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Yo, que fui un superviviente
de una antigua derrota,
casi no me acuerdo de mis amigos muertos,
ni de mis más enconados enemigos,
ni de tu sonrisa de odalisca de ojos verdes.
Es por eso antes que la niebla de la vejez
caiga sobre mi cabeza,
o que el inexorable paso del tiempo
borre mis huellas sobre la arena,
grabaré a fuego el rompecabezas de mis recuerdos
en cada uno de los pliegues
de mi memoria desvanecida.
Solo entonces
me salvaré del olvido eterno
y de la misma muerte.