La Ventana de Miguel

por Felipe de la Parra Vial

Hace 50 años, la casa del país tenía las ventanas cerradas y las puertas estaban trancadas por el desaliento y las sombras. Estaba prohibido soñar y cantar. Una diáspora de chilenos por el mundo trazaba la geografía de los miles de compatriotas que pensaban distinto. Los partidos políticos sufrían la represión más dura con el sello de los campos de concentración y de los recintos de la tortura, el asesinato y la desaparición. Del exterminio. Las palabras libertad y democracia se pronunciaban solo en diarios clandestinos en papel roneo y en las emisiones de las radios extranjeras. En 1976 aparecía la revista Apsi en el disimulo de hablar de lo internacional.  La censura era el idioma que se pronunciaba en la prensa, en las radios y en la televisión. 

Eso que llaman dictadura.

Entonces, un 1° de Mayo de 1976, en la Radio Chilena, dependiente del Arzobispado de Santiago,Miguel Davagnino, destacado locutor, periodista y comunicador, inauguró un programa de música chilena bajo la enseña de “Nuestro Canto”.

Así abrió una ventana en los hogares de Chile. El mezquino amanecer se dejó del frío y por la cordillera se coló la luz de la mañana. La brisa marina entró a las casas en la voz porteña del wanderino Miguel. Y con él, todas las canciones. 

Así Víctor Jara levantó su manifiesta bandera. 

Yo no canto por cantar / ni por tener buena voz, / canto porque la guitarra / tiene sentido y razón.

Violeta también salio al baile defendiendo Nuestro Canto. Lo hizo con sus canciones, en las mismas ondas dónde tuvo su propio programa en la Radio Chilena llamado “Así canta Violeta Parra”, entre 1954 y 1955, dirigido por Ricardo García.

Volvió a cantar el canto de todos desde 1976. Cantó por todas las voces afónicas. Y estuvo más viva que nunca.

Maldigo del alto cielo / La estrella con su reflejo / Maldigo los azulejos / Destellos del arrojuelo / Maldigo del bajo suelo / La tierra con su contorno / Maldigo el fuego del horno / Porque mi alma está de luto / Maldigo los estatutos del tiempo / Con sus bochornos / ¡Cuánto será mi dolor!

Cantó sin permiso como era su canto: Nuestro Canto.

Yo los maldigo llorando / Lo libre, lo prisionero / Lo dulce, lo pendenciero / Le pongo mi maldición / En griego y en español / Por culpa de un traicionero / ¡Cuánto será mi dolor!

Todas las cantoras, todos los cantores, volvieron a ser bautizados por la sintonía de la Radio Chilena. Nuestro Canto abría las ventanas de los auditores en todo el país. La Nueva Canción Chilena y el Canto Nuevo, en ese año maldito, tuvieron nombres insignes venidos de las Peñas como CapriNano AcevedoIsabel AldunatePatricio Liberona y tantos otros. El programa legitimaba las Peñas, con sus voces presenciales, desafiando el miedo y la canción sin sentido. Todo aquello se escuchaba en la Chilena, en Nuestro Canto.

La ventana de Miguel tenía hermanas en todo el país. 

Entonces, en ese mismo año 76, tuvo sentido y razón – ¡más que nunca! – el sello Alerce de Ricardo García, que inauguraba su discomanía maravillosa con su primer disco oficial con el grupo Chamal tituladoTierra de Alerces.

Aquí se encajó mi canto / como dijera Violeta / guitarra trabajadora, con olor a primavera.

Cantó Víctor.

Así “Nuestro Canto” afinó su guitarra, haciendo el relevo a programas de la música chilena como lo fue el icónico “Chile, ríe y canta” del recordado René Largo Farías, y a “Discomanía” y “El Show de Ricardo García”.

Las ventanas se abrieron poco a poco, de par de par, aunque lloviera, hasta que el cielo se llenara de estrellas en la noche oscura.

Las canciones de Chile, de Nuestro Canto, nunca antes, fueron tan propias. Violeta lo explica todo cuando vuelve a los 17. Con canto campesino, con runruneo nortino, embarcados en el caleuche chilote, entonado con su ancho pensamiento.

Lo que puede el sentimiento / No lo ha podido el saber / Ni el más claro proceder / Ni el más ancho pensamiento / Todo lo cambia el momento / Cual mago condescendiente / Nos aleja dulcemente / De rencores y violencias / Sólo el amor con su ciencia / Nos vuelve tan inocentes.

Entonces, en Valdivia, una niña se acostaba cuando estaba triste. Abría su ventana y no le importaba el frío. El cielo se llenaba de estrellas y “le ponía aretes”. Escuchaba el relato donde reconocía una canción que llevaba su nombre.

De par en par la ventana / Se abrió como por encanto / Entró el amor con su manto / Como una tibia mañana / Al son de su bella diana / Hizo brotar el jazmín / Volando cual serafín /Al cielo le puso aretes / Mis años en diecisiete / Los convirtió el querubín.

Así la niña creció, mirando el cielo, su país, en sus canciones.  Dejo de estar triste y llenó su piwke de imaginación y futuro.

En su ventana. En la ventana de Miguel. En la ventana de todos: Nuestro Canto.

Ahí donde llega todo / y donde todo comienza / canto que ha sido valiente / siempre será canción nueva(Víctor Jara).

Apunte: 

El programa “Nuestro Canto” nació un 1° de Mayo de 1976 en Radio Chilena, en el Día de los Trabajadores. Posteriormente, reconoció residencia en la Radio Cooperativa y, actualmente, en Radio ADN con una larga cadena de 40 emisoras en todo el país; trasmite el programa “Nuestro Canto” todos los domingos a las 22.00 horas.

Un orgullo de las Culturas, las Artes y el Patrimonio de Chile.

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2 comments

Francisco Zañartu mayo 7, 2026 - 6:43 pm

Bueno Felipe. Felicitaciones

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Ana Saladino mayo 16, 2026 - 1:04 am

GRACIAS FELIPE por permitirnos disfrutar de este viaje a través del susurro de esta polifónica historia chilena que pervive gracias al canto valiente de Miguel Davagnino quien , de la mano de su proyecto radial «Nuestro Canto» conformaron durante medio siglo, un binomio perfecto que se fue encumbrándose, a lo largo de cinco décadas, como la banda sonora de la memoria colectiva chilena.

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