Hay algunas imágenes patéticas de este período post primera vuelta. Fue impactante ver al ex Presidente Frei entregándole su apoyo a Kast. Alguien objetará que no lo dijo textual, pero la frasecita esa, en que tibiamente deslizó que tenían mucho en común, es un reconocimiento explícito. Y luego el show de demócratas y amarillos, y uno que otro radical acomodándose por ahí. El fantasma de una elección cuesta arriba al parecer modifica radical e impúdicamente los juicios acerca de la derecha republicana, desde siempre defensora de la dictadura militar y tuerta para ver las violaciones de los derechos humanos más terribles cometidas en nuestro país.
Hace unos meses atrás, el economista Sebastián Edwards insinuó que no votaría por Matthei producto de su posición zigzagueante en torno al lugar de la dictadura en su discurso, donde a veces juzgaba los atropellos y en otras los relativizaba. La candidata tuvo que escribirle una carta pública tomando una posición más dura contra el pinochetismo y, como si todos bailaran en un libreto totalmente pre acordado, el reputado economista concedió su voto. Sus opiniones respecto a la segunda vuelta, al menos las que yo he visto y leído, han sido consistentes con la idea de no votar Kast (ni Jara), pero la crítica al republicano ha soslayado aquello que para la primera vuelta fue tan importante. Según él, hoy se trata de un candidato que no garantiza capacidad de diálogo, de donde se me ocurre que, si Kast le enviara una carta diciendo que será muy dialogante, tal vez cambie de opinión.
El caso de la senadora Rincón, del señor Maldonado y los pocos demócratas y amarillos que en el mundo han sido, es todavía peor. Cero referencias en sus declaraciones y en su puesta a disposición del nuevo futuro gobierno (si gana) a aspectos tales como la propuesta de indulto para los asesinos presos en Punta Peuco, o para la cruda oposición que Kast manifestó a la aprobación de leyes como la Reforma de Pensiones (PGU) o a las 40 horas laborales. Más grave aún es la sumisión de Ximena Rincón, que siempre había sido una defensora y promotora de los derechos de la mujer, al entregarse a un posible gobierno liderado por uno de los más acérrimos opositores a la igualdad entre géneros y del respeto por las diversidades.

Tal como lo he comentado en otras ocasiones, en el ciclo político que estamos viviendo, lo que se ha puesto en riesgo –a nivel global- es la idea de la verdad. Eso nos indica el modus operandi de Trump y sus boys. Así como en Chile Kast y sus muchachos hablaron de los parásitos, manipulando cifras y hechos sin constatación seria alguna, Trump está haciendo algo similar en Venezuela. Primero, formula un enunciado sin ningún sustento empírico o prueba incontrarrestable de verdad, señalando que Maduro es el líder de una mafia narcoterrorista. Luego, sin preguntarle a nadie, instala sus buques en el Caribe. Finalmente se dedica a matar en una serie de ejecuciones sumarias a más de 80 personas. ¿Hay alguien que tenga algún antecedente serio que pudiese estar en la base de esta política? ¿Qué pasó con la necesidad de tener un juicio justo y apegado al derecho? Hasta ahora no se conoce.
Es difícil imaginar qué puede pasar por la cabeza de estos dirigentes ex concertacionistas, cuya identidad política se forjó en la lucha contra la dictadura, en la defensa de las libertades y en la gestión de uno de los períodos políticos más fructíferos de esta modernidad chilena. El caso Frei es extremo.

Aunque entiendo que los tribunales no pudieron establecer la responsabilidad de la dictadura en la muerte de su padre, en buena medida eso se debe a que los hechos se ocultaron, durmieron en los juzgados y recién se aceleró la investigación veinte años después de sucedidos los delitos. Entonces, ¿cuál es la afinidad con un personaje que se ha declarado pinochetista, que ha defendido a los violadores de derechos humanos, que se ha declarado contrario a cualquier tipo de beneficio social desde el estado? Frei debiera explicarlo. Rincón debiera explicarlo. Maldonado debiera explicarlo.
El domingo 14 serán las elecciones. Muchos de mis amigos y de mi familia votarán por Jara. Yo también, aunque no le importe a nadie. Dicen que lleva las de perder. ¿Y eso qué importa? Peor es perder cierta dignidad política, enamorarse de los “triunfadores” e instalarse a dormir con el enemigo. En todos estos hechos no hay verdad. Y ofrecerse para gobernar con el pinochetismo, aunque sea la versión menor del verdadero, no restaura la derrota sufrida en la primera vuelta por varios de estos grupos que no alcanzaron los mínimos para seguir existiendo. Por el contrario, la profundiza.
2 comments
Bien Antonio. Pero Frei siempre fue de derecha, un monigote al que lo único que le interesa y le interesaba son las lucas. Fue presidente apoyado por Concertación, únicamente por su apellido. CARIÑOS SIEMPRE.
Gran columna , hermano.
Frei es un traidor a la Patria Joven y cómplice de los
Asesinos de su padre. Podríamos agregar idiota, porque perdió todo, robado por su hermano.
Pernicioso, hubiera dicho nuestra abuela.
Por cierto votaré por la amplia coalición que lidera JARA.