Jorge Teillier: el poeta de Lebu 

por Francisco J. Zañartu. G

LLueve, llueve y mi cigarrillo,
se ha consumido
sin poder fumar.
Schwenke y Nilo

Un seguidor de Julio Verne

El miércoles 22 de abril se cumplieron 30 años de la muerte de Jorge Teillier (1935 – 1996). Poeta de la generación del 50, descendiente de franceses, hijo de comunistas, lector de Julio Verne y de cuentos de hadas. Cuando era niño la poesía no era lo suyo. Él dirá: “La poesía me parecía algo perteneciente a otro mundo, preferiría leer en prosa. Leía como si me hubiesen dado cuerda” Su primer poema lo escribe a los 12 años, sin embargo, no es hasta los 16 que escribe el primero que le gusta y cree que es de otra persona.

Son los años de la Segunda Guerra Mundial.

Su vida estuvo marcada por el interés de relacionar su hábitat natural, la actual Región de La Araucanía, con su mundo poético. “Para que vuelvan a ser bosques y arenas, me despido del papel blanco y la tinta azul, de dónde surgían ríos perezosos, cerdos en las calles, molinos vacíos” (Despedida. Los caminos infinitos). En esos años reconoce que su líder, como toda su generación, es Neruda (otro poeta del Sur) pues para él, la poesía no tiene que ver  con la estética sino que en la creación del mito.

En 1958 viene a Santiago y entra a estudiar Pedagogía en Historia en el Instituto Pedagógico. De su viaje a Santiago recordará que, como buen provinciano, hizo un viaje bautismal de hollín atravesando la noche como vientre materno hasta   asomarse, gélidamente, en la mañana de la Estación Central. Al terminar sus estudios, ejerce como Profesor en el Liceo de Lautaro. 

Bajo el cielo nacido tras la lluvia/ escucho un leve deslizarse de remos en el agua/ mientras pienso que la felicidad/ no es sino un leve deslizarse de remos en el agua.” (Bajo el cielo nacido tras la lluvia)

La poesía lárica.

En 1965 escribe un ensayo que se centra en los poetas que configuran un mundo a partir de la provincia, la infancia y el respeto a las tradiciones. En este momento se inaugura una corriente en la poesía nacional, la poesía lárica o de los lares, es decir, del orígen y la frontera. En Santiago conoce a poetas como Braulio Arenas, Enrique Lihn, Francisco Vejar y Rolando Cárdenas con los que conforman la generación del 50.

Teillier luego se siente influenciado por el creacionismo de Huidobro y por otros autores como Jorge Manríquez, Rilke, Hölderlin y Walt Witman. Él, a pesar de ser un hombre de izquierda, en su poesía no abarca temas políticos, de hecho, su generación se caracteriza por romper con el realismo social. Respecto de este tema dirá; “La poesía no puede estar subordinada a ninguna ideología aún cuando el poeta como hombre y ciudadano (no digo ciudadano elector) tiene derecho a elegir la lucha a la torre de marfil, madera o cemento

Al cabo de unos años, Teillier logra hacerse un nombre en la capital como poeta, sus textos reciben una buena crítica, especialmente de Alone, sin embargo, no se despega de su condición de poeta lárico. Con ocasión de su muerte, el cuentista y crítico Hernán Ortega Parada (1932 – 2022) escribe; «…fue un producto indefenso en medio del cambio profundo que experimentó la tribu. Y no pudo -o no quiso – sobreponerse. ¿Para qué? El lar de su infancia, destruído, sus padres en el exilio, sus hijos en Perú; la universidad, desmembrada, torturada en el potro para restarle su capacidad de pensar…

¿De tedio o de vino?

Después del golpe de estado, Teillier sigue fiel a su patrón estético y no escribe temas referidos a este suceso que quiebra la historia de Chile, sin embargo, hay signos y señales que dan cuenta de este quiebre. Con el pasar de los años dice que la noche es su mejor amiga y que es mejor morir de vino que de tedio. En 1985 escribe su poema “Sin señal de vida” donde dice: “Quién nos devolverá a los amigos muertos/ese mes de los zorros y días de sol frío/Quién nos devolverá/esa calle que hoy los ancianos miran airados”.

En esos años declara que su poesía es una lucha contra su enemigo: el tiempo y un intento de integrarse a la muerte, “a cuyo reino pertenezco desde muy niño, cuando sentía sus pasos subiendo la escalera a la torre de mi casa donde me encerraba a leer.”

Durante su vida recibió importantes premios, sin embargo, a pesar de que su calidad era indiscutible, no le dieron el Premio Nacional. Otro más de los grandes olvidados por esta larga y angosta faja de tierra.  En sus últimos años se traslada a vivir a Cabildo, donde declara que no escribe poesía, sólo copia los poemas que le dicta su gato

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