ya tienen abogados, se declararon “inocentes” y el inicio del juicio se fijó para fines de Marzo. Entretanto, según el New York Times, el Departamento de Justica dejó caer la idea que el Cartel de los Soles, que dirigirían Maduro y Diosdado Cabello, sea en realidad una organización criminal; el término serviría sólo para denominar de modo genérico la supuesta presencia del narcotráfico en las Fuerzas Armadas venezolanas. Si la acusación de narcotráfico tambalea, es muy probable que el debate en el Congreso se reactive.
Por cierto, nada de esto es fácil para ninguno de los dos protagonistas: el sector bolivariano ha perdido fuerza en los últimos días, en que ha debido mantener la represión. Las explosiones que se registraron en Caracas en las horas de funcionamiento de la Asamblea, muestran que existe alguna disidencia, que no se manifiesta aún. Además, el chavismo sigue cometiendo errores sectarios, sin recurrir a otros opositores, para ampliar su base. El ejército en cambio, permanecerá leal, mientras Estados Unidos no lo requiera para actos represivos.
Más difícil puede ser para Trump cumplir la promesa de volver a invadir si las cosas no van en la dirección que él desea. Las encuestas muestran, como ha ocurrido ya antes, que el público norteamericano no se siente satisfecho con las aventuras externas. Los fantasmas de Iraq y Afganistán siguen presentes y, aunque el público esté satisfecho con sus militares, tiene otras prioridades y teme que nuevas aventuras distraigan a sus dirigentes de la solución de sus problemas. Sacar nuevamente tropas para ocupar otros países ya no es tan popular como puede haberlo sido en otras épocas.
En suma, esta nueva página de historia de las relaciones hemisféricas está recién escribiéndose. Marca una derrota fuerte para el hemisferio, una declaración formal y directa de Estados Unidos como la potencia de la región; es la primera intervención armada contra un país de América del Sur; presagia la posibilidad de que Estados Unidos intente recuperar recursos naturales que supuestamente tuvo antes; demuestra su incapacidad de fijar posiciones comunes y especialmente de actuar en conjunto. La región más desintegrada del mundo ha vuelto a ser un dividido patio trasero.